Opinión / osasuNAvarra

Nuevas formas con viejos vicios

Por José Mª Esparza 21 noviembre, 2016 - 23:55

La apuesta de Caparrós trajo novedades, pero se quedó entre el quiero y el no puedo. Hubo cosas nuevas, pero pudieron más los viejos vicios que arrastra este equipo. El Leganés resultó justo vencedor.

Este Osasuna de Caparrós se quedó a mitad de camino. Dio la impresión que la propuesta del nuevo entrenador topó con unos modos y maneras que costará lo suyo extirpar. Por ejemplo, Berenguer avisó que a partir de ahora jugarían menos al patadón, pero no fue para tanto. Como si nada. El  míster también habló de intensidad, de presión, pero el Leganés dio una lección a los rojillos de principio a fin sobre cómo ejercerla. También Oier anunció un nuevo orden táctico que sí existió, pero costó hilvanar tres pases y apenas hubo llegadas al área. Solo una apurada ocasión en todo el partido frustra las expectativas creadas tras soñar con un punto de inflexión en la dinámica rojilla. 

Tampoco es que el Leganés maravillara. Simplemente ejecutó mejor sus habilidades, y supo aprovechar las ventajas que recibió del equipo navarro, caso de los pases que regaló Nauzet cada una de las veces que le cedieron el balón sus defensas o, sobre todo, la autopista que encontró en Fuentes. Sorprendentemente, Caparrós recuperó al lateral izquierdo y Róber Ibáñez se lo agradecerá de por vida. En el primer gol le superó con claridad en el salto y en el segundo ni se enteró que le marcaba. Le ganó la espalda cuando quiso. Un chollo. 

Patadón, presión a medias y regalos defensivos, es decir, lo que antes se denominaban ‘detalles’, condenaron a Osasuna, que tampoco acertó a realizar su juego. Acogió el balón, y hasta pudo hacerlo suyo, pero sin acariciarlo ni presentar ideas para concretar algo positivo con él. A Sergio León no le llegó ni uno en condiciones. El nuevo esquema 4-2-3-1 puede funcionar, parece más lógico, pero se quedó a medio camino. Ya en el descanso Caparrós trató de corregir el doble pivote, demasiado defensivo y limitado con Oier-Tienza, dando entrada a Causic. 

Visto el atasco en el centro del campo, su nula creatividad para enlazar con la línea de adelante, obligada así a buscarse la vida, quizás la salida de Causic puede ser lo más aprovechable del fiasco de Butarque. Dio la impresión de que el serbio puede equilibrar la faceta defensiva con la ofensiva, hacer de puente entre ambas y unir más al conjunto, otra declaración de intenciones del técnico de Utrera que tampoco quedó materializada en Leganés, a excepción de los momentos en que los ‘pepineros’ detuvieron a los navarros colapsando la parcela central. 

La primera parte se la llevaron los locales. El equipo de Caparrós, quizás noqueado por la presión madrileña y el tempranero gol, no encontró su sitio. Anduvo despistado, sin  aclararse entre lo que no podía hacer y lo que debía. No estuvo fino, se cortocircuitó. Dificultó al Leganés, pero nada más. En la segunda cabalgó entre una reacción insuficiente y las ganas de rentabilizar los espacios que entregó el conjunto de Asier Garitano, pero tampoco. Además, evidenció lentitud, un preocupante bajón físico quizás debido a la carga de trabajo traída por el utrerano. El caso es que también por ahí se encendieron las alarmas. El paso de salir a divertirse a salir a trabajar a estajo tampoco acertaron a darlo los jugadores.

El caso es que a Joaquín Caparrós le queda mucho trabajo por delante. Seguro que el partido de Butarque le ha dado muchas luces, pero también le ha dejado sombras que le quitarán el sueño. Lo bueno es que a pesar de la derrota la clasificación sigue prácticamente igual. La tabla no abre brechas, pero en el próximo partido toca el Atlético Madrid. Quizás ahí llegue la esperada reacción, el momento de dar un golpe de efecto.

¡Quién lo sabe! Lo que está claro es que si la afición sigue dividida entre las formas y el fondo del relevo en el banquillo, mal asunto. Si seguimos en por qué el lunes y no en domingo o sin esperar al martes, continuaremos tan perdidos como el equipo. A nadie le gusta echar, ni que le echen. A partir de ahí, la casuística puede ser tan amplia como cada uno quiera, pero no es lo que ahora importa. Lo que está en juego se llama Osasuna.


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