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La importancia de los genes y de algo más

Por José Mª Esparza 06 octubre, 2019 - 9:31

El gol inicial del Villarreal puso a trabajar a Osasuna a destajo, pero hasta que el golazo de Roncaglia desatascó el juego y funcionó el triángulo Mérida-Torres-Rubén no llegó la remontada.

Partido entre Osasuna y Villarreal en El sadar de Pamplona. MIGUEL OSÉS
Partido entre Osasuna y Villarreal en El sadar de Pamplona. MIGUEL OSÉS

Memorable victoria, partido completo, con climax, bemoles, juego. Venía un rival con nombre, afamado por su buen fútbol. El Villarreal metía miedo, o cuando menos respeto. Goleó al Betis que aquí se le atragantó a Osasuna. Por si fuera poco, el temprano gol en contra puso las cosas más difíciles todavía. Nubló las ideas rojillas. Removió los ánimos. La facilidad con que marcó el ‘submarino’ sembró dudas, temores. Por todas esas cosas, y por muchas más, gustó más la victoria, fraguada paso a paso, con sangre, sudor y lágrimas, dando vueltas de tuerca, intentándolo de mil formas. En fin, no extrañó que se disfrutara hasta el infinito, porque vino acompañada de fútbol. El Sadar rugió y estalló. Una fiesta.

El Villarreal tuvo todo de cara. Encontrarse con un gol a los cuatro minutos le facilitó enormemente sus pretensiones. Se sintió cómodo, como si no le importara que Osasuna se adueñara del balón. Confiaba demasiado en sí mismo, en la fortaleza de su media docena de torres, tanto que se dio cuenta demasiado tarde de que cayó en la trampa que él mismo se tendió. Marchar al descanso con ventaja en el marcador le hizo confundirse todavía más, porque Osasuna, que intentó todo en esa primera parte, apenas logró nada de cara a la portería.

Tanto lo intentó Osasuna y tan poco logró que los amarillos pensaron que el partido no se les iría, sin percibir que por otra parte ellos habían desaparecido en la creación porque Osasuna les había cortocircuitado, tapado sus líneas, anulado a sus principales hombres. A los rojillos les pudieron entrar dudas en cuanto al nivel de su juego, incapaz de adentrarse en el área rival, pero tenían mucho ganado. El partido se parecía mucho al de la primera parte del Ciutat de Valencia, o al del Betis pero con un tanto en contra. No obstante, aunque la lucha, la disciplina, el trabajo no daban frutos, y al juego le faltaba claridad, ideas nuevas, chispa, como equipo ya se había impuesto con claridad sobre el rival.

Decíamos que al menos Osasuna había logrado tapar al  Villarreal. Algo es algo, y esto no resultó nada baladí. El verse cerrado atrás tiene un peligro importantísimo y es que una jugada acertada del contrario te hace un roto. Si encima te das cuenta entonces de la cantidad de recursos que has perdido y que ya te resulta casi imposible recuperar, quedas hundido en la más absoluta miseria. Todo esto y mucho más logró el golazo de Facundo Roncaglia. Cambió el partido. Dio confianza a los rojillos, y luz. Les dijo que iban en el buen camino, y que, ahora sí, la victoria era posible porque era el único equipo que jugaba a fútbol.

No es que Osasuna cambiara de sistema en la segunda parte, es que el gol le desatascó. Las transiciones empezaron a funcionar, los cambios de juego a meterse en el área castellonense, las triangulaciones mareaban a los levantinos. Los rojillos se dieron cuenta de que el Villarreal no era tan temible, que lo tenía a su merced, y se fueron hacia arriba con todos sus bemoles, su intensidad y… su fútbol. Para remontar a un equipo como el de la cerámica es preciso jugar bien a fútbol. Cuanto en la primera parte hizo aflorar los nervios en rendimientos individuales provocó delirios de felicidad en la segunda.

Es de justicia mencionar las paradas de Rubén, la solidez de los centrales Aridane y Roncaglia, las prestaciones en ataque de los laterales Nacho Vidal y Estupiñán, el liderazgo de Mérida, el trabajo oscuro de Oier, el poso de Roberto Torres, los aportes de calidad de Adrián. Y además, ante ‘el submarino’ los cambios mejoraron el rendimiento coral del conjunto, ayudaron a  rentabilizar el gol de Ezequiel Ávila. Menos mal que anotó el Chimy. A estas alturas de su vida futbolística no le vamos a pedir que cambie su idiosincrasia, pero sí que se tranquilice, que a veces es mejor correr un poco menos y pensar un poco más. Así podrá marcar muchos más golazos como el que hizo al Villarreal, empezando por el nuevo mano a mano fallido. Y también facilitará que marquen los demás. Bastará con mirar a los lados en lugar de su fijación sistemática en la portería.

Falta hablar de Rubén García. Definitivamente ha vuelto. Ante el Villarreal cuajó su mejor partido. Ha reinventado su fútbol. Regatea menos, entra menos entre líneas. A cambio, trabaja mucho más, se ofrece por todo el campo, se abre banda, ancha el campo, o lo achica, y ha recuperado la magia con el balón en el pie. De sus pases ya podemos esperar algo. A este equipo, al sistema de Jagoba Arrasate, le hace falta Rubén García para tener chispa. Necesita el triángulo Mérida-Torres-Rubén para no ser previsible. Para además de genes presumir de calidad.
 

POST DATA. Osasuna es mucho más que lo futbolístico (8). Visto el incumplimiento interesado de dar a votar los cinco proyectos presentados a la reforma de El Sadar, en lugar los uno a tres preceptivos, hoy tocaba hablar del segundo incumplimiento de la normativa, que anunciaba que el socio votaría en día de partido y no fue así. Sin embargo, hoy no hablaremos de la ‘democracia digital’. Vayamos al parón liguero con el retrogusto de tan importante victoria.


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