Opinión / osasuNAvarra

Mejoría insuficiente

Por José Mª Esparza 01 octubre, 2016 - 22:38

Osasuna bordó la primera parte con trabajo, presión y dos goles, el de Sergio León para enmarcar, pero a continuación entregó el balón al Las Palmas, renunció a la presión, comenzó a achicar balones, y lo pagó caro.

La victoria se resiste. Duelen los dos puntos que se escaparon de El Sadar, también por los jugadores, tras el esfuerzo que realizaron. Esto es la Primera, habrá que decir de nuevo. En esta categoría no basta con marcar dos goles, sino que también es preciso saber conservarlos, y lo cierto es que Osasuna no supo. Los rivales atesoran la calidad suficiente como para abrir murallas cerradas a cal y canto. El Las Palmas es uno de ellos. De hecho pudo llegar el empate en cualquier acción ofensiva anterior de los canarios. Costará levantarse anímicamente de este varapalo, pero hay tiempo. El parón debe servir para volver a cargar las pilas, además de ahondar en la construcción del equipo, tarea en la que hubo pasos adelante.

Una pena de empate, pero guarda una explicación clara. El partido pronto se le puso muy de cara a Osasuna. La mano de Boateng premió la decidida salida de los hombres de Martín, que seguidamente dieron tres pasos atrás, si bien manteniendo la presión, disputando los balones, y con una estrategia muy clara al contragolpe, que también obtuvo su premio en el golazo de Sergio León. Bingo. Un partido así no podía escaparse. La primera victoria se cantaba. Sin embargo, el comienzo de la segunda mitad poca relación guardó con el final de la primera. Osasuna comenzaba a predecir su angustioso final, en lugar de gerenciar su ventaja incomodando más al  conjunto de Setién. Además, los cambios consolidaron el estado de las cosas, sin una reacción para cambiar la dinámica hasta la salida de Olavide en el minuto 80.

 El Las Palmas se adueñó del balón, es decir, del juego, mientras los rojillos les esperaban en su zona, renunciando a la presión, al robo de pelotas, y pronto, demasiado temprano, con más de media hora por delante, sin otra solución que el achique de balones. Si los ataques canarios de la primera mitad apenas resultaron fluidos, los de la segunda se asemejaron a un concierto sinfónico, con Roque Mesa de brillante director. Un excepcional ejercicio de batuta. Ya había alertado Santiago Zuza del peligro del centrocampista canario y, pese al aviso, le dejaron hacer a su antojo. Durante el primer tiempo ya se vio  que por Roque Mesa pasaban todos los balones, pero al menos no los pudo distribuir con comodidad, entre otras cosas porque Fausto Tienza estuvo más preocupado de él, pero es que en la segunda hizo y deshizo con total impunidad, por todo el campo, hasta consumar el fiasco rojillo.

Volver a empezar. El tiempo que con tan poca elegancia pierden los jugadores, ahora se le volvió en contra a Osasuna, que con dos minutos por delante quiso hacer todo a lo que renunció en los 45 anteriores. Y aún gozó de una buena ocasión en una carrera de Jaime Romero, que había salido de refresco por Sergio León para tratar de emularle. Pero no. Antes, mucho antes, disfrutando de dos goles a favor y cuando los canarios se sentían más incómodos en El Sadar,  es cuando debieron intentar matar el partido.

Por otra parte, el  tercer empate de la temporada dará más pistas a Martín Monreal de por dónde deberá continuar la construcción del equipo. NO se trata de polemizar sobre cantera o fichajes, niño que ya es hora ya de senta bases válidas, eficaces. Hay que ganar. Cambiar tanto de esquema y también de jugadores (ante el Las Palmas de nuevo otro montón de novedades) no consiguen ni mantener en alerta a la plantilla ni en estado de refresco a los jugadores. Todo lo contrario, despistan, denotan inseguridad en la confección del equipo o de la estrategia. Dejan a las claras que no se ha dado con la tecla, ni en cuanto a la partitura a interpretar ni con los mejores ejecutores de la misma, y menos todavía a aprenderla de memoria. En este sentido, vendrán muy bien estos quince días previos a la vistita de Ipurúa. Queda mucho trabajo por hacer.


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