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Opinión / osasuNAvarra

Osasuna no juega a ganar

Por José Mª Esparza 16 mayo, 2016 - 0:03

Un disparo desde fuera del área de Olavide fue todo el bagaje ofensivo de Osasuna en San Mamés, donde los ‘cachorros’ le dieron un baño de fútbol.

Imperdonable. La palabra que mejor resume la visita de Osasuna a Bilbao es ‘imperdonable’. Los planteamientos de Martín sonrojan. En el último partido en casa jugó a no perder con un equipo en puesto de descenso, y en San Mamés repitió planteamiento ante el colista.

Así se ha escapado el  prácticamente el tren del ascenso directo, si bien se mantiene a duras penas el de la lotería de la promoción. No resultará malo el logro de terminar ahí la temporada, si es que se consigue, pero produce rabia e impotencia sufrir planteamientos tan mezquinos una jornada tras otra, jugando a ser un equipo tan pequeño, cuando la situación podría resultar tan diferente con una mínima ambición.

Además, semejante partido significa un insulto a los cuatro mil aficionados que viajaron a Bilbao. Lo hicieron ilusionados con su equipo, con el ánimo de volver con los tres puntos, o al menos con la satisfacción del deber cumplido. Pero ni eso.

El viaje de regreso puede calificarse de frustrante. El partido de San Mamés fue de Segunda B, donde volverán los bilbaínos la temporada próxima. La marea rojilla no vio fútbol, que con los tres puntos en el bolsillo eso sería lo de menos, ni tampoco pudo disfrutar con su equipo, siempre a merced de los bisoños ‘cachorros’, que además dictaron una lección de intensidad, de presión, de ganas, de objetivos claros, y también de posicionamiento.

Lo sucedido en la primera mitad no tiene nombre. ¿Cuántas veces hemos visto lo mismo en esta temporada? ¿Quién era el colista y quien aspiraba al ascenso? Medio partido tirado a la ría. Los bilbaínos dieron un repaso al equipo de Martín, que solamente llegó media vez en un balón que regaló el guardameta al sacar de puerta.

Además, pese a jugar los rojillos con dos líneas de cinco y cuatro jugadores defensivos, los rojiblancos llegaron como quisieron, sea pillando la espalda o abriendo espacios en banda. Un repaso que solo Nauzet, el héroe del encuentro, salvó de sonrojo. ¿A qué jugó Osasuna? Martín no dará así de clara la respuesta: a nada. Ni una jugada en el medio campo con tres pases seguidos. Lo mejor, sin duda, fue irse al descanso sin encajar un gol, pero gracias a la bisoñez del rival.

No se puede ganar atacando solamente los últimos diez minutos de un partido, con un solo tiro, el de Olavide desde fuera del área. Si los ochenta anteriores son como jugar con fuego, sobre todo si el contrario sabe mover mejor el balón, esos diez finales tampoco dejan de tentar a la suerte. El ‘alcorconazo’ solo puede suceder una vez y jugando en Alcorcón.

La propuesta futbolística de Martín en San Mamés, con tantísimo en juego sobre el césped y tantos miles de corazones en la grada, no pudo resultar más cicatera. Parecía que con la incursión de Otegui para acompañar a Merino iba a proponer algo más ofensivo, o al menos imaginativo, pero por ahí vinieron parte de los desajustes defensivos del primer periodo, dado que al joven mendaviés le cuesta adaptarse a planteamientos tan ramplones. La otra novedad, la de Pucko junto a Urko Vera, merece un punto y aparte.

Efectivamente, Pucko volvió a la posición táctica donde empezó la campaña, a la punta. Pero acabó sustituido preguntándose una vez más ¿quién soy, de dónde vengo y a dónde voy? Su crisis de identidad es de campeonato.

En San Mamés no le agarraron de la camiseta, pero a costa de sufrir continuos reproches desde el banquillo, que no se sabe qué es peor. A estas alturas de temporada todavía no tiene claro a qué jugar, por encima de donde le digan antes de salir al campo dónde debe situarse. Con Urko Vera tampoco sucede algo muy diferente. Vino como hombre de área, pero juega en todo los sitios menos en ella. Defiende, peina balones a nadie, coge el balón de espaldas, pero sin el beneplácito para esperar balones donde realmente puede hacer daño.

En fin, un despropósito. El partido de San Mamés no hay por dónde cogerlo. Así, sin paliativos.


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