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Opinión / osasuNAvarra

Un empate a falta de una victoria

Por José Mª Esparza 22 febrero, 2016 - 0:22

Osasuna no pudo ganar, pero puso todos los medios para lograrlo. Esta vez sí, hay que valorar el punto. Si no se pueden sumar tres, mejor uno que ninguno.

Es fútbol, y se puede ganar, perder o empatar. Lo importante es que no te puedan reprochar que no pusiste los medios, y Martín los puso. Luego vienen los elementos incontrolables, que si Nauzet está descolocado y se queda a media salida, que al ‘Flaco’ Olavide no le vienen bien dadas y va a menos o Merino no tiene su mejor tarde.

En fin, que de Martín no depende que Otegi o Pucko acierten en sendos uno contra uno. Además, el Zaragoza también cuenta. No se preocupó mucho de gozar con el balón en los pies, de hecho nunca escondió que se conformaba con el empate. Se limitó a esperarlo, pero eso sí, cuando lo tuvo se presentaba dentro del área en un abrir y cerrar de ojos, y siempre con peligro. Además, se puso por delante y, tal y como transcurría la noche, más de uno pensó lo peor sin carecer de razones para ello.

Martín Monreal sorprendió con su alineación Avisó que tiraría de jugadores creativos, pero  ni el más optimista habría pensado que de tantos. Vamos, que como por despecho. Quieres taza, toma taza y media. Ahí van Merino con Olavide a un lado y Berenguer al otro, con Otegui pegado al costado y Roberto Torres dándole peso al otro costado. Además, Urko Vera de inicio, y sin posibilidad de ser sustituido por Nino.

Por si fuera poco, cuatro defensas en lugar de cinco, con solo dos centrales, y estreno de De las Cuevas. No se puede pedir más. A lo dicho, como si estuviera harto de oír la misma cantinela, la de amarrategui  y todo eso, que aplicó la ley del péndulo con la taza y media. Y no le salió mal.

Pese a que ha perdido de vista todavía más al ático, los rojillos ofrecieron un buen partido. El aficionado no pudo poner otra pega que la falta de pegada, de acierto. La visita del Zaragoza regaló uno de los partidos más intensos, vivos y emocionantes de cuantos se han visto esta temporada en El Sadar.  Los rojillos jugaron a fútbol del bueno, con intensidad, verticalidad y ritmo. Además, gozaron de las suficientes ocasiones claras como, para sumar los tres puntos. Incluso sufrió la anulación de gol que pudo subir al marcador. Pero ojo, los maños también cuentan.

El conjunto de Lluis Carreras supo a que venía e interpretó su papel de una manera disciplinada, con orden y eficacia. Desde la que falló Pedro nada más comenzar hasta el gol hizo méritos más que suficientes para obtener cuanto buscaba. Y menos mal que David García anotó nada más comenzar la segunda parte y el partido no se enrocó.

Osasuna se dejó escapar otros dos puntos de El Sadar, pero volvió a la buena senda donde inició el año en Pamplona, y que luego abandonó incomprensiblemente. Jugó a lo que debe si efectivamente quiere optar a una plaza en el play-off de ascenso.

Lo que pasa es que la apuesta resultó tan novedosa que dio la impresión que las piezas no acaban de engrasar. Lógico, es cuestión de práctica y tiempo. No obstante, hasta Otegui supo ganarse un sincero aplauso de la grada por su presencia, aporte y desparpajo.

También una gran ovación premió a Urko Vera, quizás sustituido en la fase del encuentro en la que más podía aportar como hombre de área. El aficionado espera mucho de este jugador que necesita compenetrase más con el sistema. Sin embargo, la mayor muestra de entusiasmo de la parroquia rojilla se le llevó Miguel de las Cuevas.

Porque si la vista del Zaragoza deja algo en la retina es la presencia de Miguel Ángel de las Cuevas. El técnico le dio entrada como media punta, retrasando a Roberto Torres. Además, le regaló libertad absoluta para hacer y deshacer a su antojo.

Respetó sus galones y el alicantino le respondió con generosidad en su trabajo. Además, piso área y llevó peligro. Dejó claro que viene a sumar, y que puede aportar mucho. No va a solucionar todo en poco más de media hora, pero a punto estuvo.

En fin, Osasuna sumó su quinto empate en casa en los seis últimos partidos. Pero con sensaciones muy diferentes. Hasta ahora parecía jugar más a no descender, en cambio ante el Zaragoza dijo alto y fuerte que busca algo más. Lo que debe hacer a partir de ahora no es otra cosa que consolidar la propuesta aumentando la intensidad con que mordía el césped en los primeros partidos. No es fácil, pero solo así llegarán los resultados. Hay mimbres para intentarlo.


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