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A falta de juego, puntos y más canteranos

Por José Mª Esparza 17 octubre, 2015 - 23:48

El Albacete, más veterano, supo posicionarse mejor en el campo, y mereció al menos empatar. Pero el palo mandó a la red un balón de Nino, y Nauzet detuvo un penalti. El resto del partido hay que concedérselo a la afición.

Los manchegos supieron hacerse con el control del juego, pero tampoco destacaron por su efectividad, sino que simplemente mantuvieron sus posiciones, y la veteranía les añadió un plus suficiente para que Osasuna terminara pidiendo la hora. Y poco más, en uno y otro conjunto. La diferencia la puso el público, que llevó en volandas a los rojillos. Gracias a ese apoyo pudieron mantener el empuje a lo largo de los noventa minutos, porque si algo tiene este Osasuna, al menos mientras siga la racha positiva, es eso, corazón. Las ganas le dan la fe, la rasmia, su tenacidad.

A Osasuna le salvó jugar en casa. Gracias a la afición sacó adelante un partido en el que no tuvo nada de claros los tres puntos. Un empate no habría resultado a nadie, y Martín supo verlo. Su corazón tembló en reiteradas ocasiones. No le salían las cuentas en sus paseos por la grada. Después de una semana de ‘coaching’ y promesas canteranas, el discurso se le podía ir al garete en cualquier momento. El penalti fallado por Rubén Cruz fue una, pero el aficionado se quedó sin pulsaciones más veces, porque el equipo de Martín carecía de ideas y medios para cerrar un partido que los manchegos siempre tuvieron abierto. En esa tesitura, el técnico navarro se la jugó con sendos golpes de efecto.

A falta de juego, y por si acaso cortaban la euforia los hombres de Luis César Sampedro, el de Campanas se la jugó con dos canteranos. Dado lo encallado que se encontraba el partido, en su lugar hizo debutar a Otegui y, en las postrimerías, a Javi Martínez.  Se la jugó en cierto modo, pero sabía lo que hacía. Ninguno de los sustituidos eran especialistas en labores defensivas,  y tampoco los nuevos, pero si ayudaban a validar el gol de Nino, mejor que mejor. Si no, pues a disfrutar con el estreno de otros dos canteranos noveles, y todos tan contentos. Otro tema del que hablar. En fútbol no solo cuentan los goles, ni los puntos. Hay que saber generar ilusión como sea.

El caso es que el partido prometió en su inicio. El primer minuto de juego fue el mejor de los vistos en esta temporada. Primero llegó Osasuna en una jugada trenzada que Berenguer remató de chilena. A continuación el Albacete buscó las cosquillas a la defensa navarra entrándoles por tres huecos distintos. Cada equipo exhibía sus armas y el juego prometía emociones fuertes. De seguir los dos así, se preparaba un partido de muchos kilates, con fútbol y goles. Después no resultó así. La velocidad endiablada de esas dos primeras acciones dio paso a un excesivo centrocampismo, sin presión de ninguno de los dos conjuntos, en el que los manchegos hacían valer su posicionamiento para ejercer un mayor fútbol control y maniatar el  verticalismo del equipo navarro.

No hubo mucha más historia. Como el Albacete tampoco puso una marcha más a su juego, Osasuna se fue sintiendo relativamente cómodo con el paso de los minutos. Podía pasar de todo, como demuestra el penalti, pero allí estuvo Nauzet, coreado al final como nuevo ídolo de Graderío Sur, a donde acudieron al final del encuentro los jugadores para agradecerles su apoyo en El Sadar y en Mendizorroza.  También Nino quedará como otro nombre propio de la victoria que permite mantener el liderato, pero esta vez fue sustituido, aunque fuera al final. Y es que el jugador almeriense, pieza incuestionable en este equipo, también muestra su cara  oscura, especialmente cuando el partido acaba por superarle. Pero ésa es otra historia. Ahora toca disfrutar el valor de su gol, es decir, de otros tres puntos en la buchaca.


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