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El mejor partido en El Sadar

Por José Mª Esparza 06 enero, 2019 - 21:51

Osasuna no pudo retomar la Liga de mejor manera. Partidazo por ritmo, juego, intensidad, vida… Este es el Osasuna que llevábamos años esperando.

Partido entre el Osasuna y el Cadiz correspondiente a la jornada 20. MIGUEL OSÉS
Partido entre el Osasuna y el Cadiz correspondiente a la jornada 20. MIGUEL OSÉS

Si al final empata el Cádiz en una jugada desgraciada, sólo habría quedado la justificación de las ocasiones marradas, es decir, parte del juego. Nada que reprochar por cualquiera de los conceptos que componen un partido de fútbol. Desde el primer minuto salió Osasuna con las ideas claras, sabiendo qué quería y cómo conseguirlo, con verticalidad, triangulaciones, ritmo, velocidad, confianza en sí mismo.

Marcó primero el Cádiz, que fue un equipo del mismo nivel, que dejó jugar y también supo hacerlo. Gustó en todo momento y metió miedo al final. Engrandeció el triunfo rojillo, una victoria de las de seis puntos por tratarse de un rival directo, la sexta consecutiva. El delirio.

Sorprendió Arrasate al colocar a Iñigo Pérez de lateral izquierdo. Bingo. Cumplió en la parcela defensiva, y armó el equipo desde atrás. Así tuvo Oier más libertad, Mérida menos preocupaciones, ambos enlazaron mejor con Torres, y Rubén García se movió como pez en el agua en su parcela, entre líneas. Entre los cinco movieron el balón con precisión, velocidad, intención. La creatividad dio gustó. El planteamiento fue el de siempre, pero el trueque de piezas, por mínimo que parezca, cambia a veces completamente la imagen.

Sólo faltó Juan Villar. No tuvo su día. Una lástima. Si lo llega a ser, el resultado pudo ser de escándalo. Gozó hasta media docena de ocasiones claras. Sus goles suelen llegar al primer toque, pero ante el Cádiz tuvo que conducir, colocarse el balón, driblar o madurar la jugada más de la cuenta, el caso es que falló todas. A cambio, Arrasate le pidió desde la banda más presión, más implicación en el juego colectivo, algo que de veras intentó a ráfagas, y se notó.

La presión fue elemento clave. Es lo que puso a Osasuna por encima del Cádiz en la primera mitad. Los dos equipos se tutearon en igualdad de condiciones, pero el Cádiz esperaba más que ir a la presión, lo contrario de los rojillos, que gracias a ese trabajo, a esa convicción, remontaron en esa primera mitad sin que a nadie pudiera extrañar esa voltereta en el electrónico. Los rojillos estaban un pelín por encima del cuadro andaluz en intensidad y verticalidad.

La segunda mitad resultó muy diferente. El Cádiz mostró sus urgencias, dio tres pasos adelante, quemó todas sus naves ofensivas, y llegó al área. A Osasuna le tocaba nadar y guardar la ropa, y lo supo hacer. No renunció al ataque, algo que hubiese supuesto un suicidio anunciado. Combinó la espera con el juego al contragolpe, algo que verdaderamente asequible, dada la posición defensiva de los gaditanos en la línea de centro del campo. Resultó muy fácil cogerles la espalda.

Por sacar un ‘pero’ éste no sería otro que cierta fragilidad defensiva, ya que un delantero rival no puede rematar tan a placer, tan solo, dentro del área. Alex tuvo tiempo de sacar la mira telescópica para asegurar el tiro. Además de las ocasiones marradas, claro. Con más acierto, la espera del pitido final habría sido menos angustiosa. A cambio, resaltar como positivo el detalle de la salida de Brandon y Xisco en lugar de un defensa (Aridane estaba en el banquillo) en esos instantes postreros.

En fin, partido divertido, bonito, espectacular por momentos, con ambientazo. Una de las citas a recordar. El año empezó como un sueño, los Reyes Magos mostraron su generosidad, el equipo entra en puestos de play-off, una nueva dimensión que no debe influir si cada cual continúa a lo suyo como hasta ahora. No hay que perder la cabeza, se trata simplemente de mantener la misma intensidad e ilusión.


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