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No fue para tanto, demasiado castigo en el Insular

Por José Mª Esparza 12 Enero, 2019 - 21:08

Prometía la apuesta más ofensiva de Arrasate en feudo de un rival directo, que no encontró ni el consuelo de un resultado más acorde con lo visto sobre el césped. Si Osasuna quiere crecer, debe ir por ahí.

Imagen del partido entre Las Palmas y Osasuna. LALIGA 123
Imagen del partido entre Las Palmas y Osasuna. LALIGA 123

Osasuna dio la cara. No decepcionó. Falló el resultado, demasiado castigo para unos y generoso premio para otros. No pasa nada. Los pupilos de Jagoba Arrasate se hicieron con el balón y sabían qué hacer con él, pero carecieron de llegada tanto posicional como efectiva. Además, también pagaron desajustes defensivos ya conocidos. No obstante, a pesar de todo lo dicho, Osasuna mereció más. Al menos, un mejor resultado de cara a un hipotético golaveraje. Desde el primer minuto, salió a ganar, sin especulaciones, por la vía directa. Y dio la impresión que podía lograrlo. Hay que seguir por ahí.

Los tres goles encajados dieron al traste con todo planteamiento previo. Destrozaron los planes. No tanto por encajarlos, fruto de las circunstancias, diríamos, del acierto puntual, como por la forma en que llegaron, cuando los rojillos cuajaban un partido bonito, abierto, decidido, vertical, vivo… pero que apenas había encontrado el premio de un tiro al larguero. Casi rompe la madera, pero no la red. Una pena, porque hasta entonces había hecho todo bien el equipo de Jagoba Arrasate. Si Osasuna levanta el 3-0, el harrijatsozaile de Iñaki Perurena en Peru-Harri se quedaría pequeño. Los rojillos merecerían uno tan grande como las pirámides de Abu-Simbel.

Tras el primer gol, una jugada fortuita, meritoria pero aislada, no se descompuso el conjunto navarro, que siguió a lo suyo, sin merma anímica alguna. Sin embargo, el segundo tanto sí pesó. Y hundió el tercero, que ya obligó a reciclar conceptos. Los jugadores vieron imposible la victoria y, por encima de aciertos puntuales de Las Palmas, los espectadores lamentaron la endeblez defensiva, bajo diversos puntos de vista. En primer lugar, la defensa jugó abierta, adelantada, confiada. Las cuatro primeras veces que los isleños cogieron el balón se plantaron delante de portería, y la perforaron tres. En seis llegadas, cuatro goles.

En segundo, faltó presión. El cuadro canario deja jugar, y de ello se beneficiaron los rojillos, que hasta encajar el primer gol doblaban en posesión de balón a los locales. Sin embargo, los rojillos quizás se sintieron tan dueños de la pelota que olvidaron que el rival también sabe jugar, y no le cortaron las vías, le dejaron pensar, jugar relativamente cómodo a la contra. No defendieron todos. En tercer lugar, topamos con la apuesta que Jagoba preparó para el estadio Insular, la alineación de los tres centrocampistas, que merece un análisis más detenido.

El entrenador Jagoba Arrasate alineó por primera vez a los tres centrocampistas Oier, Mérida e Iñigo Perez, con Torres y Rubén García por delante, y Juan Villar en punta. Si a la nómina mencionada añadimos a dos laterales ofensivos como Nacho Vidal y Clerc, la apuesta resultaba claramente ambiciosa. Y así pareció. Han pasado a la historia aquellas primeras mitades de no jugar a nada. Desde el principio, Osasuna salió a mandar, a resolver, algo cien por cien plausible. Y así se hizo dueño del partido, del juego. Sin embargo, la apuesta entrañó sus riesgos. No quedó clara la conexión con la línea de atrás y se perdió punch adelante.

Con la señalada línea de tres centrocampistas difícilmente se le podía escapar el balón a Osasuna, pero sus posesiones no encontraron respuesta adelante. Lo bordó Rubén García entre líneas, pero careció de referencias para mandar el balón. A Juan Villar se le acumuló el trabajo y no pudo realizar lo que realmente sabe: su juego. Rara vez se encontró donde hubiese deseado, de tal forma que el equipo careció de una referencia junto al área pequeña. Llegó, pero sin mucha capacidad de apuntillar.

Meritorio el remonte anímico de la segunda mitad a pesar del 3-0. Tardó Jagoba en realizar los cambios porque, pese a las ganas de al menos de maquillar el resultado, el equipo se encontraba enquistado estructuralmente. Quería pero, pese a las apariencias, no podía. Sufrían los isleños, pero sin ver que peligrara su reencuentro con el triunfo. En cualquier caso, tampoco hay que echar ninguna culpa a la línea al trivote de centrocampistas. Debe ser una solución a futuro una vez bien engrasada.

Unas veces se gana, y otras el esfuerzo acaba en derrota. Lo importante en uno y otro caso es dejar buenas sensaciones, dar la cara, luchar a ganar. Así ocurrió en el Insular de Las Palmas. Nada que reprochar a la derrota. Simplemente, aprender de detalles, engrasar mejor la maquinaria, conseguir que cada jugador se encuentre feliz en su sitio, con los papeles claros, sin colisionar con el de al lado, sumando todos. La derrota debe ayudar a crecer para adentro. Nada más. Únicamente, reseñar que este domingo, primero después de la festividad de Reyes, termina la Navidad. Entramos en el tiempo ordinario con la comida todavía sin digerir.


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