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Osasuna no encuentra el camino del triunfo

Por José Mª Esparza 03 Febrero, 2018 - 9:34

Tras jugar la primera parte a lo Diego Martínez, el equipo se echó el partido a la espalda de sí mismo con Kike Barja de estrella, y así logró igualar. Luego volvieron a romperlo los cambios. 

Partido de Liga entre Osasuna y Rayo Vallecano disputado entre la nieve en el estadio de El Sadar. IÑIGO ALZUGARAY
Partido de Liga entre Osasuna y Rayo Vallecano disputado entre la nieve en el estadio de El Sadar. IÑIGO ALZUGARAY

Encomiable la reacción rojilla tras el descanso. Después de tirar la primera parte, el equipo se echó el partido a la espalda de sí mismo. Salió encorajinado, a morder, a presionar, a remontar. Hubo que hacer un reajuste, el de Torres, que sigue francamente desdibujado, por Borja Lasso, que reforzó el juego interior del grupo. Nada más. Los once querían y podían, incluso presionaron algún balón como no lo han hecho en toda la temporada. Por encima de lagunas concretas, Osasuna desbordó durante esa reacción, especialmente por su derecha, con un maduro Kike Barja, omnipresente y desbordante. El Rayo acusó sobremanera la descompensación que sufrió por ese lado, por el que precisamente partió el balón que redimió a Oier de su experiencia oscense. A partir de ahí volvió el desbarajuste.

Tras el empate, primero movió piezas Michel, que tuvo casi siempre las piezas mejor dispuestas y el partido más en su terreno que Diego Martínez. El entrenador rayista, que calificó de justo el reparto de puntos al valorar la reacción rojilla, quiso cortarla con Bebé y Elustondo, es decir, con músculo y fuerza para recuperar el control. Le respondió con bastante menos acierto Diego Martínez con ‘Arzurita’, muy perdido, y De las Cuevas, en el partido menos indicado para él, a costa de dejar la defensa con tres hombres. A partir de ahí Osasuna se descompuso, quedó roto, y el Rayo pudo hacer un descosido. Afortunadamente, los madrileños carecieron de acierto en esos minutos finales y al menos no volaron los tres puntos de El Sadar.

No obstante, constatada la reacción de casta de los jugadores, volvamos a la primera parte, a esos cuarenta y cinco minutos en los que Osasuna jugó el mismo partido que viene haciendo toda la Liga, y que Diego Martínez se empeña en repetir por los siglos de los siglos amén. Da igual jugar con un 4-4-2, 1ue con un 4-2-3-1, que con un 4-4-3. No es cuestión de sistemas, y ni siquiera de nombres. Es un problema de método mal entendido, de empecinamiento, de falta de análisis y autocrítica. Los jugadores juegan sin alma, lentos, carentes de iniciativa, y de ideas, hasta caer en la impotencia. Ante el Rayo hubo un contragolpe en el que solo un rojillo acompañó al conductor del balón mientras siete rayistas llegaron al área antes que ellos.

En el descanso, cuando en la cola del ambigú o de los mingitorios saltan los comentarios sin tapujo alguno, el más escuchado aseguraba que no hay entrenador, señalando directamente a Diego Martínez. Y tiene su lógica. Si todo el mundo reconoce que Osasuna tiene una de las mejores plantillas, de los más altos gastos en fichajes y presupuestos  de la categoría, y ninguno de los tres aspectos quedan reflejados en el campo, donde repite partido tras partido, y ya van 25, el mismo fútbol anodino, plano y predecible, el mismo partido de hecho, la realidad pura y dura se vuelve en contra del míster. Imposible quedar más retratado.

La razón asiste al aficionado cuando asegura que Osasuna tiene un problema en el titular del banquillo, algo también evidenciado ante el Rayo, una vez más. En la primera parte por los errores acostumbrados, y en la segunda por romper el equipo que había conseguido rehacerse por sí mismo a base de empuje, ganas y carácter. Tiene delito. El entrenador debe recapacitar. Cada partido aumenta el número de voces críticas hacia su gestión al frente de un grupo en el que faltan hombres como Fausto Tienza o Aitor Buñuel. El primero engrosa las filas del líder de Segunda, el Cádiz, y el segundo interesa al equipo quizás más en forma de Primera, el Valencia. Y aquí no sirven ¿Quién es capaz de entender algo así?

Pero claro, Diego Martínez pertenece al clan de los gallegos comandado por el ‘factotum’ Fran Canal, y por tanto parece gozar de derecho de pernada en este club. Dicen que el fútbol es presidencialista, pero en Osasuna cada día resulta más ‘canalizado’. Ante el Rayo volvió a quedar claro. ¿No puede resultar Aitor Buñuel un defensor al menos tan idóneo como Sebas Coris? ¿Acaso Fausto Tienza no es capaz de sujetar un equipo mejor que ‘Arzurita’? ¿O es que aquí lo único que interesa es ‘mover’ plantilla aún a costa de mejorar la del principal rival u otros aspectos más inconfesos.

Cada día resulta más difícil de comprender cuanto sucede en Osasuna, y menos todavía que nadie pegue un golpe tan fuerte que parta una mesa, aunque solo sea para quejarse de que tras trece partidos en casa el número de empates (6) supere al de victorias (5), o hayan volado casi tantos puntos (18) como los sumados (21). Esto no carrula.

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