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Mejoría rojilla clara… pero insuficiente

Por José Mª Esparza 10 enero, 2017 - 0:11

El fútbol también consiste en emoción, lucha, alternativas, ganas de vivir, y de todo hubo en El Sadar ante el Valencia, que se adelantó tres veces, falló un penalti y pudo perder ante el empuje de los hombres de Vasiljevic.

Lo mejor del empate ante el Valencia se llama entrega, fe en sí mismos, no bajar los brazos, en fin, confianza en un futuro mejor. Tres veces fueron los rojillos a remolque del marcador, y las tres se rehicieron, plantaron cara y marcaron gol, sin duda lo mejor de la noche: el reecuentro con el área y la red del equipo rival. El fútbol regresó a El Sadar, pero no tanto en toque y movimientos de balón como de la salsa que ha hecho grande a este deporte. De hecho, pudo ganar el nuevo Osasuna de Vasiljevic, que ofreció una mejoría en cuanto a prestaciones futbolísticas y sobre todo anímicas. La permanencia se pone un pelín más difícil en la tabla clasificatoria, en el sentido de que se perdieron otros dos puntos, pero menos inasequible si el equipo sigue con las espadas en alto como ante el lacónico conjunto ché, que pagó su excesivo conformismo con lo que creyó tener hecho.

En primer lugar, es preciso aducir un apunte ambiental. En los cuatro primeros minutos el Valencia pudo marcar tres goles. La grada tiene derecho y motivos para expresar su desacuerdo con el mundo, llámese palco, cuerpo técnico o jugadores. Por supuesto. Ahora bien, el equipo sobre el césped, que es lo que verdaderamente importa, pagó muy caro esos minutos iniciales de desconcierto baja la única sinfonía envolvente de los silbidos. Perdió el norte. Quizás hubiera sido más adecuado que los silbidos llegaran cuatro minutos antes, y también los gritos de ánimo que afloraron ya con el marcador en contra. Este Osasuna, que no es de Sabalza, ni de Martín, Caparrós o Vasiljevic, sino de todos, se está jugando la vida en un estado de extrema debilidad.

En cuanto al estreno del nuevo técnico, Pedja Vasiljevic, hubo novedades. La más curiosa, el ‘manguerazo’ durante el descanso, en pro de un juego más veloz. También sorprendió en el esquema táctico. Jugó con tres centrales, pero adelantó a los dos laterales, de tal forma que Unai García e Iván Márquez cubrieron las bandas casi de continuo. Otra novedad defensiva la aportó la presencia de Oier en el eje de la zaga, donde triunfó en el Celta. Como pivotes, prácticamente hubo uno, Imanol García, alineado a la altura de los teóricos laterales Berenguer y Clerc, que coronó su gran labor, fundamentalmente ofensiva, con el gol del empate en el descuento. El esquema, que hasta aquí podría concretarse en un 3-3, permitió a Causic y Roberto Torres jugar más ofensivos, por delante de Imanol, aportar más en la creación y enlazar con los dos puntas con más fluidez que la acostumbrada.

En cuanto a la punta de ataque, merece un comentario más detenido. El nuevo entrenador volvió a apostar por Sergio León y Oriol Riera, como su antecesor. De salida funcionaron mejor que de costumbre, se repartieron los espacios a derecha e izquierda, con Oriol ligeramente por delante. Como además, el centro del campo estuvo más poblado y mejor ocupado, parecía que les llegarían más balones que de costumbre. Sin embargo, poco a poco ambos dos volvieron a sus antiguos vicios, a diluirse en la nada, Oriol refugiado en un trabajo oscuro de contención y Sergio León en una lucha solitaria contra el mundo, con el que además parece estar reñido. Hubo fases del encuentro en que Osasuna jugó con diez. No extrañó que ‘Vasi’ optara por cambiar a los dos de golpe, por Jaime Romero (que nunca será un buen jugador si no se cansa de regatear a su sombra) y Kenan Kodro... ¡Qué se le va a hacer!

El dispositivo táctico funcionó. El equipo mostró un orden que resultó más eficaz, en el sentido que pisó área con peligro. La mejoría resultó clara, pero también insuficiente. Pocas veces tendrá enfrente Osasuna a un equipo tan anodino, despersonalizado y apático como este Valencia, claramente vulnerable. Los rojillos supieron jugarle, le hicieron daño, e incluso pudieron ganarle con una pizca más de suerte (autogol de Oriol, ocasiones claras falladas), pero también estuvieron a punto de perder si Mario no detiene un penalti a Parejo, que habría supuesto en 2-4 cuando el partido se había vuelto casi loco, descontrolado. Así que la conclusión resulta diáfana, este plantel da lo que puede. Toca esperar refuerzos.

Hay vida, hay esperanza. El equipo sigue vivo. Volvió a puntuar y se reencontró con la portería contraria. Habrá quien valores este empate como un alargar la agonía. Sin embargo, hay posibilidades. La próxima final se llama Granada, donde además de la reconstrucción anímica iniciada ante el Valencia debe sumar algo más que un punto. A ver.


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Mejoría rojilla clara… pero insuficiente