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Osasuna desnuda al Athletic Club

Por José Mª Esparza 16 febrero, 2020 - 22:23

Temporada prácticamente hecha. Los tres puntos dejan la permanencia al alcance de la mano, pero la victoria en San Mamés no será tan recordada por los puntos como por el escenario de la victoria. De nuevo, y ya había llovido, el equipo navarro enmudeció al de Bilbao.

El defensor Oier Sanjurjo (izquierda), de Osasuna, celebra su gol ante el Athletic de Bilbao durante el partido disputado en el estadio de San Mamés. EFE/Luis Tejido
El defensor Oier Sanjurjo (izquierda), de Osasuna, celebra su gol ante el Athletic de Bilbao durante el partido disputado en el estadio de San Mamés. EFE/Luis Tejido

Una victoria a recordar. A base de trabajo y disciplina, es decir, de sangre, sudor y lágrimas de principio a fin, Osasuna se hizo con tres puntos de oro en San Mamés. No salió, precisamente, un partido de fútbol de alta escuela, ni tampoco de los llamados bonitos. Justo lo contrario. Fueron noventa minutos de juego trabado, sucio, de una falta tras otra, de parones y lamentos. Por otra parte, se trató de un encuentro intenso, vibrante, eterno. El final nunca se acercaba. Pero, menos mal, llegó. En cuanto al fútbol, el Athletic Club, el de Bilbao, se dedicó a bombear balones desde las bandas y poco más. Los tres centrales siempre salieron airosos y, pese al larguero y al poste, lo cierto es que Sergio Herrera no pasó apuros.

El equipo bilbaíno planteó lo que sabe, un partido físico. Sus jugadores son mayoritariamente de fuerza, de empuje, de poderío con los pies, con el torso, con la cabeza y con cuanto haga falta. Si los dejan, arrollan, te rompen, que es lo que saben. No juegan a fútbol tanto como defienden y empujan. Además, algunos de sus futbolistas que pueden marcar diferencias por intentar otro tipo de juego, caso de Muniáin, o los han borrado o se borran. Normalmente, o les baila un equipo de mucha calidad, u otro con mayor poderío físico que ellos. El caso de Osasuna, obviamente, no es ni uno ni el otro. Menos mal que hay una tercera vía, la de la inteligencia. Es por la que optó el técnico Jagoba Arrasate en Bilbao.

Osasuna acudió a Bilbao plagado de bajas. Tenía a favor la cabeza del equipo bilbaíno disfrutando el título de Copa, que ya dan como suyo, pero en contra a la Catedral y su historia. Ante tal situación, el técnico rojillo planteó un partido de trabajo ímprobo, una disciplina táctica encomiable, y una fuerza mental a prueba de tormentos. Los bilbaínos salieron como suelen, a imponer su fuerza, algo que hicieron durante el primer cuarto de hora, pero sin crear peligro. A partir de ahí, los rojillos los detuvieron, maniataron, y, encima, les hicieron gol a balón parado. Después, la ventaja les permitió centrarse en lo suyo y, con un pelín de suerte, mantenerla hasta el final. El Athletic solo sabe jugar a defender y Jagoba lo obligó a atacar, algo que no sabe con Williams desactivado.

Arrasate planteó un partido con tres centrales (y acabó con cuatro al sumar a David García), basó su juego en el crecimiento de los laterales por sus bandas, Nacho Vidal y Estupiñán, imperiales ambos, y con la vuelta de Oier a la medular, donde a la eficacia de su trabajo, al carácter de capitán, unió el gol. Después, Íñigo Pérez puso el toque, Brasanac añadió trabajo, Adrián retuvo el balón y Enric Gallego deberá recibir clases intensivas en Tajonar para enrolarse en la cadena. La estrategia tuvo tintes claramente defensivos (Torres quedó fuera) para anular a un rival muy plano en la creación de juego. La contención recordó a la del torero que detiene la fuerza bruta del toro con sangre fría y un ligero movimiento del capote.

Osasuna marcó a la media hora. Faltaba una entera para el final y, en ella, se dedicó a contener, sobre todo en la segunda mitad. La apuesta entraña riesgo, pero esta vez, afortunadamente, salió bien. Los rojillos entregaron el balón para dedicarse a esperar al rival, a torearlo con la muleta. Desnudó al Athletic con mucha entrega pero suma facilidad. Los bilbaínos no sabían qué hacer más allá del bombeo de balones. La Catedral enmudecía al ver que los navarricos se le subían a las barbas. No daba crédito a la derrota del equipo de Euskadi (Javier Uría dixit). Eso sí, dicen que siempre les quedará la gabarra. A ver.

POST DATA. Osasuna es mucho más que lo futbolístico (24). Reprimenda de la directiva al factotum. El mediodía del club se le atragantó a Fran Canal Fidalgo (FRACAFI). En la última Junta Directiva, lo acusaron de mal filtrar que cobrar a los socios el día del Real Madrid fue idea personal del presidente, que contra viento y marea la llevó hasta el final él solito. Le recordaron que fue decisión tomada por los directivos en pleno, con la única excepción suya, la de FRACAFI.

El informante, sea quien sea (yo no lo sé, el factotum no me filtra), ni sabe de respeto, ni de lealtad, ni de educación, ni guarda la discreción que debe. Puñalada trapera. La verdad es que tiene bemoles lanzar a los pies de los caballos al presidente de la institución que te paga. Humillarlo.

El caso es que al factotum le cayó un buen toque de atención, señal de la pérdida de su credibilidad dentro de la Junta Directiva. Parece que, poco a poco, los que debieran ser rectores del club ya conocen algo a FRACAFI. Ya era hora. Desde luego que han tenido tiempo. A ver si también desmenuzan su herencia y ponen las piezas igualmente en su sitio.


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