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Opinión / osasuNAvarra

Las elecciones del desencanto

Por José Mª Esparza 01 junio, 2016 - 9:00

Ninguno de los partidos políticos navarros, a excepción de Podemos e IU, reconoce el fracaso que ha llevado a repetir las últimas elecciones. Si renuevan algo sus propuestas, lo hacen a la baja. 

“¿Acaso ha preguntado usted a todos?” inquirió el abogado de la contraparte en cierto juicio, ante una afirmación del tipo “salieron descontentos del partido”. El letrado acusador trataba de buscar las cosquillas a un periodista ante una aseveración de las que pueden parecer gratuitas, y en cualquier caso absolutamente acientíficas. 

Nada que ver con una sesuda encuesta. Pero no queda otra que dejarse llevar por la intuición, basada en conversaciones con personas de muy diferente sesgo, para ‘pontificar’ sobre lo que toca escribir. En fin, terminado el preámbulo, llega la deposición: Las elecciones del próximo 26-J no interesan ni a los más interesados, ni a Blasillo, aquel fantasmilla salido de una viñeta de Forges que repetía “La vida es bella”. Ni los políticos se mueven, solo los que se juegan el sueldo.

Resulta muy duro  una afirmación tan taxativa, tan acusatoria, pero no cabe otra. A día de hoy, todas las encuestas pronostican, más menos, una abstención de sonrojo  y resultados parejos a los de diciembre. Ante tan desfavorable vaticinio, cuesta entender que ninguno de los partidos políticos haya movido ficha, ni cambiado por lo menos de maquillaje. Todos han aplicado más de lo mismo. Todos menos uno.

Los ‘Podemos’, politólogos estrategas de escuadra y cartabón, han arreglado su futuro con IU, que encuentra de paso un salvavidas que le rescate de su desaparición. Los demás se hunden más y más en el pozo de su desesperación, mejor dicho, de su ineptitud, de su carencia de ideas, de su mediocridad.  Empezando por UPN.

Al principal partido político navarro se le presentó una nueva ocasión que ni de encargo, y ya van muchas en el último año,  para dar un nuevo golpe de efecto, pero tampoco. El aparato, como acostumbra, tiró por lo cómodo, por lo seguro, por lo más discreto. Primero ni cuestionó el pacto con el PP, pese a que la disgregación de fuerzas les concedía casi con toda seguridad los dos diputados en solitario.

Segundo, no concedió voz ni plazo suficiente para las primarias, por lo que decepcionó el estreno de la novedosa oferta. Y tercero, dictaminaron los que mandan: “Que sigan los mismos”,  y así se cumplió. No hubo movilización por el voto, ni falta que hizo. Sin debate previo sobraba la oferta. Tocando las teclas justas y acudiendo a las urnas menos de la mitad de la afiliación no cabía sorpresa. En Pamplona ganaron de calle Salvador y Adanero, pero en la Ribera barrió Alli, que movió sus huestes a conciencia. Así que todo les salió a pedir de boca. Todo, menos la posibilidad de que UPN diera un paso adelante, lo realmente importante.

A UPN, y esto no le entra en la cabeza al aparato, no le toca mover piezas de manera usurera en los pasillos de la plaza Príncipe de Viana. A UPN le corresponde jugar un rol para toda Navarra que no aciertan a calibrar sus dirigentes, ni siquiera a jugar en el Parlamento Foral. De nuevo han dejado escapar un escaparate  ideal para sus propuestas, para su debate, para su regeneración, para ilusionar. La campaña electoral confirmará lo dicho, ¿quién apuesta?

Tampoco el PSN ha hecho nada enganchar con la nueva convocatoria. ¿Cuántos navarros fuera del entorno del Paseo Sarasate son capaces de repetir el nombre del ya ex diputado y de nuevo candidato socialista? A pesar de no tenerlas todas consigo, el PSN confía quizás demasiado en su marca de aquí, si bien desconfía, aunque no lo suficiente, en su por ahora malparada marca madrileña.

En fin, esto de depender de otras sedes, resulta terrible. En el caso de Podemos, por ejemplo, el partido teóricamente más asambleario  en su toma de decisiones, llama la atención la apuesta a dedo de Pablo Iglesias de su cabeza de lista. Como en aquellos tiempos que el PSOE incluía a murcianos en sus listas por Navarra, Ione Belarra, pamplonesa de nacimiento aunque “madrileña de adopción”, lo confirma. Además, imposibilitó a Mademoiselle Laura Pérez impedir el ridículo de Bildu, su mentor.

Si a la desgana pilla de lleno a la derecha en la convocatoria electoral, a los nacionalistas les deja noqueados. Acabó en fracaso la apuesta por ir juntos los cuatro del cuatripartito,  pero es que ni siquiera han acertado a repartir riesgos juntos Geroa Bai y Bildu, pese a que lo han intentado por miedo a hacer el ridículo por separado. Vergüenza ajena produjo su flirteo, que solo podía acabar en calabazas. Ahora, basta ver los cabezas de lista para comprender el poco entusiasmo con que irán a votar. Nadie quiere ir de fracaso.

El comisario Martínez se ha escapado como alma en pena. En Geroa Bai, que sigue escondiendo su nombre (PNV) en Navarra, volverá a dar la cara Daniel Innerarity, siempre abogado de las listas perdidas. En Bildu han renunciado el otrora premiado con su nominación, Patxi Zamora, que entonces daba por hecha su condición de senador. Le toca a Bakartxo Ruiz dar la cara al Congreso, que ya la tiene bien cobrada. A Zamora le pagaron en diciembre por los servicios prestados. A Bakartxo le toca pagar por los que le prestan.

Las elecciones darán para más, pero no para ilusionar. Al menos, de momento.

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