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Opinión / osasuNAvarra

Navarra ‘is different’

Por José Mª Esparza 15 diciembre, 2015 - 23:36

Quizás sea Navarra, junto con Cataluña, donde los resultados del 20D más se interpreten en función de los anteriores comicios. Además, si estas elecciones resultan impredecibles, por concurridas y abiertas, aquí mucho más.

Ya nos contará algún día Geroa Bai cuánto dinero ha gastado en esta campaña para promocionar el apellido Martínez, el de Koldo. Sin duda, el partido de Uxue Barkos ha alcanzado la mayor presencia en la calle, en la publicidad de pago. Es mucho lo que se juega (la credibilidad de las urnas) en unas elecciones que confirman la singularidad de Navarra en el conjunto de España o con cualquiera de las Comunidades Autónomas circundantes, incluida la vascongada, por supuesto.

La proximidad del reciente vuelco político de mayo todavía escuece a unos y examina a los otros. Los comicios al Congreso de los Diputados se mueven en diferentes registros que los del Parlamento Foral, pero los resultados del 20-D serán analizados con este prisma, y no con otro. Los partidos ya lo hacen así. Todos se juegan mucho más que la presencia numérica en Madrid durante los próximos cuatro años.

El partido más votado no será UPN, sino la coalición UPN-PP, que no es lo mismo. A partir de ahí, todo son conjeturas, desde la posibilidad de tres diputados a la bajar a uno, ambas igual de difíciles, pero no imposibles. Los cerca de 50.000 indecisos aportan un factor riesgo incalculable. Es otra de las singularidades de Navarra, donde hay miedo, pánico, a los resultados de cada partido, y en esta minúscula tierra es donde más compiten. Incluso los partidos que no sacarán escaño (IE/UP, Ciudadanos, y UPyD) se juegan el contar o no para el futuro.

En la coalición UPN-PP no hay más ansiedad de la asumible, sobre todo por lo que ocurra en los otros. Ambas formaciones pasan de puntillas. A cumplir y punto. Dos escaños, adiós y muy buenas... si no hay sobresaltos. La unión hace la fuerza, pero también descubre fisuras que pueden pasar factura.

Por ejemplo, la contundencia del eslogan nacional del PP (España en serio) aquí se ha diluido en el batiburrillo del “No es lo mismo”. Los dos partidos han perdido una ocasión de reivindicarse per se. La cita les ha cogido en mal momento y se nota en cómo venden la Navarra ‘foral y Española’, a la que llegan por caminos tan diferentes. De hecho no está claro que ese fuera el cometido de UPN en esta cita.

Quizás al populista Podemos se le vea el menos nervioso. No aspira a dos diputados y cuenta uno casi seguro. Su campaña ha sido la más discreta, confiados en el tirón de su marca nacional. Ni siquiera la han particularizado aquí, donde renunciaron a un senador (Adolfo Araiz dixit). Su gasto ha sido el viaje de Monedero. Tampoco les ha atacado nadie en su estrategia local, donde más les dolería.

Hay temor en la coalición Bildu. Adolfo Araiz se ha abandonado a sus incondicionales. Confía en sus huestes, en lugar de salir a buscar fuera. Ya no es tan alegre y combativo como práctico. Mal le iría para no sacer un diputado. Su mayor ‘rival’ es Geroa Bai con quien tiene además la disputa del liderazgo nacionalista, que no peligra para los bildutarras.

Quizás por eso su campaña ha sido una de las más discretas, apoyada más en la significación de sus nombres que en la efectividad de un eslogan en el que no creen (Súmate a decidir). En cambio, Geroa Bai pone en juego la validación moral de su presidencia ganada de carambola. Un hundimiento electoral les resultaría letal, y saben que van a las urnas sin su principal activo, Uxue Barkos, desaparecida entre los problemas de Palacio. En el peor de los casos aprovechan la campaña para vender una identificación con Navarra y sus símbolos que resulta provocativa por falsa.

Los partidos nacionalistas se juegan el escaño con el PSN. Uno de los tres lo perderá. Para los socialistas sería una tragedia. A falta del tirón de su candidato local, esperan que la imagen de su líder nacional les haga los deberes, pese a cargar con el peor eslogan de toda la campaña (“Un futuro para la mayoría”). En cualquier caso, a los socialistas navarros se les escapa otra oportunidad de rencontrar el espacio que fagocitó Gabriel Urralburu.

Y ya ha llovido. Pero es otro tema, también parte de la singularidad navarra.


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