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Osasuna encuentra el camino, pero no la portería

Por José Mª Esparza 17 marzo, 2018 - 21:07

Diego Martínez planteó un partido ofensivo y vistoso, abierto, pero el Zaragoza, gracias a su portero y a la falta de pegada rojilla, supo contener el empuje local y matar al contragolpe.

Partido de Liga entre Osasuna y Zaragoza disputado en El Sadar. IÑIGO ALZUGARAY
Partido de Liga entre Osasuna y Zaragoza disputado en El Sadar. IÑIGO ALZUGARAY

Osasuna quiso, pero no pudo. Cambió su imagen, jugó con nuevas hechuras, tiró ambición y juego, pero se estrelló contra el Zaragoza y, especialmente, contra su portero Cristian Álvarez, el héroe maño del partido. Gustó esta vez el equipo de Diego Martínez por su estilo más abierto y ofensivo, pero desesperó por la falta de pegada. Entró en el área, si bien careció de rapidez para llegar con mayor fluidez y adoleció de resolución en ella. Habrá quien argumente que mereció ganar, y tampoco se equivoca, si bien repitió resultado muy adverso en casa, en un envite que valía mucho más que tres puntos.

Muchas sensaciones confluyeron en la mente del aficionado a lo largo del partido. Jugamos y no ganamos, llegamos y nos apuntillan, planteamos un partido diferente y acabamos en lo mismo. Si haciendo todo lo posible, terminamos casi humillados ante un rival directo, ¿qué pasará de aquí en delante de cara al único objetivo posible, el ascenso? Hay lo que hay, respondían enmudecidos, mentalmente, los aficionados rojillos presentes en El Sadar, mientras la esquina aragonesa también terminaba dueña de la megafonía del estadio jaleando a los suyos. El resultado pesa lo suyo, entre otras cosas porque lo agranda la imagen de decepción que arrastra este equipo.

Sin embargo, Osasuna salió diferente, se comportó mejor que en mil ocasiones anteriores, se hizo dueño del balón que tantas veces entrega a sus rivales, buscó con intensidad, con la verticalidad que no acostumbra, el área contraria… en fin, gustó a sus parroquianos. La entrega acostumbrada vino esta vez acompañada de una mejoría clara. Diego Martínez acertó con el planteamiento inicial, un 4-2-3-1 con Torró-Mérida en el doble pivote, Borja Lasso en la media punta escoltado por Ibáñez y Barja en las bandas, y Quique González con todo el protagonismo en el ataque. El balón circuló con sentido.

Tras lógicos tanteos, propios del anunciado choque de trenes, los rojillos deshicieron a la media hora las tablas tácticas en el centro, donde los maños formaron una segunda línea defensiva estable con al menos tres hombres. Pese a la poblada contención mañana, con siete efectivos permanentes y Eguaras en plan estrella, los hombres de Diego Martínez se hicieron con el control del partido, no sólo del juego, y comenzaron a encadenar ocasiones claras, que tuvieron continuidad durante la segunda mitad. Unas veces por falta de acierto claro y otras por la habilidad de Cristian Álvarez, Osasuna sufrió un excesivo castigo de dos goles en sendos contragolpes. Todo el acierto del que careció el equipo navarro lo acumuló Borja Iglesias en las dos únicas llegadas mañas. No perdonó.

Los goles mataron a los rojillos. Acusaron el primero y murieron con el segundo. El tanto del honor resultó anecdótico, un disparo de rabia de Torró, de impotencia, lanzado prácticamente a ninguna parte, después de que los maños estuvieran a punto de anotar el tercero. Ciertamente, mucho castigo, sobre todo moral, anímico. Sin embargo, por este camino, jugando así, la mejoría de Osasuna en la tabla clasificatoria está asegurada. A la larga siempre gana quien mejor juega, el que más propone. Justo lo que no ha hecho hasta ahora el equipo navarro, siempre dejando pasar los minutos en función del contrario.

De acuerdo en que el Zaragoza supo hacer su partido y, además, le salió. Contuvo el empuje y se coló por la rendija. Ahora bien, este Osasuna encendió bombillas que iluminan el horizonte, caso del protagonismo que Borja Lasso alcanzó en la creación o la importancia de la apuesta ofensiva con extremos, además de la consolidación de Torró-Mérida como un doble pivote de muchos quilates. Después faltan cosas como velocidad, fluidez, acierto, más chispa, variables… que deberán llegar trabajando sobre las bases puestas ante el Zaragoza. Las derrotas duelen, y más una como ésta, pero ayudan a mejorar si saben extraerse sus enseñanzas aprovechables.

Osasuna jugó ante el Zaragoza a algo que prácticamente no ha hecho en toda la temporada. Bajo este punto de vista resultan comprensibles las carencias o la ansiedad para no culminar positivamente su propuesta. No está acostumbrado. No obstante, evidenció que ése es el camino y no otro. Queda ahondar en él, asentarlo, pulirlo y abrillantarlo. Pudo faltar un pelín de fortuna ante los maños, pero es que la suerte hay que trabajarla.


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