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El estilo Camacho hunde más a Osasuna

Por José Mª Esparza 19 diciembre, 2020 - 22:46

Un punto de 21 posibles. Otra inapelable derrota en El Sadar, más colistas. El comisario político puede explicarlo en otra superproducción de su macro equipo, “Un ‘centenario’ triunfal”, de nuevo con el ‘factotum’ de protagonista estelar.

Partido entre Osasuna y Villarreal correspondiente a la jornada número 14 jugado en el estadio de El Sadar de Pamplona. MIGUEL OSÉS
Partido entre Osasuna y Villarreal correspondiente a la jornada número 14 jugado en el estadio de El Sadar de Pamplona. MIGUEL OSÉS

Definitivamente, el Osasuna 2020-21 no se reconoce en el estilo al que nos había acostumbrado Jagoba Arrasate, que ha retrocedido años en la memoria del osasunismo al regresar al sistema del patadón que planteó Camacho, con el riesgo añadido de una endeblez defensiva preocupante.

Ante el Villarreal volvió a fraguar su merecida derrota en un gol temprano fruto de otro fallo defensivo. Resulta muy fácil, demasiado, cogerle la espalda sea por mala colocación, despistes o errores de conexión. El segundo gol repitió el sonrojo, y en medio la expulsión de Aridane, tan excesiva como desesperada la acción defensiva fruto del desbarajuste.

Arrasate se ha entregado a un juego directo que recuerda al de los peores tiempos de Camacho por estos lares. Se la juega a que dos delanteros cojan los balones largos o los centros a la olla. En cada partido resultan más raras las llegadas al área con el balón abajo, jugado y controlado. El centro del campo trabaja a destajo, pero desaparece en eficacia, imposible de saber si juega adelante o atrás. No conduce, ni manda. El equipo, perdido en su falta de juego, sin confianza, transmite una imagen rota, partida en dos.

Pena por la imagen que dio Osasuna ante el Villarreal, corriendo a no se sabe dónde, detrás del balón, detrás de los rondos de los amarillos, agotado sin llegar a ninguna parte. El rearme tras el penalti que regaló Yeremi resultó poco creíble, puro espejismo. Salieron nuevos jugadores, hubo empuje, ganas de épica, pero nada más. El ´submarino´, que no sufrió apuro alguno y pudo golear con anterioridad, marcó el tercero en el momento que lo buscó. Así de fácil, así de triste. O el equipo cambia, también de sistema de juego, o le da la vuelta al mismo, o se va más y más. Urge el rearme anímico, pero más todavía una reflexión desde el banquillo. El jugador necesita confianza.

El andaluz Jorge Figueroa Vázquez no tuvo su mejor día. Desprendió un tufillo que olía mal, y el VAR también. La roja a Aridane parece muy exagerada, se tragó el agarrón de Albiol, y no trazaron la raya en el tercer tanto, en posible fuera de juego. En fin, suele ocurrir.

Al colista le toca lidiar contra sí mismo, contra el rival, y contra las circunstancias. Desgraciadamente, deja de depender de sí mismo, queda a merced de los caprichos del destino. Su vulnerabilidad resulta manifiesta, entre otras cosas por la poca trascendencia de las injusticias cometidas contra él.

Pero Osasuna no puede refugiarse en los imponderables. Debe revertir su situación con autocrítica y jugando el balón. Se quejan los perdedores, y el equipo navarro no lo es. Además, queda mucha Liga, una eternidad. Hay tiempo de sobra, la tabla clasificatoria todavía no se ha roto. Una victoria cambia todo. Claro que llegará más fácil recuperando el estilo de juego perdido. Se acumulan los partidos sin siquiera tirar a puerta. Ante el Villarreal, en una sola ocasión, la del penalti. Esto no puede seguir así. Llevaría al suicidio.

Por otra parte, hace un año tuvo lugar el estreno de la película publicitaria del staff ‘Somos un equipo’. Sería bueno que el comisario político y su macro equipo preparen ahora otro donde los mismos protagonistas, con el ‘factotum’ igualmente en el papel estelar, expliquen este desaguisado. ‘Un centenario triunfal’ lo pueden titular, dándole el aire propagandístico que tanto le gusta al jefe de los chicos de prensa.

También la comisión de control de económico le hace diversas observaciones relacionadas con la falta de información, y podría apuntar otra más titulada ‘Diez millones’, por lo menos para acallar el runrún. Debe quedar claro que el balance se ajusta a la realidad de las cuentas. Viva la transparencia, sobre todo cuando escasea.


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