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El liderazgo en Navarra (IV): Ana Beltrán, sobresaliente en la oposición

Por José Mª Esparza 10 marzo, 2017 - 8:55

El PSN, que desde Urralburu anda huérfano, quiere consolidar a un líder como sea, mientras que el PPN gana por goleada el suyo con Ana Beltrán, y Ciudadanos parece que ya lo ha encontrado en Pérez Nievas

Ana Beltrán (PP), María Chivite (PSN) y Pérez-Nievas (Ciudadanos).
Ana Beltrán (PP), María Chivite (PSN) y Pérez-Nievas (Ciudadanos).

La carrera ascendente de la popular Ana Beltrán la catapulta en estos momentos a ser la imagen más visible de los partidos de la oposición al ‘Cuatripartito’. Por representación e historia debería corresponder este papel a UPN o PSN, pero la imagen de esta bodeguera zaragozana emerge gracias a su acción continuada y contundente. Tiene las ideas claras, estrategia definida, debate, propone, fiscaliza, no deja pasar oportunidad y, como en su partido solo aparece ella, sobresale más que el resto de los opositores a Uxue Barkos, pese a carecer del peso político de éstos.

No se encuentra en la misma tesitura la socióloga María Chivite, la líder del PSN. No lidera con el mismo arrojo. Lucha denodadamente entre el quiero y el no debo, el ser y el estar, lo que fui y cuanto debería ser, la imaginación y la realidad. A priori, el diagnóstico psiquiátrico hablaría de esquizofrenia, pero no va por ahí. Busca un limbo imposible. Grave error,  porque las convicciones nunca las debería definir el marketing sino la conciencia, si es que se tiene. A partir de ahí, y solo desde entonces, es cuando habría que hablar de estrategias.

Serio problema el del liderazgo del PSN, que desde Gabriel Urralburu, y ya ha llovido desde entonces, sigue sin encontrar y consolidar a un dirigente a la altura de su trayectoria histórica. A lo largo de tres décadas ha atravesado las más variadas situaciones aunque el peso de sus siglas logra mantenerlo a flote, pero sin repuntar. Desde que cayó, no ha conseguido levantarse. Sin embargo, Navarra necesita un PSN fuerte, como pedía Miguel Sanz y, digámoslo de forma suave, no acertó a valorar Yolanda Barcina, factor influyente en la caída del anterior líder Roberto Jiménez. Ahora, con María Chivite, el PSN sigue sin encontrar su espacio electoral. El partido es la fiel fotografía de su líder, y ambos carecen de definición, de una apuesta decidida. Si en Navarra actuaran con la misma decisión con que porfían para el liderato en el PSOE, gozarían de otro reconocimiento político a ambos lados de su torre de cristal.  

Chivite actúa en función de lo que hacen desde su derecha o izquierda. No marca sus territorios, espera a ver cuál le dejan. Su máxima consiste en no mezclarse con unos o con otros, diferenciarse de la derecha sin contaminarse de nacionalismo. En fin, eso no es líderar. Se trata simplemente de aguantar el tipo. El líder se adelanta, abre camino sin temor a no se sabe qué. Queda por conocer el margen de mejora de la líder socialista, si es que lo hay. Ha madurado desde que apareció, pero se ha estancado después. No rompe. 

Si María Chivite resultara una líder de garantías, es decir, más allá de prestar una estabilidad necesaria a su partido, que no es poco, aprovecharía mejor, por ejemplo, las limitaciones de UPN para liderar la oposición ante la opinión pública. Sería la imagen de la oposición que le arrebata en los medios Beltrán. Y mira que lo tiene fácil. Pero no, Chivite no golpea, ni rompe y rasga. Tiene demasiado miedo a equivocarse, y por tanto carece de iniciativa. A cambio, dosifica dulcemente sus dulces apariciones. Debilidad, blandenguería, falta de liderazgo. Si optara por un sesgo más agresivo, más clarificador, sería mucho más líder de su partido, y también en Navarra.

