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Opinión / osasuNAvarra

El día que Sergio Herrera la pifió

Por José Mª Esparza 19 febrero, 2022 - 20:58

Osasuna regaló un gol de ventaja al Atlético, ¿Qué más podía soñar el Cholo? Pero es que luego le regaló otro. Delirio colchonero. Sin jugar a nada, pero defendiendo con once, impidió tirar a puerta a los rojillos. Así que el tercero (0-3) resultó anecdótico.

Sergio Herrera, en el momento del despeje fallido previo al primer gol del Atlético de Madrid. EFE

Podría decirse que esto no lo entiende ni Blas, que un equipo que no juega a nada golea a domicilio y sin despeinarse a otro que se deja la vida en marcar la pauta y jugando bien. En fin, Osasuna ‘regaló’ el partido a un Atlético en sus horas más bajas. Sí, la cagó el otrora salvador rojillo. La pasada jornada mereció el sobresaliente en Vallecas, pero está estuvo muy blando, sin concentración, al despejar un córner en la primera jugada del partido; y regaló luego otro gol de los suyos, de los que le pillan fuera de órbita y, en ésta Luis Suárez, que no puede correr y no le hizo falta, para sentenciar desde los tres cuartos de campo.

No son habituales este tipo de goles lejanos, ni tampoco es el primero de éstos que le endosan a Osasuna a lo largo de su historia, pero lo terrible es que sea el segundo que sonroja a Sergio Herrera esta temporada, que serían más sin fallar el lanzador. En fin, al menos para pensárselo. Cero en la picota. Nadie debe entregar dos goles de manera tan absurda, y menos al Atlético de Madrid a la defensiva, sin proponer nada más allá de una defensa con los once. Normal que Joao Felix fracase en el Metropolitano, y también cualquier otro un punto por encima de los Jiménez o Herreras de turno.

Una y mil veces, Jürgen Klopp tenía toda la razón. Al Cholo no le gustan, ni domina, los futbolistas con clase. Cuentan para él a cuentagotas, en la ínfima dosis necesaria para conjugar la pandilla de leñeros y tuercebotas con que confecciona su fútbol. Jugador de pequeña al mus, un perdedor que incomprensiblemente protagoniza una serie de televisión. Estamos locos, somos víctimas de un mundo bajo la dictadura del postureo. Peor que lo del chantreano ‘Iker Muniain. Un balón, un escudo, una vida’. Una biografía a los 32 años. Vaya, con los premios Nóbel. Cada día lo tiene Putin más fácil.

No jugó mal Osasuna, pero esto es engañoso. Los de Simeone, como casi siempre, se desentendieron del balón, pero ya contaban con ventaja en el marcador. Así que se dedicaron a esperar con diez en el área, y no once porque Luis Suárez es incapaz ya de recorrer el campo. A pesar de ello, Osasuna mandó un balón al palo, pero ninguno entre los tres palos. Luego, con cinco defensas rojiblancos, resultó sencillamente imposible. El balón siempre tuvo color rojillo, pero nadie en El Sadar pudo pensar que serviría para algo.

De todas formas, Arrasate debe continuar en la misma línea, con el príncipe Budimir en el área (gran partido el suyo), con el Chimy por detrás, con el equipo armado como lo tiene. Le funciona, nos gusta, resulta reconocible. Nadie salió decepcionado de El Sadar pese a la goleada. Pudieron quejarse de Sergio Herrera (o ni eso, por las que ha salvado otros días), maldecir el sino colchonero, o lamentar la derrota, pero nunca criticar el comportamiento del equipo. Es el camino a seguir. Esto es fútbol, unas veces se gana y otras se pierde.

Esta vez que no ha influido para nada en el resultado, no puedo obviar al árbitro andaluz Mario Melero López por su falta de personalidad, por cómo se dejó influenciar por quienes luego saldrán como héroes en portadas nacionales. Sucede casi siempre, pero esta vez toca dejar testimonio del desatino permitido y auspiciado por los rectores del fútbol, escondidos en sus despachos, en la entelequia. Ya no hay a quién criticar, no se dejan ver. Hay que apoyar al actual campeón de Liga parea que ésta no acabe de convertirse en el hazmereir continental.


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El día que Sergio Herrera la pifió