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Dos no juegan si uno, el Getafe de Bordalás, no quiere

Por José Mª Esparza 05 julio, 2020 - 22:30

Partido calcado al de la primera vuelta, con doscientas pérdidas de balón y 40 faltas, juegotrabado y sin tiros a puerta. Osasuna neutralizó al Getafe y viceversa.

José Bordalás durante el partido entre Osasuna y Getafe correspondiente a la jornada 34 de la Liga jugado en El Sadar de Pamplona. MIGUEL OSÉS
José Bordalás durante el partido entre Osasuna y Getafe correspondiente a la jornada 34 de la Liga jugado en El Sadar de Pamplona. MIGUEL OSÉS

Merecido empate sin goles. Por llegadas, Osasuna buscó algo más que el Getafe la portería rival. Los rojillos no tiraron a puerta en toda la primera mitad, ni los madrileños en la segunda, en la que Arrasate quiso estar más incisivo en el tramo final. Dio la impresión que reservó su arsenal para el último periodo de juego, en el que prácticamente su once tipo de la temporada correteó sobre el césped. Pero sin delanteros. A la ausencia obligada de Enric Gallego, se sumó en los primeros minutos la de Marc Cardona. Sin un nueve de referencia no llegó el gol.

Quien haya visto el partido sin ser aficionado al fútbol jurará no volver a ver otro en toda su vida. En la primera parte solo hubo un tiro a puerta, un remate de cabeza del Getafe. En la segunda, tres llegadicas un poco mordidas de Osasuna. Ahí se acabó el partido en las áreas. Los veinte futbolistas de campo merodearon continuamente la parcela central con defensas adelantadas, presión constante, asfixia al contrario, sin dejarle pensar, ni jugar. La estadística resulta reveladora: cuarenta faltas, más de doscientas pérdidas de balón, nueve tarjetas amarillas. Fútbol trabado, táctico, soporífero.

El equipo de Arrasate resultó reconocible en el primer cuarto de hora y en diez minutos de la segunda mitad. En el resto del tiempo, jugó a ser como el Getafe, que también tiene su parte de mérito. Ocurrió como en la primera vuelta, y con el mismo resultado sin goles. El técnico Pepe Bordalás volvió a beber de su pócima, pero esta vez le supo más rica por aquello de jugar a domicilio y terminar más cerca del objetivo europeo. Lamentable, por cicatero, representante de la Liga en el fútbol continental.

La acción más vistosa del encuentro fue el autogol anulado a Chema, que marcó a su portero desde cerca del centro del campo. El fuera de juego de Arnáiz dio al traste con él. Algún malintencionado dirá que así privó a Osasuna de la victoria. Por cierto, que este jugador no acaba de romper. Mejoró algo casi por obligación, porque se vio impelido a intervenir casi por derribo, dada la penuria de atacantes. No coge presencia en el juego, ni acierta a crear peligro. En fin, otra vez sin pena ni gloria. Alternó de banda con Barja, que sí estuvo más activo, desbordó y creó peligro.

Decíamos que dio la impresión de que Arrasate planeó el encuentro para resolverlo en el arreón final, una vez cansado el rival, con el partido roto y los jugones sobre el césped. Pero tampoco. Si el tiempo de juego se alarga más, probablemente solo habría alimentado las estadísticas negativas de ambos conjuntos, equidistantes también ellas. Los goles nunca habrían llamado a la puerta. No era su día. El teórico delantero centro del cuadro madrileño jugaba de lateral derecho. En fin, queda el consuelo de esperar que los cuatro partidos que restan serán mejores.


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