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Pero Martín seguirá feliz

Por José Mª Esparza 25 septiembre, 2016 - 21:44

Osasuna titubea, esconde su personalidad y naufraga. Resulta difícil saber a qué quiso jugar en Villarreal, donde pudo salir escaldado si el equipo local no se da por satisfecho con sus tres goles.

Osasuna no carrula. Apenas suma dos puntos de 18 posibles, y sigue sin dar una imagen coherente de equipo cohesionado. Además, en Villarreal dio un paso atrás en su construcción. Volvió a repetir errores y puso muy difícil averiguar a qué quiso jugar. Todavía habrá quien siga preguntándose, por ejemplo, si salió con cuatro defensas o, más probablemente, con seis (tres centrales y cuatro laterales), para en cualquier caso encajar tres goles con una endeblez preocupante. Pese a la acumulación de laterales, los rivales entraban y paseaban por el carril izquierdo como si fuera el pasillo de su casa.  Por si fuera poco, a esta defensa se le coge la espalda con una facilidad sonrojante. Asumen demasiados riesgos tan adelantada y denota falta de convicción para solventarlos.

En medio del desbarajuste defensivo con seis hombres en pleno desconcierto, trabados entre sí, la labor de creación también bajó enteros. A Roberto Torres, que efectivamente tiene mucho fútbol en sus pies, le hace falta un referente a su lado para rendir a satisfacción, y Fran Mérida sigue sin aparecer. Además, a ninguno de los dos se le puede exigir que sostengan a su línea defensiva. Adelante, cara y cruz. Repitió detalles Sergio León, que gusta y aporta, pero el paso de Riviere cada jornada recuerda más al de Urko Vera. La imagen de equipo resultó tan confusa, tan desacertada, que en los primeros minutos de la segunda parte tuvo que ser corregida en profundidad.

No resultaba precisamente difícil mejorar en la segunda mitad, ya que la primera dejó el listón en los fosos del vestuario. El esquema volvió a un planteamiento más lógico, principalmente recomponiendo el centro del campo con Oier, y dando otro aire a la creación con Olavide, que trabajó a destajo por todo el césped. Además, las correrías de Romero aportaron en ataque. Pero claro, todo es relativo. Hay que ser realistas. El rival también cuenta, y en este caso el Villarreal se dedicó a esperar. Su victoria no peligraba para nada y cedió el balón para evitar cualquier tipo de desgaste. En tal tesitura, lo más lógico era que el resultado no se moviera, y no se movió.

En definitiva, Osasuna dio un preocupante paso atrás. Ahondó sus problemas defensivos, y sigue sin aclarar los conceptos ofensivos. Alargó su proceso de construcción, cuando apenas suma dos puntos en seis jornadas. La excusa más socorrida son las once incorporaciones, pero claro el Leganés fichó a catorce, y a 18 el Alavés. Hay tiempo, por supuesto, pero preocupa la situación creada. Osasuna se descuelga en la tabla, y eso escuece mucho, porque el equipo no arranca. Martín empezó la pasada campaña bien humilde, pertrechado atrás y a ver qué pasa adelante. En cambio,  en este año  solo fue reconocible su estilo en Málaga, él único lugar donde le ha ido bien. Después, ha dado la cara y se la han partido una y otra vez.

Pero Martín sigue feliz, y saca pecho. Está bien ser positivo o poner buena cara al mal tiempo,  pero nunca esconder la realidad desde lo alto del atril. Se le puede romper. Claro que frustrados están los que juegan en Segunda, pero ése no es el problema ahora. A este paso lo será en junio. Claro que es un drama “un nene en silla de ruedas”, pero también sumar dos puntos de 18 posibles. El técnico de Campanas dice: “Que no nos vengan a torpedear con chorradas y tonterías, porque es la pera”, señalando a quienes no “han conseguido ser entrenador, futbolistas o más cosas”. En fin, craso error. El verdadero problema es que sigue sin resolver los problemas, y no le gusta que se lo digan.  No acepta la presión y, quizás por ello,  en el campo también brilla por su ausencia.


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Pero Martín seguirá feliz