Uxue Barkos quiere a María Chivite. La necesita y se agarra a ella como tabla de salvación para las próximas elecciones. Un acuerdo de Geroa Bai y PSN que liderara la formación de nuevo Gobierno condenaría a UPN a seguir en la oposición. Por eso le echó los tejos con la elaboración de los últimos presupuestos, pero como la presidenta no manda nada, el arquitecto del cuatripartito, Adolfo Araiz, paralizó la iniciativa. Un jarro de agua fría para las dos.

Por lo demás, superada la última crisis, la que situó a Maite Esporrín en labores municipales, a María Chivite no le inquieta a día de hoy ninguna rebelión interna dentro de un partido necesitado de estabilidad. Únicamente la apuesta más agresiva de Amanda Acedo podría estar agazapada hoy fuera de la foto. El tiempo, es decir, las primarias, lo dirán. También  influirá el resultado del próximo congreso del PSOE, para el que la jefa de los socialistas navarros se ha decantado abiertamente por la candidatura de Pedro Sánchez, lo que le podría pasar factura en caso de derrota. El liderazgo de un partido nacional dentro de una Comunidad territorial siempre tiene estos problemas. Lo saben de sobra en el PSN, y también en el PPN.

El Partido Popular, PPN, tiene un difícil papel en Navarra. Para los nacionalistas sobra, como le espetó el Komisario Martínez’, pero es que desde el otro lado también piensan lo mismo. Ambos hablando desde las vísceras, claro. Sin embargo el PPN guarda su espacio sociológico en Navarra, minoritario pero evidente. Hablamos de un partido hasta en precario. Desde su refundación todavía no han dado con la estructura directiva prevista en sus estatutos, y es que en Madrid poco les ha interesa el PPN más allá de la refundación del sucursalismo. Con Ana Beltrán, única candidata, a presidirlo, puede cambiar la situación. Rajoy se ha fijado en ella.   

En cuanto al liderazgo el PPN ha pasado por las fases más diversas desde su última puesta en escena. Últimamente andaba centrado entre el presidente de su gestora, el presidente del ICO Pablo Zalba, y la portavoz en el Parlamento, la aragonesa omnipresente, todo un ejercicio de actividad. La pena es que tantas veces, demasiadas, se queda en el cliché, en el estereotipo de su figura y su partido. Aun así, en UPN la deberían mirar con envidia, al menos por su capacidad de trabajo. Pero ahora no toca. De UPN hablaremos otro día.

Parecía que Pablo Zalba iba a plantarle batalla por la presidencia, una batalla en la poco tenía que hacer después de no salir concejal en Pamplona. Quiso presentarse Juan Antonio Extremera, pero le ocurrió algo parecido al no reunir los avales necesarios. Mejor para él, que habría perdido por goleada, y de esta forma Beltrán les ha asegurado a él y su equipo plaza en el futuro equipo de Gobierno. Todo un detalle como la líder que ya es.

Nos falta Ciudadanos, que suma más de dos años de funcionamiento, y al igual que el PPN, no han consolidado su estructura. La ausencia de un líder tiene la culpa. Tras las últimas elecciones forales dimitieron Diego Paños y su equipo, y ahí siguen, a la búsqueda de quien les guíe para encontrar su espacio electoral en el Viejo Reyno. Chocan con su label antifuerista, pero han dado con Carlos Pérez Nievas, heredero de una tradición carlista familiar. Un auténtico camaleón político el tudelano, hombre inteligente, y hábil para saber dónde colocarse. Ya lo hizo en el CDN, donde alcanzó consejería de Educación, y está dispuesto a repetir con Ciudadanos, sabedor que en los últimos comicios quedó a medio centenar de votos para dar un vuelco total al resultado electoral que encumbró al ‘cuatripartito’.  De hecho, Pérez Nievas ya lidera las manifestaciones públicas en Navarra de la formación de Albert Rivera.


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