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Opinión / osasuNAvarra

En un ‘centenario’ lo más importante se llama resultado

Por José Mª Esparza 25 octubre, 2020 - 1:14

Osasuna solo tiró una vez a puerta, en el penalti del gol de la victoria. El resto del partido se dedicó a defender, afortunadamente ante un equipo, el Bilbao, que no supo atacar. Así salvó el Club la fecha que ha elegido para celebrar su centenario.

Partido del centenario jugado en el estadio de El Sadar de Pamplona entre Osasuna y Athletic de Bilbao correspondiente a la jornada número 7. MIGUEL OSÉS
Partido del centenario jugado en el estadio de El Sadar de Pamplona entre Osasuna y Athletic de Bilbao correspondiente a la jornada número 7. MIGUEL OSÉS

Es preciso trascender el mero partido, si lo que se quiere es engrandecer una fecha que permanecerá en los anales. Porque la victoria ante el Athletic Club pasará al olvido en lo meramente futbolístico, que en esto casos es lo menos importante. Afortunadamente para Osasuna en esta ocasión solo contaba la victoria, ésta llegó, y la historia obviará por dónde en sus titulares. Máxime cuando los fastos tampoco acompañaron a realzar los fastos, comenzando por una melodía que sonaba más a bolero o ‘crooner’ que a himno, y terminaron con un plano fijo anodino de la tele, obviando la merecida celebración de la plantilla.

El encuentro salió sencillamente olvidable en los futbolístico. Un equipo, el Bilbao, que iba con todo pero que no juega a nada, frente a otro que apenas salió con lo puesto, pero que ponía en juego el orgullo de su historia, y en su casa, aunque esto cada vez significa nada en la cuarentena que sufre el fútbol. Ni una sola vez lanzó Osasuna a puerta, ni siquiera a córner, pero que logró vencer en la fecha señalada gracias a un regalo de uno de los percherones, Capa, que tanto gusta fichar últimamente al equipillo de Bilbao.

Arrasate salió con lo que tenía. Alineó a cuatro laterales: a Facundo-Vidal por la derecha, y a Iñigo-Cruz por el otro costado. La estrategia no podía resultar más sencilla: defender, defender y defender. Con orden, sin lucimiento. De hecho, los rojillos cedieron el balón a los bilbaínos, algo recomendable a cuantos le quieran ganar al equipo vasco. El equipo de Garitano no sabe qué hacer con la pelota, máxime cuando Muniain no la quiere y, otro navarro, Raúl García se entretiene en liarla más que en jugarla. Este Athletic es menos que Osasuna se mire por donde se mire.

La pasada temporada el Bilbao terminó por detrás del conjunto navarro, y en esta campaña también camina por detrás de Osasuna. Si a esto añadimos que en el remozado El Sadar del centenario, el entrenador del equipo de Euskadi (Uría dixit) retira antes de tiempo a otros dos navarros: a Berenguer, quien mejor lo hacía, y a Williams, el único con capacidad de inventar algo aunque no sepa buscarlo, la entelequia bilbaína no puede quedar más en entredicho, por mucho dinero que tengan, que en eso sí que nos ganan. En total, cuatro navarros en el Bilbao. Y los más determinantes.

Osasuna jugó a lo único que podía, a aguantar y esperar que sonara la flauta sin tocarla. El técnico Jagoba Arrasate tenía preparado al final un ligero cambio de guion para hacerla sonar, con otra línea de arriba (Barja-Adrián en vez de Jony-Gallego) para revolucionar, aunque sea mínimamente el juego. Acertó de pleno, pero no por el juego, que siguió igual de ramplón, sin tres pases seguido o un cambio de ritmo, pero absolutamente a tenor del resultado. El ‘percherón’ Capa regaló el penalti a Kike Barja. Y poco más habría que decir del encuentro, a no ser el halagar el trabajo defensivo, con un orden y disciplina encomiable del conjunto.

Y una última nota, la de Rubén García. Si alguien estaba predestinado a noquear al Athletic en fecha tan señalada, no podía ser otro que Rubén García, como premio a su trayectoria en Osasuna. Hombre con compromiso por el club y sabiduría futbolística en su ejercicio profesional diario. Mucho le debe este Osasuna en sus últimos años. Que la Historia le obsequie con ese penalti que convirtió en el gol de una fecha tan señalada, la celebración de un centenario, es una manera de reconocerle, al menos en los afectivo.


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En un ‘centenario’ lo más importante se llama resultado