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A Osasuna le cuesta demasiado

Por José Mª Esparza 27 noviembre, 2016 - 20:33

Quizás la vara de medir que trajo el Atlético de Madrid no sea la más adecuada para calibrar a este Osasuna, pero preocupa y mucho la facilidad con que ganaron los rojiblancos, pese a la mejoría rojilla mostrada en la primera media hora.

Partido entre Osasuna y Atlético de Madrid disputado en El Sadar (13). IÑIGO ALZUGARAY
Partido entre Osasuna y Atlético de Madrid disputado en El Sadar (13). IÑIGO ALZUGARAY

La película del partido resulta tan clara como previsible. De salida Osasuna, que incluso se permite el lujo de fallar un penalti, planta car al Atlético la primera media hora, hasta que Godín remata a placer un saque de esquina con Nauzet de estatua, como acostumbra en este tipo de jugadas tan previsibles. A continuación Gameiro aprovecha de contragolpe el desconcierto y sentencia. Mazazo y adiós al partido. El Atlético espera atrás y, o Osasuna acorta, algo difícil ante el equipo que mejor defiende del mundo, o el Atlético apuntala, como así ocurrió. En una arrancada para justificar su presencia en el campo, Carrasco lo hizo en los últimos minutos. Los rojiblancos firman a domicilio una de sus victorias más cómodas de la temporada. Punto final.

La derrota ante el reforzado subcampeón de Europa entraba hasta en los cálculos más optimistas, el problema es cómo sucedió, tan fácil, y los claroscuros que deja. El segundo partido de la era Caparrós apunta detalles positivos, apunta un mejoría en la solidez mostrada en la primera media hora, pero descubre que hay tanto por hacer que puede entrar el desánimo. Sigo pensando que este equipo puede salvarse, que guarda margen de mejora, que en el mercado invernal será apuntalado y competirá con más éxito. Sin embargo, todavía no han terminado las probatinas. Es mucho el tiempo perdido. Ni Martín logró un equipo tipo o cuajó un proyecto de juego, ni Caparrós acierta a concretar lo que quiere, y deberá seguir buscando.

De Leganés el míster trajo claro que Fuentes supone un regalo al rival, los problemas del doble pivote con  Tienza, y el equilibrio que Causic debe aportar en esa posición. Esto quedó meridianamente evidente. Incluso resultó una declaración de intenciones que De las Cuevas fuera el primer cambio en Butarque, pero de ahí a dejarlo fuera del once en El Sadar hay un trecho. Como también es de difícil compresión sacrificar a Sergio León por Kodro, luego sustituido por Riviere, de nuevo perdido. A la vista salta que también observó otros aspectos que se nos escapan. De acuerdo en que Sergio León se había acostumbrado a hacer la guerra por su cuenta, al igual que Jaime Romero, dentro de un conjunto sin orden ni concierto, pero es que Oriol Riera sigue sin un lugar definido en el campo y a Kodro no se le pueden pedir milagros.

Parecía que con el tándem Riera-Kodro proponía el míster algo similar a lo que logró en Bilbao con Fernando Llorente como referente en el área, mientras que Susaeta o Toquero se dejaban el pellejo corriendo a su alrededor. Nada de eso. En El Sadar no dio la misma impresión. El Atlético salió con el balón controlado siempre y Oblak no pasó peligro alguno en los noventa minutos. Pero es que en la siguiente línea ocurrió lo mismo. Los rojiblancos nunca sufrieron presión alguna. Ese Osasuna no muerde ni en la construcción ni en la contención. Continua siendo demasiado blando. Quizás la forma física no sea la mejor, o quizás lo mental tenga la culpa, pero es que este equipo sufre mucho, se achica el campo a sí mismo, y entra en una pendiente peligrosa.

Quizás el Atlético de Madrid no sea la mejor vara de medir a este Osasuna, pero lo peor que dejan ‘los colchoneros’ no es la derrota sino los problemas que sufre este plantel. Los potenciales contragolpes, por ejemplo, fracasan porque el poseedor del balón no encuentra a un compañero que se ofrezca para recibir el pase. Las botas empiezan a pesar y la responsabilidad asusta. Nadie dispara. Además, jugadores que debían refrescar o avivar el juego no aparecen, caso de Berenguer, a quien la categoría se le atraganta, o de Roberto Torres,  que no puede cargar en sus espaldas con el juego del grupo. Total, que además de que dar tres pases seguidos cuesta una inmensidad, sigue sin aparecer una propuesta unificadora que engrane la maquinaria del conjunto. De acuerdo en que el equipo no estaba trabajado, pero a base de sumar decepciones la pregunta siguiente será si realmente un día puede llegar a estarlo, y eso sí que será terrible.

No obstante, pese al mal gusto que deja la derrota, hubo mejoría respecto a Butarque. Al analizar la primera media hora de juego ante el subcampeón de Europa los rojillos compitieron copmo no lo habían hecho en toda temporada, mostraron otro empaque, provocaron un penalti y ahí estuvo la entrada de Kodro en el área en la que se mareó a sí mismo. En fin, hubo intensidad, el Atlético se vio obligado a tratar de llevar la pelota al campo contrario, y un rayo de esperanza, de ilusión en algo más, iluminó el cielo de El Sadar. Lo malo vino después, esa hora de partido que se hizo tan larga porque resucitó todos los fantasmas y oscureció los corazones. Los jugadores siguieron luchando y la grada animando, pero unos y otros sin esa fe que tanto necesitan.


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