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Osasuna entra en la descomposición

Por José Mª Esparza 16 septiembre, 2018 - 10:19

En la primera parte hubo signos positivos, incluso con dominio del juego, pero después ocurrió lo impensable. Primero desapareció el equipo y luego, se descompuso. Tremendo.

Encuentro entre Osasuna y el Nàstic. LALIGA123
Encuentro entre Osasuna y el Nàstic. LALIGA123

Duele escribirlo, y mucho. Hay que transmitir, sea vida o muerte. Este Osasuna lleva camino de luchar por evitar el descenso a Segunda B, o por mantenerse sin ambiciones en el medio de la tabla, que es más o menos lo mismo, o peor. Mejor luchar por algo, aunque sea por sobrevivir, que la muerte por inanición. Hay que tener una ilusión, y Osasuna la pierde poco a poco. Es lo peor que ocurrió en Tarragona, que el Nàstic corría, mordía, luchaba, mientras los blanquillos, que así vestían los pupilos de Jagoba Arrasate, desaparecían del partido. Como aquella hora fatal de la eliminación copera, como si no les fuera nada.

Así llegaron los dos goles del Reus en Copa, así llegó el gol de la antigua Gimnástica en Liga: tras una sucesión de fallos en cadena, con balón y adversarios pasando por delante de los hombres de Arrasate como si nada. Lo peor es que tampoco cogió por sorpresa. Ya el portero o varios defensas habían protagonizado para entonces cagadas épicas. Sobran nervios, inseguridad, miedo, desaliento, agotamiento, falta de forma física, de ilusión, exceso de responsabilidad, en fin, estamos en el quinto partido y parece que ya pesan las botas. Y la próxima jornada llega a Pamplona el Sporting.

Cuesta escribirlo, y mucho. En estos momentos destacan apenas cuatro jugadores de la plantilla rojilla: Unai García, Iñigo Pérez, Rubén García y… Brandon, que es pura lucha, incordio al rival... y poco más. Podría añadirse Juan Villar, pero no jugó en Tarragona. A partir de ahí, sea por baja forma, o por limitaciones personales, o tácticas, el equipo no da la talla. Parece muy justico. Las lagunas se muestran con demasiada evidencia, los rivales encuentran pronto por dónde entrar, amplifican las dudas, siembran el desconcierto, hacen sangre de las debilidades porque Osasuna no defiende, y deja de proponer.

Tanto Unai García como Íñigo Pérez no se bastan por sí solos para dar consistencia a sus líneas. No son superhombres. El primero no puede cubrir todos los huecos que dejan sus compañeros de zaga, y al segundo le resulta imposible mover el engranaje él solo. Además, los entrenadores rivales conocen las grietas y se meten por ellas: la espalda de las bandas, los vacíos en el eje de la defensa, la falta de poderío ofensivo del centro del campo, y la consecuente desconexión con el ataque. Hay lo que hay, Seguimos pretemporada para permitirnos imaginar un margen de mejora necesario, o tan limitados que nos refugiamos en la única posibilidad de ir a más.

Tampoco se trata de que ahora nos arrastre el apocalipsis. Han llegado tres derrotas sonrojantes a domicilio, merecidas, de acuerdo, pero de la última en Tarragona hay que extraer cosas positivas, como el dominio de la primera parte, la verticalidad o el ritmo en ese mismo periodo, o la lógica sensación de superioridad sobre el rival, entonces colista de la categoría. También podríamos ir a las prestaciones individuales de cada jugador para concluir el margen de mejora de cada uno de ellos, máxime en algunos casos si el entrenador llega a percatarse de lo que en realidad son.

Es decir, el equipo puede ir a más. Debe. Si no, rompemos la baraja y nos vamos a casa. Es preciso confiar ciegamente en las cuotas de mejora para no tirar la toalla sin sumar la media docena de partidos. Estamos en un punto donde, como asegura el entrenador Jagoba Arrasate, ni somos solventes ni hacemos gol. Tremendo. Ni defendemos ni atacamos, nos la cuelan atrás como si nada y no somos capaces de marcar adelante al arcoíris. Pero hay algo en lo que apoyarse, caso de la mejora demostrada en la primer parte. A partir de ahí, el trabajo de Tajonar y, sobre todo, si de una vez por todas lo elaboran, el discurso del club.

Resulta poco comprensible, por decirlo de alguna forma, que el equipo con menor presupuesto te eche de la Copa en tu casa, o que proponiendo tan poco el colista te gane tan fácil en Liga, mientras tus jugadores miran a las nubes ausentes de cuanto ocurre a su alrededor. ¿No será que no saben a qué jugar? ¿No podría darse la circunstancia de que al entrenador nadie le ha dicho qué debe hacer, a qué aspirar? ¿Para qué sirve tener el cuarto techo de gasto si aquí nadie sabe por dónde le da el aire? Ni el factotum, tan missing como el equipo en tierras tarraconenses.


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