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Osasuna juega como nunca y pierde como casi siempre

Por José Mª Esparza 22 enero, 2017 - 16:36

Por dos veces se adelantó en el marcador Osasuna, parecía que tenía al Sevilla contra las cuerdas, pero cuando hubo que resolver aparecieron los hispalenses para sentenciar.

Partido de Liga entre Osasuna y Sevilla (3-4) disputado en El Sadar (26). IÑIGO ALZUGARAY
Partido de Liga entre Osasuna y Sevilla (3-4) disputado en El Sadar (26). IÑIGO ALZUGARAY

Esto es lo que nos queda hasta final de temporada, el vivir partido a partido con la intensidad que cada uno pueda, sin otro horizonte que el resultado. Pensar ahora en la permanencia, lo que debería haber sido el objetivo básico e irrenunciable del club desde el mismo momento del ascenso, suena a quimera, por no decir a despropósito, si no a mensaje políticamente incorrecto.

Cierto que puede parecer duro comenzar así el comentario tras un partido luchado y disputado ante uno de los tres equipos más en forma de la Liga, el Sevilla, pero es que tampoco hay que engañarse. En estos momentos a Osasuna, que se hunde más y más en el pozo, ya no le vale una palmada en el pecho por el esfuerzo realizado. Termina la primera vuelta sin llegar a diez puntos.

Cierto que ante el Sevilla gustó el equipo, bien plantado, ordenado, dejando el último aliento en cada balón, disciplinado, luchador, con las líneas juntas, solidario, adelantándose dos veces en el marcador, tuteando a los hispalenses, en fin, jugando como nunca, pero… perdiendo como casi siempre. Lo del ‘casi’ por los muchos méritos que acumularon los rojillos, algo que diferencia la derrota, la primera de la era Vasiljevic, de las muchas sumadas a lo largo de la temporada.

Lo malo es que tampoco sorprende la duodécima derrota. Cualquier aficionado la esperaba, lo confirmaron las apuestas. El osasunismo, desgraciadamente, ha aprendido a convivir con la derrota. No la quiere, pero se ha acostumbrado a vivirla en el campo o por la tele, sin que por otra parte nadie le lance desde el club otro tipo de mensajes más positivos.

Un vistazo rápido a las declaraciones emanadas desde el club, sean jugadores, técnicos o dirigentes, durante las últimas semanas, o los últimos meses, o desde principios de temporada o, mejor, desde el fin de la pasada campaña, nadie habla de lograr la permanencia. Todos resultan mensajes equívocos como que aquí no pasa nada si se baja, que la permanencia es muy importante para el club, o perogrulladas como que el equipo está herido en su amor propio o que ya toca ganar. En fin, nadie se muestra capaz de apostar ni medio euro por la salvación de este equipo. Ni sus máximos valedores. Aquí, de puertas adentro, sigue el sálvese quien pueda, y de puertas afuera, a lo dicho, a verlas venir.

Más centrados en el envite ante los hispalenses, en primer lugar agradecer el comportamiento de los jugadores. Si en los otros 18 partidos disputados se hubiera comportado así, seguro que la tabla clasificatoria diría otra cosa. Además, efectivamente, Vasiljevic-Alfredo han dado con un sistema que funciona, en el sentido que al equipo se le aprecia con diferentes prestaciones, con detalles mejorados como el de Fausto Tienza rehabilitado, o al tándem Oriol Riera-Sergio León sin robarse los espacios, pero es que a pesar de todo lo bueno y lo mejorado no hay manera de ganar un partido. Cuando el Sevilla apretó el acelerador, sentenció con un 2-4 a falta del descuento. Quizás le pudo ayudar el pésimo arbitraje del catalán Estrada Fernández, que rompió el partido con sus decisiones, lo cual ayudó al conjunto más poderoso, el visitante.

Pero no puede obviarse que en la portería abunda la irregularidad, en el sistema defensivo siguen algunas lagunas, así como esporádicos agujeros en el centro del campo, pese a la mejora sustanciada. Osasuna ha mejorado, pero no lo suficiente. Sigue sin ganar. Lograr una victoria, la de Ipurúa, en toda la primera vuelta resulta una imagen que vale más que las mil palabras que cualquiera pueda hablar o escribir.

Lo increíble es que las opciones de salvación siguen ahí, pero para ello habría que realizar una segunda temporada de enmarcar, en la que hoy no confía el máximo valedor de la plantilla, su entrenador Pedja Vasiljevic. En caso contrario, sus mensajes resultarían muy diferentes en los despachos, donde siguen sin producirse altas. De momento solo se ha producido un movimiento, la salida de Javi Álamo, el último capricho de Martín. A cambio sigue en su particular empeño con Riviere, manifiestamente silbado por El Sadar en su salida ante el conjunto de Sampaoli. Uno ya no sabe en qué pensar, en si ‘Vasi’ busca rehabilitarlo, algo que se antoja imposible, o si quiere ponerlo en el mercado de invierno, para lo que mejor sería esconderlo.

La próxima cita llega pronto, el próximo viernes ante el Málaga, la primera cita de la segunda vuelta. A ver si no ha pasado la ola polar.


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