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El Osasuna más reconocible no pudo con el irreconocible

Por José Mª Esparza 20 noviembre, 2020 - 23:42

Al Huesca le funcionó su planteamiento, mientras que los de Arrasate, que no dieron una en la primera mitad, espabilaron después pero les comió el tiempo.

Partido entre Osasuna y Huesca correspondiente a la jornada número 10 jugado en el estadio de El Sadar de Pamplona. MIGUEL OSÉS
Partido entre Osasuna y Huesca correspondiente a la jornada número 10 jugado en el estadio de El Sadar de Pamplona. MIGUEL OSÉS

Empate inesperado. Quizás ésa sea la causa, la sorpresa, no valorar al rival. El Huesca salió más enchufado, imponiendo ideas, posiciones y ritmo, mientras que los rojillos se encontraron superados, a merced, y ni supieron zafarse ni, mucho menos, imponer su personalidad en una primera mitad nefasta, sin una sola oportunidad. Ir a peor resultaba francamente difícil, por lo que se imponían decisiones en el descanso, y éstas vinieron sobre todo por replantear el centro del campo.

Salió Moncayola, que dio empaque y empuje al juego, y el equipo fue otro. Entonces funcionó Osasuna, con verticalidad y personalidad reconocible, la suya. Lo malo es que los minutos pasaban, se atropellaban, y el segundo no llegó.

Seguramente, con público en El Sadar, este partido habría terminado en goleada, pero en éstas nos movemos y con la pandemia hay que saber lidiar. Normalmente un partido hay que jugar para ganarlo durante noventa minutos, no en la mitad y menos teniéndolo perdido.  

Desde el primer minuto, desde que el Huesca sacó de centro del campo con el pitido inicial, quedaron claras las diferencias. En su primer toque los oscenses retrasaron el balón hasta cerca de su área, atrajeron las filas rivales, lanzaron el balón para pillar la espalda, y tuvieron la suerte de alcanzar el rebote del gol que les puso en ventaja.

Desde ese pitido inicial, los pupilos de Jagoba Arrasate quedaron a verlas venir, sumidos en un desconcierto que ahondaron a partir de verse en desventaja. Ni un solo minuto se sintieron cómodos en el campo durante toda la primera mitad. Siempre estuvieron a merced del cuadro oscense que gozó de otras dos oportunidades claras, por ninguna del conjunto navarro.

¿Qué pasó en ése fatídico primer tiempo? Muy fácil. Por una parte, el Huesca trajo las ideas muy claras y, ayudado por el gol tempranero, las pudo ejecutar con toda la tranquilidad del mundo, bien posicionado en el campo. Por su parte, Osasuna estuvo absolutamente partido en dos, con un centro del campo irreconocible, que sencillamente no existió durante toda esa primera mitad.

Además, la banda izquierda resultó un coladero. Hay un problema con Juan Cruz en esa demarcación. Espeso, sin cintura, no entra en el estilo del equipo. Nada extrañó que Arrasate lo dejara en el vestuario y devolviera a Iñigo Pérez, muy perdido hasta entonces en la parcela central, a su posición de los últimos partidos.

Tampoco sorprendió que Torres se quedara en la caseta. No alcanza su nivel y no pudo con la responsabilidad encomendada. Osasuna le necesita, pero en su mejor versión, de la que se encuentra lejos. Siempre he pensado que, con el de Arre sobre el césped, el mejor termómetro del juego de Osasuna se llama Roberto Torres

A cambio, salió Moncayola y el equipo fue otro. Dio empaque, seriedad, consistencia, presencia. Los rojillos se hicieron con el balón, y comenzaron a funcionar el motor Rubén García y el inquieto Jony. Los oscenses fueron encajonados. Nadie dudaba que llegaría el empate. Lo malo es que Michel, el técnico oscense, recompuso su medular para ganar presencia y Osasuna se quedó sin tiempo. Sin los 45 minuto que había dilapidado.

Tremenda enseñanza la que dejó el Huesca en El Sadar. Los dos puntos que se dejó escapar Osasuna ante el Huesca valen mucho más que los tres pueda descontar la próxima semana ante el Barça en el Camp Nou. Se trata de un rival directo, que para nada sale con el encuentro perdido por resultar a priori teóricamente inferior. Se juega la vida Son los partidos que más se deben pelear desde los primeros minutos, donde encontraron los oscenses su mejor premio.


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