Opinión / osasuNAvarra

Osasuna, sin fe en sí mismo

Por José Mª Esparza 26 febrero, 2017 - 14:25

Nuevo fiasco, otra derrota más, en este caso acompañada del desconcierto de Petar Vasiljevic en el planteamiento del partido y de la pérdida de confianza de los jugadores en sus posibilidades y en la eficacia del proyecto. 

Encuentro en Barcelona entre el Espanyol y Osasuna. LFP
Encuentro en Barcelona entre el Espanyol y Osasuna. LFP

Solo un atisbo de vida se apreció en Osasuna a lo largo de los noventa minutos de partido ante el Espanyol. Salió decidido a por el partido, pero pronto se diluyó en la nada. Al cuarto de hora los ‘pericos’ ya eran dueños del juego, sabían mejor qué querían, mostraban medios más eficaces para conseguirlo y concretaban su superioridad en un gol. Da igual que el tanto l llegara precedido de equivocadas decisiones en defensa o que Caicedo ganara en el salto a dos defensores. Los detalles no matan a Osasuna, sino sus carencias estructurales, comenzando por las de su banquillo.

Muchas aristas, demasiadas, ofrece la derrota número 16 del campeonato. El enésimo cambio de sistema y las novedades de la alineación llamaron la atención de inicio. En el sentido positivo podría argumentarse que Vasiljevic sigue buscando lo más eficaz para el equipo, sea en la forma de colocar a los hombres más adecuados para lograr el éxito. Sin embargo, con lo que lleva lloviendo en esta temporada, se imponen otras dos consideraciones bastante más crudas. Esto lleva camino de ser muy duro. Posiblemente, el propio técnico también haya dejado ya de confiar en su proyecto.

Para cualquier entrenador tanto cambio significa perder el norte, no saber por dónde le da el aire, pero en el caso del ‘Vasi’ esto resulta mucho más grave, ya que añade su condición de director deportivo, es decir, de constructor de esta plantilla. Podría entenderse que tal baile de nombres en el once titular significa confianza en todo el plantel, y por tanto garantía de éxito en las rotaciones, pero nada más lejano de la realidad. Vasiljevic ha caído de lleno en todos los males de sus antecesores, siendo el más significativo  la falta de confianza en sus futbolistas

El técnico rojillo dio una vuelta total a la pizarra en las tres líneas, comenzando por  la defensa con la ausencia de Berenguer, siguiendo por el centro del campo con el estreno de Loé como titular, y cambiando de plano los hombres en punta. Vuelco total para repetir los mismos males endémicos que arrastra este equipo desde el comienzo de campaña, y que se agravan más y más con el paso de las jornadas y la ausencia de resultados. Este equipo ya no tiene a dónde agarrarse. Solo le queda el aliento de su afición, pero lo perderá tarde o temprano si no cambia la dinámica.

Sobre el césped, en Cornellá el equipo rojillo siguió aduciendo una patológica endeblez defensiva; incapacidad para articular tres pases seguidos, sobre todo en el campo rival; falta de presión al contrario; desconexión entre líneas, excepto cuando las tres juegan a lo mismo y se olvidan de las restantes facetas del juego; y finalmente imposibilidad manifiesta de crear peligro. Demasiadas limitaciones para competir con mediana dignidad, y más si añadimos a las estructurales las individuales de cada jugador, falta de calidad que se denunció esta semana en la sala de prensa de Tajonar.

Esta vez se apreció especialmente en las dificultades lógicas de Raoul Loé, que posiblemente batiera el récord de faltas de un jugador en un partido, y sobre todo en la falta de efectividad en la punta. Vasiljevic debería explicar por qué alinea al tándem Riviere-Kodro, y se queda como referencia en el ataque al inoperante francés, que ni corre, ni sabe a dónde, tras la expulsión de Oier en lugar de apostar, por ejemplo, por Sergio León, acostumbrado a tratar de jugar sus bazas como ‘Llanero Solitario’.

Así es imposible que el futbolista crea en las posibilidades del equipo. La consigna  no puede ser otra que el ‘sálvese quien pueda’. Una pena. Los jugadores corren sin éxito detrás del balón, pierden el control, y también la ilusión. Llegar a final de partido se convierte en un espinoso camino. El pitido final suena a liberación. Lo mismo ocurrirá con la Liga, el paso de las jornadas resultará una carrera de obstáculos, un peldaño más de una cuesta arriba eterna. Hasta el entrenador parece haber perdido las  ganas. En Cornellá se le vio más activo en el banquillo a Oriol Riera que a Petar Vasiljevic a la hora de dar indicaciones a sus compañeros.

Esto va a ser duro.


  • Los comentarios que falten el respeto y que no se ciñan al tema de la noticia, podrán ser eliminados.
  • Cada usuario será el único responsable de sus comentarios.
Osasuna, sin fe en sí mismo