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Osasuna recupera su ADN con cambios tácticos y otro once

Por José Mª Esparza 04 octubre, 2020 - 17:55

Un zapatazo de Facundo Roncaglia rompió la igualdad del choque de trenes en el centro del campo, en un partido con pocas ocasiones y que Osasuna apuntaló el cansancio rival

El jugador de Osasuna Calleri celebra con sus compañeros el gol conseguido ante el Celta durante el partido que han disputado ambos equipos este mediodía en el Estadio de El Sadar correspondiente a la quinta jornada de la Liga Santander. EFE/Jesús Diges
El jugador de Osasuna Calleri celebra con sus compañeros el gol conseguido ante el Celta durante el partido que han disputado ambos equipos este mediodía en el Estadio de El Sadar correspondiente a la quinta jornada de la Liga Santander. EFE/Jesús Diges

Osasuna recuperó sus señas de identidad: juego colectivo, todos juntos, atacando y defendiendo, rapidez endiablada en transiciones cortas. Otro detalle: volvieron los cambios de juego, de lado a lado, de un zapatazo o en tres transiciones rápidas, que no son lo mismo pero se parecen mucho. En fin, Osasuna volvió a ser reconocible, luchando de principio a fin, con intensidad, primero sin perder la cara en el partido de tú a tú frente a un equipo llamado a la postre a jugar la misma liga; y después controlando el juego, sin dejar de sus manos el dominio de un partido que apuntaló con un segundo gol.

Victoria merecida. Quizás el resultado enmascare el grado de igualdad existente sobre el campo en cuanto a circulación de balón. Sin embargo, en cuanto a ocasiones de peligro, que no abundaron para nadie, Osasuna supo poner ese plus necesario para ganar un partido. Los celtiñas poco o nada pusieron en apuros a Sergio Herrera. Salieron con un delantero, el más gesticulante que genial Iago Aspas, que estuvo en todos los sitios menos en el que le correspondía, el de ‘nueve’. Además, El Celta, quizás confiado en su mayor potencial salió con el partido ‘ya empatado’, como así estaba en el primer minuto, olvidando que faltaban 90 minutos de juego. 

Efectivamente, pese a las desiguales armas de cada cual, hubo mucha igualdad en el juego. Tanta que el genial zapatazo de Facundo Roncaglia rompió la balanza. Con ambos conjuntos al límite, el marcador desequilibró también las fuerzas de uno y otro. Mermó todavía más las celestes, ya víctimas del tan obtuso como alocado calendario, y dio alas a las rojillas, a partir de entonces crecidas en confianza y apoyadas en una táctica que ya le daba réditos en el marcador.  Finalmente, el Celta se hundió físicamente, regaló la imagen patética del quiero, mal y tarde, pero no puedo, a la vez que Calleri y Osasuna, que ya había regresado a su esquema clásico, encontraron el premio a su trabajo tras un segundo zapatazo de Facundo, el hombre del partido.

Revolución en el once, del que cayeron Juan Cruz, Adrián, Nacho Vidal, Moncayola y Raúl Navas, además del lesionado Torres… más de la mitad del equipo. ¿Qué buscaba el técnico? Sin duda, un cambio de ‘chip’. ¿Cómo? Tirando de ADN y con un nuevo sistema. ¿Con qué fin? Ganar, por supuesto. Y también con efectos didácticos. Lanzó advertencias concretas, como a Raúl Navas -por razones obvias-, a Juan Cruz -no puede tardar medio minuto en ir a defender un contragolpe rival, como hizo en el tercero del Levante-, y sobre todo mensajes colectivos. Osasuna significa trabajo colectivo, de todos, juntos, de principio a fin. Aquí todos atacan y todos defienden.

También cambió el registro táctico, reforzando el centro del campo, liderado por Lucas Torró, y con dos puntas específicos, sendos nueves. La apuesta del 4-4-2 pensaba en el rival, algo propio de Jagoba Arrasate, pero sobre todo buscaba nuevas guías de gol. Todo cambio entraña riesgos, pero esta vez acertó. La medular triunfó con creces en la tarea encomendada. Mostró empaque, contundencia y dominio. Cogió la manija Lucas Torró, siempre echado adelante con poderío, algo que permitió a Oier hacer de Oier, y asistió al siempre activo y solidario Rubén García, y descargó de responsabilidades a Kike Barja, que tuvo una buenísima entrada en el once.

La delantera también cumplió con creces, aunque con matices. A Los dos, Gallego y Calleri, trabajaron a destajo. Estuvieron ahí. Y defendieron siempre que el equipo lo requirió. Pero los roles son muy diferentes. Al ex del Getafe le toca imponer su corpulencia, bajar balones de las alturas y distribuirlos si puede. El ex perico, más explosivo, debe romper por rapidez, rasmia, incomodar, pelear hasta la extenuación para ganarse el puesto de punta, dejando para el primero el de escudero, merodeador asistente o ‘abrehuecos’. Menos mal que aquí todos defienden y… todos atacan- La demostración es el golazo de Roncaglia. Eso sí, al menos se estrenó Jonathan Calleri, aunque fuera por saber poner la cabeza para que le rebotara otro zapatazo de Facundo.

A partir de ahí, misión cumplida. Victoria importantísima, y más ante un parón de Liga. El ‘centenario’ se endereza porque el equipo, además de sumar tres puntos, recupera sensaciones, adquiere y transmite confianza. La derrota ante el Levante dejó demasiadas nebulosas, dudas que parecían irresolubles. Ganar resultaba ineludible para no empezar a buscar tres equipos peores para combatir el pesimismo. Por todo esto, lo más importante de la victoria sobre el Celta es que por encima de cualquier otra consideración, es que en Osasuna atacan todos y también todos defienden. Quien no esté dispuesto a ello sobra.


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