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Nadie dijo que sería fácil

Por José Mª Esparza 22 septiembre, 2016 - 23:52

Osasuna dio un paso adelante en su juego durante los primeros cuarenta minutos y, aunque logró igualar el gol adverso a base de garra y empuje, después pesaron más las carencias de equipo que sigue en construcción.

Osasuna salió a por el partido, con más novedades de las previstas, pero con una idea común. Cuajó de inicio un fútbol agresivo, valiente, ambicioso, abierto, coordinado, total. Sin duda, se encontraba en el buen camino. Los goles habrían llegado si el mejor del encuentro no hubiese sido el portero del Espanyol, Diego López. La imagen ofrecida por los rojillos durante los cuarenta primeros minutos abrió la puerta de los sueños.

La victoria era posible, el planteamiento funcionaba. Los cuatro defensas aguantaban con la ayuda de Oier e Imanol García por delante. Y en la parte ofensiva también lo hacía la triple entente Berenguer-Torres-Jaime Romero con Sergio León de espoleta. Más cambios de los anunciados, pero hechos con sentido. Había desfases lógicos: Berenguer sufría lo indecible en el uno contra uno, Fuentes sigue perdiendo demasiado fácil la posición, o a Romero le cuesta leer el partido en función de sus compañeros. No obstante, la mejoría general resultaba notoria. Había velocidad, verticalidad, ocasiones…

Sin embargo, esto es la Primera División. Los presupuestos de equipos como el Espanyol se disparan y, aunque la calidad tampoco sea para jugar la Champions, guardan la suficiente como para no perdonar fallos de niño pequeño, como ocurrió en los goles que anotó, justo los que fue a buscar. En el primero Leo Baptistao remató a placer pese a tener un central, David García, a su lado, y en el segundo el desconcierto resultó general. No es preciso cargar en nadie en concreto, Tano, sobre todo cuando está dando todos en parcelas que tampoco le deberían corresponder. Porque si algo quedó claro ante los ‘pericos’ es que a este equipo se le coge la espalda con una facilidad preocupante, y esto no es solo culpa de los jugadores. De la misma manera que si le cuesta tanto crear peligro tampoco hay que echar la culpa sólo a los delanteros. Ni a las circunstancias. Ni echar balones fuera con tonterías como que el aficionado pide ir los primeros jugando con tres juveniles.

Si el aficionado estaba convencido de algo es que ésta sería una temporada para sufrir, y mucho. Por eso se frotaba los ojos al escuchar al entrenador que era una temporada para disfrutar, o que se sentía feliz tras encajar solo cinco goles en el Bernabéu o que en caso de descenso tampoco pasa nada, que la vida es un sube y baja. Posiblemente, el coaching haya logrado grandes éxitos en la historia de la humanidad como mandado empresas a la tumba pagando sus emolumentos, pero hay que dejarse de milongas, de discursos interesados, de vendehúmos, de engañabobos, y llamar a las cosas por su nombre. Si se han fichado once jugadores será porque, supuestamente, hacían falta y mejoraban lo presente. Si a pesar de ello juegan tres juveniles, será porque el entrenador lo estima necesario, o no se aclara. Él se lo come y él se lo guisa, luego será el responsable de los éxitos y… también de los fracasos. Entre tanto, lo que el osasunismo pide es la permanencia.

Nadie ha dicho que se será fácil, pero tampoco es cuestión de ponerlo más difícil. Con el gol de Baptistao, los rojillos perdieron chance en todos los órdenes. La salida de Oriol repobló la punta, pero la ausencia de Imanol partió el equipo en dos, lo dejó sin equilibrio. La desconexión  resultó llamativa. El equipo se descompensó y la parcela creativa bajó muchos enteros. Llegó el empate a base de intensidad, ganas y empuje, pero el juego no tuvo la fluidez del visto en los cuarenta primeros minutos. Precisamente esa primera parte, con sus luces y sombras, es el gran aporte que deja la derrota ante el Espanyol. Entonces Osasuna dio un paso adelante con respecto a lo visto en las jornadas anteriores. Después volvió a evidenciar que  sigue en proceso de construcción. Pero al menos ya tiene un punto de referencia. Lo malo es que el tiempo pasa. De acuerdo en que resta una eternidad, pero descolgarse pesará como una losa, lograr un equipo conjuntado costará más, y no puede esperar a después de Navidad.


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