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Lo mejor de la Copa, que se acabó

Por José Mª Esparza 21 septiembre, 2017 - 7:58

Osasuna tiró la eliminatoria en la primera parte y, como tampoco acertó a reconducir el partido en la segunda, queda obligado a centrarse en la Liga.

Partido de Copa del Rey entre el Cádiz y Osasuna Foto CA OSASUNA 5
Partido de Copa del Rey entre el Cádiz y Osasuna Foto CA OSASUNA 5

Es lo acostumbrado a oír en estos casos, que lo importante es la Liga, donde uno se juega las perras, y  que afortunadamente ahora toca pensar exclusivamente en ella. No deja de ser un consuelo, si bien el de los pobres, el de aquellos que no optan a mucho más. Evidentemente, Osasuna no estaba llamado a ganar la Copa, ni siquiera a disputarla, pero de ahí a caer con una imagen tan pobre dista un abismo. Puede resultar comprensible no salir de copas, pero al menos un miserablee ‘juevintxo’… Ni siquiera. En la primera eliminatoria el equipo de Diego Martínez acumuló en El Sadar todos los deméritos para caer en el tiempo reglamentado y, o sorprendía con un giro copernicano, o firmaría el desenlace más lógico en el Ramón de Carranza, como así ha ocurrido.

La anunciada revolución para Cádiz quedó reducida a una defensa de navarros, habitual la temporada pasada en Primera (Buñuel, los García y Oier), y la entrada del canterano Miguel Díaz en el ataque. A partir de ahí, lo que cada cual quiera imaginar, caso de los locutores de televisión, que repitieron hasta la saciedad que Sebas Coris jugó como lateral izquierdo de quinto defensa. Ciertamente estuvo muy replegado toda la primera mitad y resultó un auténtico coladero en una banda que no había sido nunca la suya en encuentros anteriores. En cambio, el resto del once, con el doble pivote Torró-Arzura, con De las cuevas en la organización, y con David Rodríguez arriba, la alineación podría ser la de cualquier jornada.

Y, efectivamente, el equipo se comportó como cualquier otro partido. El gol encajado antes de la media hora, ciertamente evitable, con David Barral rematando a placer libre de marca un centro desde la banda coladero en defensa, la izquierda, pareció más un accidente que motivo suficiente para decidir la eliminatoria. El equipo navarro jugó toda la primera parte igual, antes que después del gol, como si de un partido amistoso se tratara. Tenía el balón, pero no conducía al área, ni creaba peligro, ni encadenaba pases o apuntaba velocidad. Todo lo contrario que el Cádiz que se hartó de llegar, siempre por su banda derecha, es decir, la izquierda de Osasuna.

En la segunda parte hubo una reacción de salida, con más peligro en cinco minutos que en los 45 anteriores, pero de nuevo la contienda se igualó. Hubo mayor verticalidad gracias a que Coris y Buñuel gozaron de mayor libertad para recorrer la banda, y también gracias a la entrada de Fran Mérida con órdenes de ayudar a De las Cuevas para enlazar arriba, línea reforzada con la incorporación de Quique González. Sin duda, Diego Martínez obtuvo más presencia arriba, pero el Cádiz, que también alineó un once alternativo, no pasó apuros. Más aún, estuvo más cerca de sentenciar la eliminatoria que Osasuna de llevarnos a una prórroga que habría resultado un castigo. Ya sufrimos la del Albacete. Lo mejor que dejó el Carranza es que no hizo falta alargar el sufrimiento media hora más.

La Copa ya es historia. ¿Qué deja? Lo primero de todo, la sensación de que, salvo detalles, el equipo muestra un comportamiento similar con cualquiera de las alineaciones, algo preocupante porque no estaríamos hablando tanto del comportamiento individual de los jugadores, que por lo demás acabaron fundidos físicamente en el Carranza tras el trabajo realizado, como de que los sistemas del entrenador no acaban de cuajar. Efectivamente, con Aridane posiblemente no habría marcado Barral ese gol, pero la lentitud generalizada o las dificultades para pisar área son las mismas juegue quien juegue. Hay futbolistas para hacer dos equipos completamente distintos y, en el fondo, igual de competitivos, pero no se ha logrado en ninguno de los dos. Por todo esto, la Copa apenas ha dejado algunos detalles, caso de las entradas de Mateo en el once o de Aitor Buñuel, Miguel Díaz o Kike Barja en el césped, que el tiempo dirá si resultan un puro guiño a la galería o pasan de anecdóticas. Ya lo explicará Fran Canal.


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