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Opinión / osasuNAvarra

Osasuna espera…  y desespera

Por José Mª Esparza 08 noviembre, 2015 - 17:11

Se trata, de jugar a fútbol. Martín debe entender que para sumar puntos a lo largo de una temporada hay que jugar a fútbol. Defender es solo una de las facetas. Hace falta también atacar, algo que no hizo en Elche hasta los cinco últimos minutos del partido.

Por accidente, Osasuna encontró un gol en el primer minuto, pero ¿para qué? Buscó una jugada de ataque tras centrar de campo, pero ni el más iluso podía esperar ese córner y posterior gol en ese disparo de Pucko al banderín contrario.

En fin, que los pupilos de Martín comienzan con ventaja pero no vuelven a ir a por el portal contrario hasta los cinco últimos minutos de partido. Por supuesto que el balompié consiste en saber defender, e incluso en el acierto para rentabilizar los recursos propios por escasos que sean, pero hace falta algo más para ir de farruco en este tinglado tan complejo llamado fútbol. Que Osasuna no encare el portal ilicitano hasta los cinco últimos minutos de partido es de jugado de guardia, sobre todo porque no lo hizo en toda la primera parte, cuando tuvo la ventaja en el marcador.

Martín no escarmienta. O no confía en los suyos, algo que cuesta entender habiendo sido líderes, o no lee bien los partidos. Espera al rival y desespera él. Entra en la lógica aquello de plantear la primera parte a verlas venir, es decir, a esperar al contrario. Pero siempre con un plan alternativo, tanto si encajas un gol como si lo marcas. En Elche se repitió la historia de partidos como los de Vitoria o ante el Girona.

Si  te marcan un gol debes reaccionar, o si te lo regalan de salida  como en el Martínez Valero, también. Ni lo uno ni lo otro. Los rojillos siguieron ajustándose al guión preestablecido tanto después de marcar como de encajar. Tuvo que volver a quejarse el capitán Miguel Flaño, con palabras suaves, pero denunciando que en el primera parte pudieron hacer algo más. Son muchas primeras mitades tiradas a la basura por falta de cintura del míster.

Lo más preocupante no es jugar de espaldas a una ley tan cruda como la de que el gol llega de la forma más imprevista, sea de un rebote como el encajado por el Elche, de un penalti tan dudoso como el señalado a Osasuna, o un contragolpe tan de libro como el del empate ilicitano cuando los rojillos solo se dedican a defender, aunque fuera con las líneas adelantadas   como sucedió en esa ocasión. Lo más preocupante es que Osasuna no sabe crear juego.

No encadena cuatro centros seguidos, se ha olvidado de cómo subir con el balón jugado. Casi toda la culpa la tiene su carencia de centro del campo. Su pivote actúa más de cuarto central que de enlace con el juego de creación, donde Roberto Torres se encuentra muy perdido y Olavide todavía más. Otra cosa es adelante, donde Nino se lo debe replantear, y Martín con él.

Cuando Osasuna se quedó con nueve por la roja a Javier Flaño, el técnico navarro optó por quitar a Nino para hacer debutar a Martins en el lateral izquierdo. Lógico para todo el mundo menos, al parecer, para Nino, que se fue con cara destemplada. ¡Ya está bien! ¿Qué aporta el almeriense en cada partido aparte de su obligado trabajo? Ni corre como antaño, ni conserva la facilidad de gol que tuvo, ni impone a las defensas, ni se muestra solidario con los compañeros. Se queja y queja cuando no le llegan balones, y peca de egoísmo con los suyos como en la acción que privó de la victoria en Tenerife. Nino es un jugador de Segunda como pocos, su palmarés lo constata, pero igual debe ceder ya una parte importante de ese protagonismo que el míster le concede sistemáticamente. En Elche volvió a pasar sin pena ni gloria, y su sustitución resultó obligada tanto tácticamente como en sí misma. Que se entere.

Como también debe enterarse el técnico. La del nuevo Altabix es el tercer resultado adverso tras el empate de Tenerife y el repaso del Girona. Tercer aviso para navegantes, pese a que Osasuna trabaja y trabaja, combate cada partido de principio a fin, y no ha bajado el pistón en cuanto a entrega y ganas.  Pero ya no suma de tres en tres ni de uno en uno. Los rivales le superan en la presión, se anteponen por velocidad, le ganan en posicionamiento, y siempre le juegan con las ideas más claras. Quizás haya llegado el momento en que el técnico local deba combatir menos las críticas ajenas y hacer algo más de autocrítica propia. 


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