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Indar Gorri, Fran Canal, y Osasuna

Por José Mª Esparza 02 marzo, 2018 - 9:12

El querido club rojillo debe decidir quién manda en él: si la directiva, si el grupo de aficionados radikales o un ‘factótum’ que obvia a los primeros para a través de los segundos campar a sus anchas.

El director general de Osasuna, Fran Canal. IÑIGO ALZUGARAY
El director general de Osasuna, Fran Canal. IÑIGO ALZUGARAY

¿Quién manda en Osasuna? Sería la pregunta. La respuesta pertenece al socio, al aficionado. Pero no. La directiva, teórica elección del pueblo soberano, se encuentra fagocitada por un señor, Fran Canal, el ‘factótum’, que unas veces interpretando los deseos de su junta, a la que no respeta, y otras buscando sus intereses, tiene secuestrado a un club que presume de estar en manos de sus socios.

De nuevo, nada más lejos de la realidad. En estos momentos Osasuna se encuentra en manos de un sector de su afición, la más radikal, que encuentra en el ‘factótum’ al interlocutor ideal para campar también a sus anchas.

Efectivamente, unos y otros se entienden y comprenden. La historia viene de atrás, de lejos, desde el paso por la Gestora de Marino Zulet, destacado aficionado de Graderío Sur, pero toma forma concreta cuando hace dos años Fran Canal pacta con este mismo sector de la afición la lista de compromisarios. La negocia. Hacemos listas, y acordamos a quiénes votar.

El control de la asamblea pasó a estar en manos de lo que hoy se llama Sadar Bizirik, eufemismo que esconde las siglas no registradas de Indar Gorri, y más desdeque  la semana pasada la Federación de Peñas decidió desembarazarse de este montaje.

Yo te doy y tú me das. Lo último que ha concedido Canal, el euskera en web o en redes sociales, a cambio del ‘sí’ en la asamblea de este sábado. Personalmente, estoy a favor de la presencia de la ‘lingua navarrorum’ en donde haga falta, en instituciones públicas o privadas. Pero de la misma manera que considero aberrante su utilización política, siempre frentista, tampoco veo acertada su imposición a un club por parte de un sector que, por ejemplo, para entendernos, predica contra el racismo al tiempo que canta ‘españoles kampora’. Pero eso a Fran Canal se la trae al pairo. Allá se entiendan estos navarros. Como gilipollas, y sin enterarnos.

Si la directiva opta por el euskera, olé tus güevos. Le aplaudo y apoyo. A Luis Sabalza le firmé mi aval. Pero no a Fran Canal. Eso nunca. Se lo entregué a Sabalza para que gobierne él, no para que lo regale a intereses espurios que ni él controla.

¿Cómo tolera, lo ha hecho a posteriori, una reunión a sus espaldas del citado grupo radikal con el director general, el financiero, el deportivo, el entrenador, secretario técnico, y el monaguillo, el directivo que se va pero siempre se queda y ahí sigue, mirando al palco?. ¿Cómo permite una junta directiva, un presidente, semejante ninguneo, tamaño insulto al sentido común y a su persona?

No dudo de la capacidad de gestión del ‘factótum’. Ahí está. Salta a la vista. Por ello los socios le pagamos sueldo, objetivos y variables. Cumplió aquello para lo que se le contrató, pero ahora cruza líneas rojas, porque le dejan extralimitarse.

"Mientras él haga, aunque sea sin control, yo vivo cómodo", puede pensar cualquier directivo, cuando realmente invita a interpretar que no saben hacer la ‘o’ con un canuto. Yo te doy, tú me das. Yo no permito a la policía tocar tus pancartas, pero en la asamblea tú no me tocas los cojones como Cabasés

Desgraciadamente, las asambleas de Osasuna han dejado de ser lo que fueron. El socio bienintencionado no tiene nada que hacer. Le callan, como sucedió en la reforma de estatutos. Al único socio que habló en contra del golpe de estado de las exigencias estatutarias, le cortaron aduciendo que allí se votaba la chapuza de reforma global, no puntos concretos.

Y si surge un imprevisto, caso de la propuesta de fecha de elecciones en octubre en la asamblea siguiente, ‘el factótum’ pide un receso, baja de la mesa, habla con sus amigos, y asunto concluido, que ya fichará para el Promesas a quien sea preciso, mientras el clan de los gallegos planifica la temporada que más les interese.

Fran Canal, según autos del procedimiento, les paga la megafonía, y hay más. Facilita a imputados entradas VIP al Calderón sin enseñar DNI, al tiempo que su despacho de la zona noble de El Sadar es el suyo.

Está bien pactar, buscar el bien de todos a base de diálogo, cesiones y entendimiento, pero esto es otra cosa. Una merienda de negros. ¿Qué ocurrirá, por ejemplo, cuando Sabalza se vaya, o le echen?

Nadie podrá concurrir a unas elecciones, porque resulta imposible cumplir las exigencias estatutarias del aval, a no ser que un capitalista se haga dueño del club por una módica cantidad o el monaguillo del ‘factótum’ haya vuelto a la directiva y no necesite avalar, claro.

Y Fran Canal feliz, el club seguiría siendo suyo. Felicidad también en los Indar Gorri, que sostienen el cotarro. Hacemos el paripé pidiendo transparencia en la recompra, votamos como diga Canal, y entradas de gratolari por aquí y viajes por la patilla por allá.

Y Osasuna sin enterarse.


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