Opinión / osasuNAvarra

Fran Canal, el factótum de Osasuna

Por José Mª Esparza 18 junio, 2017 - 8:54

Un presidente electo puede mandar bien, mal o regular, pero no ejerce si delega en persona ajena que aparece cuando le place, hace lo que quiere, sin rendir debidas cuentas, y encima a 15.000 euros al mes más incentivos variados. Desgobierno de uno y chollo para el otro.

Fran Canal, director general de Osasuna y Luis Sabalza, presidente del club. IÑIGO ALZUGARAY
Fran Canal, director general de Osasuna y Luis Sabalza, presidente del club. IÑIGO ALZUGARAY

A Luis Sabalza ya solo le queda Fidel Medrano del equipo inicial. Algo falla. La Junta directiva a quien el socio entregó la gestión del club toca fondo. Una gran parte de la culpa recae en Fran Canal, que no conoce esta tierra y juega con la idiosincrasia de Osasuna. Así lo ha denunciado el ya exvicepresidente Pedro Baile.

La falta de un modelo de club, a la par que un alarmante vacío de poder, ha entregado el desgobierno a un señor extraño, que hace y deshace sin que nadie le diga basta. La pena es que Osasuna ha culminado en manos de su nuevo factótum la peor temporada de su historia, y aquí nadie rinde cuentas.

Osasuna es uno más de los negocios de Fran Canal. Más de treinta le contabilizó Baile. Nadie le controla. Unas semanas pasa en El Sadar tres, cinco o siete días, y otras ninguno. Nadie conoce las horas reales que dedica al club o a dirigir desde aquí los compromisos de su empresa. Siempre va a lo suyo. Imposible saber si por ocuparse de Osasuna incluye el tiempo que pasa vendiendo favores a cambio de que le faciliten lo que busca. Contenta a unos y otros para pasar de puntillas y labrarse el futuro soñado. Se mueve felinamente en las distancias cortas, y sabe sobre todo con quién hacerlo.

Llegó para tres meses y va camino de los tres años. Auditoría, reestructuración interna, dirección general, y… factótum. El primer año dejó el fracaso a las elecciones de la FNF, un barro en el que nunca debió entrar Osasuna, y sigue pagando caro, pero con el que buscaba méritos personales en la LFP. Ahí, tras la expulsión de Blanco y Lafón, empezó a tejer su tela de araña culminada con la firma de nuevo contrato, presentado el día de la comida navideña con la prensa. Robó relevancia a la Junta Directiva, relegada a la foto del brindis y sin un mensaje a transmitir, para quedarse con todo el protagonismo. Solo le faltó decir Osasuna soy yo.

Para mandar, Canal necesita quitar y poner piezas. Defenestrado Baile por sus desencuentros, en Alfonso Ramírez encontró a su peón fiel. Le nombró escudero y portavoz al mismo tiempo, le facilitó su presentación pública, y le ha correspondido con sumo entusiasmo como correa de transmisión. Al margen de la labor soterrada dentro del club, por ejemplo en todo lo que rodeó al trabajo y destitución de Caparrós y ascenso de Vasiljevic-Alfredo, o cómo ha articulado el patrocinio del Xota sin pasar por Junta, hay un hecho que confirma la condición de factótum del director general actual.

A la vista salta que los estatutos, con contradicciones y faltas de ortografía, le importaban tres puñetas. Los pactó con las fuerzas vivas de Graderío Sur que controlan la asamblea y el ambiente del estadio, limitándose él a allanar el camino para que esta directiva no avale, puro engaño porque ahí manda la LFP. No obstante, lo que Fran Canal buscaba fue asegurarse cuatro años más, los del Centenario de club con toda su parafernalia. Mucha pasta. La campaña contra Vasiljevic  y la Junta durante los días previos le puso en bandeja convencer a los directivos remolones con la propuesta y justificación del adelanto electoral.

A día de hoy, Fran Canal se ha hecho de facto dueño del club. Lo maneja como quiere. Ha conseguido que la junta directiva le consienta cuanto propone o decide directamente, y además le ha hurtado la iniciativa y capacidad de gestión. Y da miedo, porque su ambición no parece tener límites. Claro que El Sadar, que ni es del club ni cumple normativa alguna de seguridad interna o de estética externa, necesita una puesta a punto, pero de ahí a la megalomanía de un estadio en Antoniutti con 80 millones en el aire dista un abismo. ¿Hasta dónde se dispararían, por ejemplo, los incentivos? ¿O simplemente se trataba de otra baza electoral a olvidar después, como el plan para Tajonar todavía sin trazar? Más le valdría centrar esfuerzos en un proyecto para la próxima temporada, pura entelequia a día de hoy.

Afirmó Juan Ramón Lafón que un reparto de funciones en la junta directiva haría innecesaria la figura de Fran Canal, y ahora la salida de Pedro Baile confirma tales palabras. Una junta directiva con funciones y mando no resulta incompatible con la figura de un director general al servicio del club, de la misma manera que también existe un director financiero. Hay que concretar atributos y rendir cuentas, trazar planes de trabajo con la exigencia de cumplirlos. Debe funcionar la pirámide de mando y gestión. Si no, Osasuna siempre resultará ingobernable, o mal gobernado, como ahora por quien se erige a sí mismo en factótum y causa el desgobierno.


  • Los comentarios que falten el respeto y que no se ciñan al tema de la noticia, podrán ser eliminados.
  • Cada usuario será el único responsable de sus comentarios.
Fran Canal, el factótum de Osasuna