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Osasuna está con lo justo, se juega la vida y… Caparrós da tumbos

Por José Mª Esparza 03 enero, 2017 - 22:58

Difícil saber a qué jugó el equipo de Caparrós. No pudo saldar peor la ida del torneo del K.O.  Encajó tres goles en casa, y gracias, mientras apenas tiró tres veces con intención. Difícil encontrar una primera parte peor, y cuidado que hay unas cuantas pésimas.

Tras un partido como el 0-3 que dejó el Eibar cuesta encontrar detalles positivos. Quizás solo se salvaran las notas finales del himno de Osasuna, y eso que enfriaron una pitada del respetable, que no la contuvo al término de la primera parte. Ciertamente resulta difícil encontrar una peor, y cuidado que las ha habido francamente malas.

Después, el cómputo global del encuentro no palió las sensaciones que dejó el primer tiempo. Un 0-3 en partido de ida copera no puede sino sonrojar.

Si a semejante humillación se suma el hecho de que la dejó un Eibar de circunstancias y que el bagaje global de los rojillos apenas se reduce a  tres disparos (uno equivocado de Oriol que debió pasar al compañero desmarcado, otro de Sergio León al mono, y un tercero del juvenil Lorea tras alegre galopada),  el desaliento y desconsuelo no pueden ser mayores.

Difícil entender cómo planteó el partido Joaquín Caparrós. Comenzando por la parte de atrás, podría decirse que salió con defensa de cuatro, o quizás de cinco si es que nos negamos a aceptar que Oier puede jugar y triunfar como extremo derecho.

Pero bueno, aceptamos la defensa de cuatro y nos centramos a continuación con un centro del campo con Oier por banda derecha, Roberto Torres por la izquierda, y un doble pivote con Fausto Tienza e Imanol García.

Y esto sí que merece un comentario más pausado. Al Éibar le bastó con mantener posiciones en la parcela ancha para hacerse dueño y señor del juego. Los rojillos no tenían allí un agujero sino un verdadero socavón.

Vaya por delante que Fausto Tienza puede considerarse lo más salvable de la noche, simplemente por su brega, coraje, ganas,  lucha incesante. Pero claro,  ¿quién creó? ¿qué hizo Torres?, ¿e Imanol García? Ambos fueron sustituidos en el descanso.

El primero sigue sin encontrar su punto, y el segundo cortó de cuajo su progresión. Para arreglar el desaguisado, Oier tuvo que bascular hacia el eje central en ese fatídico primer tiempo, y Caparrós trató de equilibrar en la reanudación con Causic y Berenguer, que mejoraron la imagen, pero no suficiente. De hecho salieron para evitar el ridículo más que para recomponer lo imposible.

El equipo de Caparrós crea peligro a cuentagotas y siempre en acciones individuales, nunca con juego de conjunto. Si añadimos que siempre se ve obligado a correr tras el balón, que no acierta a encadenar tres pases, que entrega más balones al contrario que al compañero, que no se ofrecen unos a otros… no cuesta entender su extrema debilidad. En este contexto, el estreno de Lorea no puede pasar de mera anécdota. Por mucha ilusión que despierte, no debe despistar.

Este equipo se muere. No cree en sí, se ve derrotado, no muerde. El juego de ataque es otra de las teclas que siguen sin sonar. El técnico repitió con Sergio León y Oriol Riera, y volvió a fracasar en el intento.

Se chocan, se solapan, y se diluyen. Mientras el primero carece  de libertad, el segundo acaba dedicado a cortar la salida de balón del rival. Además, Oriol Riera denota un estado de forma bajísimo, naufraga reiteradamente con los pies  y no hay quien le ponga un balón de cabeza al área.

Los números denotan que al Osasuna de Joaquín Caparrós le cuesta hacer gol más que un escarabajo cavar la foz de Arbayún. Aquí surge la comparación inevitable, y desgraciadamente demoledora.

Con Enrique Martín resultaba difícil comprender a qué jugaba el equipo, pero más bien mal que bien, anotaba goles de vez en cuando. Con Joaquín Caparrós parecía que sabíamos a que buscaba jugar, si bien no lo conseguía.

Ahora bien, con el paso de las jornadas, los cambios de sistemas y de jugadores se han sucedido con tal celeridad que hemos vuelto a los peores momentos del técnico de Campanas. Se repiten los mismos vaivenes, vueltas a la cabeza por puro desconcierto, a la falta de ideas claras.

Es la sensación que deja el Éibar, por más que se argumente que la suerte pudo cambiar en las tres ocasiones citadas o que la goleada vino de nuevo en detalles aislados, caso de los fallos del guardameta. Sin embargo, quien no quiera ver problemas de fondo, y bien profundos, en el funcionamiento de este equipo es que se pone una venda en los ojos o hunde su cabeza bajo tierra como el avestruz.

A los problemas objetivos que Joaquín Caparrós no ha resuelto como entrenador se unen los estructurales del club. El técnico ha vuelto reivindicativo de vacaciones, y hace bien. Su mensaje no pudo ser más claro. Dijo que este equipo anda muy justo, que se juega la vida, y se extrañó que todavía no haya fichajes. Bingo. Es tremendo que se juegue la vida con menos de lo puesto y que la dirección deportiva todavía no mueva ficha.

Sus escasos movimientos se cuentan por fracasos,  mientras deja seguir soñando con el regreso imposible de Mikel Merino cuando sabe que no ocurrirá. Le apuesto cien pavos a Vasiljevic. Ni llegan  entradas ni materializa salidas. Los problemas siguen enquistados, gangrenados.

El lunes juega Osasuna el partido más importante de lo que va de temporada. La visita del Valencia hay que saldarla con victoria sí o sí. Ante el Eibar pudo un hacerse un ensayo, intentar recrecer el equipo, en fin, algo. No hubo nada, se tiró la Copa y punto.

Volvieron las dudas y el pesimismo a los aficionados, y la falta de confianza en el proyecto a los jugadores. Una pena. Así camina Osasuna hacia su autodestrucción, jugándose la vida con lo poco que tiene, el entrenador dando tumbos hacia atrás, y el director deportivo sin aportar soluciones.


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