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Opinión / osasuNAvarra

El miedo, a partes iguales en Montilivi

Por José Mª Esparza 03 abril, 2016 - 22:16

El Osasuna de Martín volvió a sus orígenes más ancestrales para arrancar un trabajado y merecido punto en el feudo del Girona

Debe resultar terrible salir a jugar con semejante incertidumbre, dándolo todo a cambio de no se sabe qué, posiblemente lo peor. La vida pende de un hilo, y nada la garantiza. Todo lo contrario, lo normal es que el hilo rompa sometido a multitud de presiones y tensiones, y se vayan por la borda tantos anhelos, esfuerzos, ilusiones… El espectador del empate en Montilivi puede dar buena cuenta de lo dicho.

Una vez terminada la primera parte, en la que el Girona llegaba simplemente porque Osasuna no iba, entró el partido en una dinámica donde los pálpitos repartían sensaciones a un lado y otro del resultado final. Nadie podía aventurar si era bueno empatar o no perder, empatar o no ganar.

Dicho de otra forma, una vez lamentado el rebote en el palo largo de la ocasión de Roberto Torres, los análisis diferirán en que a Osasuna se le escapó una victoria pero terminó con merecimientos reales para obtener una igualada que el Girona estuvo a punto de romper en más ocasiones.

Tampoco muchas más. Los hombres de Pablo Machín salieron con tantas precauciones como los de Martín Monreal y, claro, sabido es que dos no riñen si uno no quiere. Pueden mantener los brazos en alto cuanto quieran, pero sin llegar a las manos.

Algo así ocurrió en Montilivi. Demasiado miedo de unos a otros, tanto que sobre el césped los dos dieron por bueno el punto que lucharon por lograr. Ciertamente los locales buscaron algo más, pero solo por empuje y ambiente, y en cierto modo por la mejor conexión que encontraron desde el centro del campo en adelante, algo que le permitió dominar más y mejor el balón que un Osasuna que apenas acertó un par de veces con tres combinaciones seguidas, y no logró cuatro pases enlazados en todo el partido. Defendió en equipo, solo intentó algo más en acciones individuales, y no realizó una propuesta más ambiciosa hasta los minutos finales.

Partido bronco espeso, táctico, intenso, donde cada jugador repartía las miradas entre el balón y cada uno de los rincones del campo con el fin de controlar hasta el mínimo detalle, hasta la extenuación, que allí acabaron todos, es decir, extenuados.

También los aficionados, arrojados a un desenlace incierto, con los puños bien apretados durante dos horas, sabedores de la futilidad del destino pero impotentes para influir en él. La pregunta es ¿por qué? Evidentemente, Osasuna supo competir en Montilivi, como también el Girona, plantado con otra defensa de cinco cada vez que el balón caía en las botas del conjunto navarro. La diferencia estuvo en que mientras los gerundeses buscaban algo más, los rojillos sufrían enconsertados sin otra propuesta que la destructiva.

Hubo cambios en el once inicial, con la intención de recuperar las más viejas esencias del más puro estilo de Enrique Martín Monreal. Se quedó fuera Nino o salió Aitor Buñuel o repitió Otegui, pero en este caso el esquema no dependió de los nombres sino de la propuesta, que supo interpretar como nadie la gran novedad de Montilivi, Manuel Sánchez.

Alguién podrá preguntarse si realmente jugó, porque su labor, la de ahormar la contención, resultó ciertamente desagradecida. Sin embargo, el centrocampista interpretó a la perfección el cometido de Osasuna, oscuro trabajo a destajo de principio a fin, sin brillantez alguna, sin otro premio que el resultado final, que por otra parte no dejará contenta por igual a la toda parroquia osasunista, escamada por jugar a empatar en lugar de a ganar.

No obstante, el Girona venía de vencer 0-3 en La Romareda. Imponía respeto. En el peor de los casos al menos Osasuna sumó un punto, mientras que a todas luces se dejó dos en El Sadar ante el Tenerife, diga lo que diga el entrenador de Campanas, a quien respetamos con la misma convicción que podemos preguntarle

¿Qué  hubiera ocurrido en Montilivi si su equipo hubiera apostado por algo más, jugando desde el principio con la misma artillería pesada y las ideas igual de claras con que se prodigó los diez últimos minutos? Discrepar no significa faltar al respeto. Más aún, ocultar que Osasuna hizo el ridículo en Albacete sería faltar a la verdad. En Montilivi, al menos compitió. Al final de temporada se verá si acertadamente.


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El miedo, a partes iguales en Montilivi