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La remontada salió "De las Cuevas"

Por José Mª Esparza 22 mayo, 2016 - 22:21

Las lagunas defensivas iniciales fueron superadas gracias a la oportunidad del gol que acortó distancias a los dos minutos, a la entrada de Miguel de las Cuevas, y a un inconmensurable Mikel Merino.

En ocasiones no resulta oportuna entrar a diseccionar estrategias o debilidades. Hay que disfrutar de la victoria, y punto. Es lo que toca tras una remontada como la sufrida y disfrutada ante el Numancia, que deja tres puntos fundamentales para seguir soñando.

Tras el fiasco de los dos últimos empates, Osasuna sigue vivo. En todo lo que va de temporada habíamos  visto un partido igual en emoción, intensidad, resultado… Porque fútbol  son los tiralíneas trazados entre Iniesta y Messi, o la transmisión de Ronaldo y Bale, pero también la pasión, la vida, que genera un partido como el de Osasuna ante el Numancia. No obstante, al final hablamos de fútbol, y la pelotita no suele llegar a destino si no se le facilita el camino a recorrer.

Osasuna echó toda la carne en el asador, y obtuvo su trabajada recompensa en forma de tres puntos vitales. Mucho tuvo que ver el planteamiento de Martín, apostando por fin por la victoria, en lugar de por el empate y a ver qué pasa, pero sobre todo hay que elogiar la entrega del equipo, que superó las lagunas iniciales.

Porque, vaya comienzo… agua por doquier. El Numancia salió mejor posicionado, y fundamentalmente con las ideas más claras. Tres goles anotaron los sorianos antes de cumplirse el cuarto de hora aprovechando el desconcierto defensivo rojillo.  Menos mal que el primero fue anulado, y las ganas de Merino contrarrestaron  el tercero dos minutos después. Si no, posiblemente hablaríamos ahora de un desaguisado histórico.

Como ya estaba anunciado, Martín alineó una defensa de cuatro, con Tano de comodín entre la parcela central y el lateral derecho. Lo malo es que en realidad se trató de una línea de cinco defensores cuando el Numancia tenía el balón en propiedad, ya que a Merino le tocaba meterse entonces en el centro de la contención como quinto defensor. Además, esa línea esperaba adelantada, y con el centro del campo sin guardar la distancia prudencial.

El banquillo numantino lo vio claro. Le bastó colocar dos o tres hombres junto a esa línea de cinco rojilla para pillarle la espalda a placer, principalmente por la zona de Merino, que no está acostumbrado a lidiar también esos marrones. Quizás resultara más adecuado dejarle esta tarea a Oier, de nuevo encargado de una labor creativa como media punta en la que también sufre abundantes apuros.

El caso es que la hecatombe no llegó. Tras el 0-2, Martín quizás viera que con Nino adelante las posibilidades de éxito resultaban muy limitadas, mandó calentar a Urko Vera, aunque prefirió seguir con el planteamiento inicial tras acortar distancias. Osasuna entraba de nuevo en un partido que se había puesto imposible, pero que se atascó durante una hora de juego. Demasiado tiempo habiendo tanto en juego.

Al Numancia le bastó cortar las bandas de Olavide y Berenguer, ya que Iñigo Pérez se hizo con la batuta en el centro del campo cortando así las conexiones rojillas. Por cierto, el Numancia no se jugaba nada, y seguro que no estaba primado, pero ciertamente se dejó el alma en cada balón. Vinieron a ganar, algo que vieron tan asequible que se replegaron en exceso, y lo pagaron.  In extremis, pero lo pagaron.

Tras el primer gol de Merino, la remontada rojilla la hicieron posible dos circunstancias más. La primera, el movimiento de Martín quemando naves. Quitó a Tano por Urko Vera, pero los males seguían en forma de fútbol plano.

El centro del campo no se imponía, porque Merino seguía igual de repartido, pese a que Oier se puso en el lateral. El técnico terminó de  solucionar recomponiendo el dibujo con la entrada de De las Cuevas, quien revolucionó el juego definitivamente.

Dio poso al centro del campo local, rompió la línea de contención numantina con su verticalidad, y movió a sus compañeros con otra alegría. En unos minutos cambió el escenario del partido. Se reivindicó.

Osasuna debe mucho a Miguel de las Cuevas, el hombre que más fútbol tiene de la plantilla, pero que solo puede repartir a cuentagotas. Gracias a él, también Mikel Merino repartió responsabilidades en la creación, y todo circuló mejor.

El primero forzó el penalti, y el segundo metió su segundo gol con el corazón, un premio a la generosidad que regaló durante todo el partido, toda la temporada. Impagable. Ahí lo dejamos, en el 3-2. No merece la pena emborronar tres puntos tan importantes entrando en nuevas declaraciones fuera de tono del técnico en sus intervenciones previas al partido. 


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