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Opinión / osasuNAvarra

Osasuna logra lo máximo con lo mínimo

Por José Mª Esparza 30 abril, 2016 - 23:20

Llegados a este punto, poco importa que la segunda victoria consecutiva venga gracias al autogol más absurdo de la temporada, o que los rojillos solo tiraran dos veces a puerta. Lo importante son los tres puntos.

Si el partido ya respondía a lo esperado con el marcador inicial, tras el regalo del autogol del Djené no quedaba espacio a la duda de lo que ocurriría después. Si ante el Valladolid en El Sadar la consigna de la segunda mitad consistió en hacer bueno el gol de la primera, nada más lógico repetir la historia en Santo Domingo, donde el planteamiento inicial daba el empate por bueno. Queda la duda de saber si con otro resultado hubiera dado el equipo un paso decisivo adelante en busca de la victoria. Nunca lo sabremos. Ni ahora resulta relevante. Además, un gol en Alcorcón vale su peso en oro. Los madrileños imponen respeto en casa. Eran los menos goleados con ocho. No en vano Osasuna es el séptimo equipo que consigue marcar en los 18 encuentros disputados allí.

En esta ocasión no era malo el empate, por lo que la defensa del gol concedía un colchón suficiente para proponer la defensa numantina. No se trataba de jugar con fuego como ante los pucelanos, y tal y como iba el encuentro los riesgos parecían controlados, gracias a la trabajada disciplina que las líneas de centro del campo y defensa mostraron con su unión. La propuesta rojilla fue siempre defensiva. En ningún momento hubo una declaración ofensiva. El conjunto de Manuel López Muñiz encontró algún resquicio por banda con la defensa inicial de cuatro, que es cuando llevó peligro a Nauzet, pero tuvo todas las puertas cerradas cuando Martín estabilizó la línea de cinco. En Alcorcón comentaban que el equipo navarro es el peor que ha pasado por allí, pero no apreciaron que Osasuna fue a jugar a eso, y le salió bien.

Guardando las debidas distancias, podría decirse que el equipo de Martín Monreal supo defender al estilo del Cholo Simeone. Eso sí, con la única preocupación de destruir el juego rival, sin otra alternativa. De hecho, solo tiró dos veces a puerta en los noventa minutos: un remate de cabeza de Roberto Torres en la primera mitad y un libre directo muy bien lanzado por De las Cuevas en los cinco minutos finales. Más de una hora sin tirar a puerta. Sin duda, Osasuna regresa de Alcorcón con el botín máximo casi sin haberlo buscado. Sin siquiera mantener el balón en los pies más de dos pases seguidos. Solo con las salidas de De las Cuevas y el ‘Flaco’ Olavide trató de entretenerlo algo más, pero poco. Pocas veces se habrá visto semejante más por menos. Pero a estas alturas de temporada, lo importante es sumar tres, aunque sea por el camino más tortuoso que acostumbra el técnico navarro.

Poco más que contar de un partido que evidentemente no creará afición al fútbol. Todo aquel que enchufara el televisor sin llevar la camiseta roja puesta, no aguantó más de cinco minutos delante. Se trata de la Segunda División más profunda, la que pide vivir cada minuto a la luz de tus colores. Especialmente infumable resultó la segunda mitad, pero el osasunismo la vivió con el corazón en un puño, temblando en cada una de sus acciones, como si el ascenso dependiera de cada una. Así es su sino.  Imposible pedir otra cosa. Siempre se ha dicho que para ganar hay que proponer, que a la larga solo encuentra la victoria quien se va decididamente a por ella. A Osasuna ni le hace falta, algo que ya no merece debatir en este final de temporada. Quedan seis partidos, el domingo ante la Ponferradina comienza la última cuenta atrás, la fase en la que el técnico de Campanas se mueve como pez en el agua. Hasta ahora le había tocado defenderse en ella. Veremos con qué nos sorprende.


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Osasuna logra lo máximo con lo mínimo