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Opinión / osasuNAvarra

Martínez, comisario político

Por José Mª Esparza 20 enero, 2016 - 0:42

A medida que avanzan los meses, el propio Gobierno arroja más pistas sobre su funcionamiento y motivaciones.

Que Adolfo Araiz es el brazo duro del Gobierno ya era sabido. Mueve los hilos de Bildu y Podemos, desde su puesto de líder pensante en la sombra. En cambio, no resultaban del todo conocidas las claves con que Koldo Martínez se mueve en el entramado del cuatripartito, duda que ha despejado él mismo en estos últimos días.

Se le vio como el brazo derecho de Uxue Barkos durante las negociaciones del acuerdo programático, y llenó Navarra entera con su foto de aspirante a diputado en las Cortes españolas, pero no acababa de dejar clara su labor en Geroa Bai. Hoy sabemos que, además de portavoz, ejerce de comisario político.

Vaya por delante que resulta aburrido escribir de este Gobierno. Todo acaba siendo un más de lo mismo, leña al mono. Mejor dejar pasar tiempo, conceder el margen prudente de confianza. Parece aconsejable una buena dosis de comprensión. No se ven igual las cosas desde la oposición que desde las tareas de gobierno. No son los mismos criterios, ni la misma responsabilidad. También resulta comprensible la fogosidad inicial tras tantos y tantos años de labor opositora. Lógico.

Son tantas las decepciones acumuladas, el desgaste, que no extraña que la ansiedad cause estragos. No obstante, resultan de tal calibre los errores del cuatripartito de Uxue Barkos que inmediatamente desatan un tsunami de desaprobaciones. Además, cuando no es el Gobierno, le toca al Ayuntamiento de Pamplona, consiguiendo un efecto amplificador de las torpezas.

La presidenta lo sabe. No deja de apagar fuegos, o al menos intentarlo. Llamó, por ejemplo, a los padres del PAI y le salieron de la reunión convocando  movilizaciones. No resulta fácil. Sin embargo, claro, debería preguntarse por qué ejerce tanto de bombera en vez de presidenta. Y no vale responderse con que se trata de pataletas de la “Navarra católica, foral y española”, como simplifica Martínez al más puro estilo del concejal Abaurrea.

Ha sacado una sola Ley en este tiempo, y vaya Ley, la de la Reforma Fiscal, pero con sus disposiciones ya ha incendiado Navarra entera, desde Baztán (Aroztegia) a la Ribera (sin canal), pasando por Esteribar (Magnesitas).

No viene al caso repasar la retahíla entera, pese a que no se puede hacer más en menos, o menos en más, según lo mire. La presidenta se encuentra desbordada, se quiera o no, por su falta de control, de autoridad, y de orden y concierto dentro de su Gobierno.

El último incendio ha sido el provocado por el guipuzcoano Martínez. En los pasillos del Parlamento era vox populi su autoría de la iniciativa para suprimir el convenio con la Universidad de Navarra, pero tenía tantas ganas que no ha podido contenerse y lo ha gritado en la red con sus despectivos comentarios. Le han perdido sus vísceras en el fondo de la cuestión y en las formas con que ha presumido.

Mucho resentimiento y nula visión de Estado. Sabido es que Martínez ha sufrido mucho en su vida, que en política lo ha intentado todo desde que quiso ser alcalde de Pamplona en 1991, que en el último año ha acumulado más frustraciones personales (ni alcalde, ni consejero, ni diputado), o que su visión ‘bioética’ de la vida nada coincide con la de esa Navarra que desprecia en su twitter y no le vota. De ahí a vengarse de semejante forma hay un paso que mejor pensarlo mucho antes de darlo, so pena de caer en el más puro sectarismo. En el totalitarismo, en la cremación de todo cuanto moleste. Puro comisariado político.

No es cuestión aquí de entrar en la guerra de cifras, que cada cual creerá las que más le convengan, ni de consecuencias, que parecen bien claras. La supresión del convenio obedece a criterios puramente políticos que nada consideran qué significa para Navarra su segunda empresa, sea en IRPF, IVA, servicios, empleos directos e indirectos, cultura, mejoras sociales, investigación, hostelería, turismo, o en un montón de intangibles como el prestigio, la publicidad de pasear el nombre de Navarra en el mejor centro universitario privado o la mejor clínica europea, algo de lo que por ejemplo la prensa de Euskadi presumía a doble página (“Una clínica vasca la mejor de Europa”). No se trata de respetar privilegios sino de actuar con inteligencia, con sentido común, de construir y no destruir. En fin, siempre se ha dicho que es de bien nacidos ser agradecidos, pero tampoco. Todo eso a Koldo le debe provocar severos dolores de tripas.

Una última consideración. Recuérdese la última campaña electoral, en la que Martínez   pidió defender Navarra. ¿Qué Navarra? ¿la que excluye y ataca? ¡Todavía no ha entendido que Navarra es una!

Afortunadamente, el comisario político volvió a fracasar.


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