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Esto ya no es fútbol, nos lo han cambiado, se llama VAR

Por José Mª Esparza 03 noviembre, 2019 - 20:34

Merecido triunfo de Osasuna, inapelable ante un Alavés que, desbordado, medio tiró la toalla. La pena es que el 4-2 no se disfrutó como merecía. En cualquier momento el VAR te quita el gusto.

El árbitro Munuera Montero y Juan Villar en el partido Osasuna - Alavés (4-2). PABLO LASAOSA.
El árbitro Munuera Montero y Juan Villar en el partido Osasuna - Alavés (4-2). PABLO LASAOSA.

Vaya por delante la satisfacción por el récord de los 31 partidos, los tres puntos sumados, la imagen de solvencia dada en El Sadar, el exquisito juego cuando es preciso recurrir a él, la eficaz ampliación de la plantilla con ‘nuevas’ incorporaciones continuadas, el reencuentro cada partido más feliz de Rubén García consigo mismo, la excelencia de Pervis Estupiñán y de Nacho Vidal, que merecieron el gol.

En fin, hay mucho y bueno para ensalzar de este Osasuna de Jagoba Arrasate, que ha sabido reinventarse en Primera para regalarnos las mismas alegrías que en Segunda, y por la vía rápida. Hace un año le costó arrancar, pero es que en esta temporada carrula como un sputnik.

Sin embargo, el partido no fue casi nada de lo dicho. Lo bueno pasó desapercibido, escondido detrás del VAR. La generación incorporada al fútbol esta temporada crecerá con el VAR como algo normal. Sin embargo, para los de siempre esto no es lo mismo. Prometo que hubo quien tuvo que mirar al electrónico para saber el resultado o incluso recordarlo.

Esto de explotar de alegría ante un gol que has visto claro y a continuación congelar las emociones, o que tras cinco minutos de parón el árbitro te regale un penalti que, por claro que lo pille la tele, ni siquiera habías intuido, te corta el ritmo, el climax, el sabor de un partido. No guarda ninguna relación con la inmediatez, con el sobresalto, con el cabreo del día siguiente tras consultar en la moviola cuanto te han birlado. Esto no es como siempre hemos vivido y entendido un partido de fútbol.

Nadie puede ni debe negar que el VAR impone mayor justicia en el fútbol y que esto iguala a los equipos, es decir, beneficia a los modestos, caso de Osasuna, a quien el VAR le ha dado más de lo que le ha quitado desde el mismísimo arranque de Liga en Leganés.

Históricamente le pitaban un penalti a favor en cada vuelta, mientras que solo ante el Alavés le señalaron dos. Pero no es eso. Hasta puede quedarte la sensación de que has conseguido en la tele lo que no has sido capaz de obtener sobre el césped. El fútbol era otra cosa, con sus virtudes y sus defectos.

El VAR obliga a cambiar ahora la óptica, a rediseñar el fútbol. Si el árbitro detiene siete minutos el juego y prolonga tres, por ir al dato más objetivo, algo falla. No es normal que en dos partidos protagonice Osasuna cinco penaltis.

Así que la victoria sobre el Alavés resultó tan contundente como rara. Se trató de un partido distinto, sin las coordenadas habituales, con otras distintas. Hasta una jugada tan accidental como la falta cometida por Fran Mérida en el tramo final, merecedora de una amarilla clara, nos tuvo en vilo porque el VAR revisó la roja, que no fue, aunque curiosamente fue la vez que el árbitro se acercó a la moviola.

Más justicia, de acuerdo, pero hay que perfeccionar el sistema. La victoria ante el Alavés quedó algo descafeinada, por lo menos en el terreno de las emociones. Por supuesto que Osasuna salió merecidamente aplaudido, pero este partido de 4-2 era de haber saltado al campo a abrazar a los jugadores.

Inquietó el Alavés, aunque solo en el inicio, en la primera parte. Se notó que tenía muy estudiado a Osasuna. Incluso se acercó, sembró peligro y creó dudas en los rojillos, muy lejos, por ejemplo, del arranque frente al Valencia. Le costó a Osasuna imponerse, y no lo consiguió hasta el pasado el cuarto de hora con un gol que, como no podía ser otra forma, revisó el VAR.

A partir de ahí, sucesión de goles hasta el 4-2, en la que los vitorianos querían acercarse pero nunca más volvieron a inquietar. Por lo demás, ¿qué quedó? A destacar dos cosas, además de los tres puntos, y van 18. Primero, la contundencia, la pegada cuando se dudaba de ella, cuatro goles con cuatro autores y sensación de victoria cómoda. Segundo, los cambios en el once con el mismo comportamiento del equipo. No entro en individualidades como la reinvención del Chimy, sino en el hecho de que cambiando los nombres, incluidas las sustituciones, el resultado no varía.

POST DATA. Osasuna es mucho más que lo futbolístico (12). Volvemos a El Sadar, donde habíamos quedado en la democracia digital. Como ya dijimos, el segundo incumplimiento en el pliego de condiciones para el concurso de proyectos, fue el referido al día y forma de votación. Las bases pedían la votación en día de partido. Por tanto, obligaban al voto sobre urnas y, supuestamente, conteo ante notario. Pero no. ‘Factotum’ y quien le hace de comisario político decidieron que mejor el voto electrónico, ése que el Barcelona echó abajo en su última asamblea por inseguro y, por tanto, manipulable. En cambio, el sistema gustó a quienes controlaron el proceso de El Sadar. ¿Por qué? Muy fácil. Lo veremos.


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