Opinión / osasuNAvarra

Otro empate que sabe a demasiado poco

Por José Mª Esparza 21 septiembre, 2019 - 9:43

El Betis, muy controlado, dio una penosa imagen en El Sadar, mientras a Osasuna apenas le faltó el gol para coronar una intensa sesión nocturna de fútbol.

El Chimy Ávila se lamenta de una de las ocasiones falladas durante el partido correspondiente a la jornada 5 entre Osasuna y Betis jugado en El Sadar. MIGUEL OSÉS
El Chimy Ávila se lamenta de una de las ocasiones falladas durante el partido correspondiente a la jornada 5 entre Osasuna y Betis jugado en El Sadar. MIGUEL OSÉS

El gol es lo que cuenta en el fútbol, lo más caro. Cuarenta millones se gastó el Betis en Borja Iglesias, y apenas tocó bola en El Sadar. En cambio, los rojillos dispusieron de ocasiones claras, clarísimas, para cerrar una victoria más que merecida. La grada, no obstante, disfrutó con un partido intenso, táctico, vistoso, abierto, con ritmo. ¡Qué pena que no llegara el gol! El estadio se habría caído después de disfrutar con el juego, la entrega, el carácter. Bastará recordar el contragolpe de final de la primera parte, con media docena de colorados frente a dos defensas béticos, para confirmar que, pese a perder dos puntos, mereció la pena. Hacía muchos años que no se veía una jugada ni parecida, de frotarse los ojos.

El Betis, que pudo sorprender en algunas acciones aisladas, sabía lo que le esperaba, y guardó la defensa con tres o cuatro hombres posicionales aunque el balón estuviera en la otra punta, para impedir el juego directo que Jagoba Arrasate practica este curso. A cambio, Osasuna sometió a un férreo marcaje a Borja Iglesias, y mantuvo a raya la medular verdiblanca hasta asfixiarla. Una vergüenza ver a los hombres de Rubi tirar la toalla tan pronto. Casi toda la segunda mitad se dedicó el cuadro sevillano a perder tiempo de forma descarada. Sus cambios no escondieron un cariz defensivo, llevándose en ellos a dos hombres clave en la creación: Guardado y Fekir, el bético de más calidad, mientras que el otro cerebrito, Canales, también tapado, anduvo demasiado intermitente.

Por su parte Osasuna respondió con dos hombres de refresco cien por cien ofensivos, Róber y Brandon. Continuó así una dinámica ganadora iniciada una vez situado el once en el campo, es decir, engrasada la máquina. Fue el conjunto rojillo quien desde el principio propuso bastante más. Bien es verdad que el Betis acumula calidad suficiente como para trenzar una jugada de gol en cualquier momento, pero fue el equipo navarro quien se adueñó del balón, abrió el campo por bandas –los dos laterales merecieron un monumento-, buscó profundizar, puso el ritmo, y movió el balón con intención. Llevó la batuta del fútbol y retumbó la partitura coral interpretada.

La novedad de Adrián en el once inicial supuso una declaración de intenciones en busca de un juego más elaborado, en el que Roberto Torres se mueve como pez en el agua. De hecho, abundaron fases en que los rojillos encadenaron el juego de triangulaciones endiabladas, combinándolas con la velocidad por las bandas. También buscaron el juego directo  con posesiones de balón que trataron sacar a los béticos de su campo. La pena es que después de esas variaciones, del trabajo a destajo para llegar al área rival, la ausencia de un nueve específico resta clarividencia a la hora de rematar a gol, errando ocasiones en las que parece más difícil enviar el balón fuera en lugar de adentro.

Mención especial merece Ezequiel Chimy Ávila. Hubo alguna jugada en la que remató en el área pequeña, cogió a continuación el rebote fuera del área grande, y volvió a intentar finalizar de nuevo dentro. Él parece sentirse feliz con ese papel omnipresente, pero lo de ir en la procesión y repicar las campanas entraña dificultades metafísicas. En tal sentido, el entrenador había dispuesto la presencia de Adrián para buscar la pausa y el toque dentro del área, pero quizás era el día para al menos regalar unos cuantos minutos a Juan Villar, el más listo y hábil de la clase para cazar alguno de los muchos balones que merodearon la zona de peligro.

No es malo el empate. Suma y sigue. Sin embargo en esta carrera de fondo llamada Liga fastidia ver volatilizarse puntos que valen oro. El aficionado salió satisfecho de El Sadar, ¡pero nada parecido a hacerlo con los tres puntos en el bolsillo!, y más a la espera de la visita al Santiago Bernabéu. Estamos en un arranque de campeonato más que positivo, pero queda mucha montaña rusa.

POST DATA. Osasuna es mucho más que lo estrictamente futbolístico (5). Decíamos en la entrega anterior que el concurso de proyectos para reformar El Sadar incumplió su propia normativa al dar a votación las cinco propuestas presentadas en lugar de “una a tres” como era preceptivo. En principio, podrá argumentarse que es mejor para el socio poder votar los cinco. No obstante, pudo haber otra razón. Obvio.

No resulta difícil imaginar la cara de póker de alguno si la Mesa Técnica, formada por media docena de arquitectos independientes para valorar previamente los proyectos, hubiese dejado fuera del podio a dos propuestas bien vistas dentro de la organización, vaya, como si se hubieran  ganado un trato preferencial con argumentos nunca explicitados públicamente.

 Todo es pura hipótesis, obvio. Pero el tema resulta goloso, con muchas aristas. Continuará.


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Otro empate que sabe a demasiado poco