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Osasuna aguantó el tipo, pero solo relativamente

Por José Mª Esparza 09 febrero, 2020 - 21:37

Derrota de guante blanco. Inapelable. El Madrid evidenció su diferencia de potencial, mientras la entrega rojilla hizo cuanto pudo.

Partido entre Osasuna y el Real Madrid en el estadio de El Sadar. MIGUEL OSÉS
Partido entre Osasuna y el Real Madrid en el estadio de El Sadar. MIGUEL OSÉS

Las cosas no son cómo comienzan, sino cómo terminan. El comienzo de Osasuna ante el Madrid resultó ilusionante, prometedor, arrollador. A partir de ahí, desapareció paulatinamente, hasta terminar desaparecido, fundido. Claro que el rival siempre cuenta, y más si se llama Real Madrid. El equipo blanco impuso su ley. Despertó con el gol encajado y ya no perdió la manija del juego, ni del encuentro. La goleada final puede resultar anecdótica, y en cualquier caso un pelín excesiva, pero deja claro la diferencia de potencial entre ambos conjuntos. Nada que objetar.

Exceptuando algún detalle, caso de la entrada de Ramos a Rubén, presumiblemente involuntaria, la victoria del Real Madrid en El Sadar se hizo merecedora del calificativo de elegante, a base de puro fútbol. Ni una mala cara, ni siquiera un gesto dirigido más allá del puro balón. Triunfo impecable. De guante blanco, y nunca mejor dicho. Al descanso cabía preguntarse si Osasuna dio un paso atrás después de adelantarse en el marcador, o si en la remontada blanca habían pesado excesivamente los desajustes defensivos. Al término del partido, la pregunta no tenía lugar. El electrónico no miente.

Dos de los partidos más flojos del equipo navarro han sido precisamente contra el Real Madrid. En el Bernabéu saltó Osasuna al césped con la derrota asumida, y en El Sadar le entró el vértigo tras adelantarse en el marcador y sentir por un momento que podría lograr la victoria. El primer cuarto de hora resultó primoroso, pero a partir de ahí fue a menos. Dio un paso atrás, o el Madrid adelante, quién sabe. El caso es que los blancos se erigieron en una máquina de hacer fútbol sin forzar la caldera, mientras los rojillos se encogían.

También pesó excesivamente la lesión de Moncayola. El centrocampista de Garínoain se ha erigido en una referencia en el centro del campo. Ha alcanzado peso defensivo y también ofensivo. Aporta pondus, equilibrio, estabilidad. El caso es que un equipo se hundía mientras el otro emergía. Y ya no hubo vuelta de tuerca, sobre todo mental. La segunda parte sobró entera. El Madrid entraba por dentro y por fuera, controlaba, abría huecos, mientras que Osasuna hizo alguna cosica cuando podía, pero diluía su personalidad. Los laterales bajaban sus prestaciones ante la avalancha de trabajo, los mutantes puntas dejaban de ser referentes y el centro del campo se perdía.

Otro asunto importante es el fondo físico. El bajón, que viene de los últimos partidos, resultó evidente. Los jugadores saben mover el balón mientras lo tienen en los pies, obvio, pero ha perdido alegría con él. No sorprende, se pierde en los pases cortos, que ya no intentan algo con la soltura de antaño. A la hora de subir o bajar, ha bajado velocidad. Además, la presión no es como nos tenía acostumbrados, aspecto que ante el Madrid resulta mucho más exigente. En fin, los jugadores llegaron fundidos al tramo final del partido.

Avisaba el técnico Jagoba Arrasate que, para sacar algo ante el Madrid, el equipo y El Sadar debían estar a tope. Llevaba razón. Desgraciadamente, no ocurrió ni lo uno ni lo otro. Ni el equipo anduvo fino, algo que dejó claro el número de balones divididos que se le escaparon, ni El Sadar tuvo su mejor tarde. El primer grito fuerte escuchado en el campo fue el “altsasukoak”, mientras el sector visitante de la sierra de El Sadar, sin un solo cántico vejatorio al rival, se hartó de repetir “así, así gana el Madrid”. Una pena. Tarde triste. Osasuna perdió en el campo, algo que entra en la lógica, y también en su grada, algo que escuece más si cabe. Lo que quiso ser una tarde mágica se quedó en una tarde para el olvido. “El partido ya está perdido”, decían los amigos de Fran Canal antes de que empezara. Pues eso.

POST DATA. Osasuna es mucho más que lo futbolístico (22). Fran Canal dice que se marcha el 30 de junio. “Me voy el 30 de junio”, asegura. “Entonces, me echaréis en falta”, añade. Eso es lo que me cuentan. Lógicamente, a mí no me lo ha dicho, ni espero que lo haga. Lo han oído en un lado, y me lo han confirmado en el contrario. También lo consulté con el equidistante centro, donde (el interlocutor) contestó que no se lo ha escuchado en esta ocasión, pero que sí en otras anteriores.

Ojalá me equivoque, pero no me lo creo. En ningún otro lugar va a estar mejor que aquí, donde prácticamente hace lo que quiere, como quiere y para lo que quiere. Cobra buena pasta y, como ya es sabido, acaba de recalar en Pamplona con su holding. Los indicadores dicen que tiene perfilado su futuro en Osasuna.

En cambio, sí me creo lo de que nos acordaríamos de él. Dejaría tal desaguisado interno en el club que nos obligaría a tenerle en nuestros pensamientos, y no precisamente en os más plácidos.


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Osasuna aguantó el tipo, pero solo relativamente