Opinión / osasuNAvarra

Un buen punto de trabajo, orden y sacrificio

Por José Mª Esparza 18 octubre, 2020 - 17:20

Empate prácticamente a todo entre dos equipos que podrían jugar entre sí con los ojos cerrados de tanto que se conocen, que chocaron y alternaron momentos de dominio sin marcar diferencias notables, estaban condenados al empate sin goles.

El delantero del Osasuna Enric Gallego (c) remata ante el jugador de la SD Eibar Burgos, y el guardameta Dimitrovic, durante el encuentro de la sexta jornada de la Liga de Primera División disputado este domingo en el estadio Ipurua en Éibar. EFE/Gorka Estrada
El delantero del Osasuna Enric Gallego (c) remata ante el jugador de la SD Eibar Burgos, y el guardameta Dimitrovic, durante el encuentro de la sexta jornada de la Liga de Primera División disputado este domingo en el estadio Ipurua en Éibar. EFE/Gorka Estrada

Partido táctico, físico, igualado, intenso, de desgaste, con diferentes fases y alternancias en el control del juego, con poco peligro de uno u otro, entretenido para unos, un tanto hosco para otros. El encuentro entre Eibar y Osasuna en Ipurúa ofreció la imagen de un choque frontal de trenes, ocurrido con tal precisión que ninguno de los dos llegó a descarrilar. No se trató de tanto de dos equipos iguales, que también, como de dos conjuntos que jugaron casi a lo mismo, cada uno con sus armas, más pesadas (y torpes) las eibarresas, más fluidas (y sibilinas) las rojillas. A unos y otros les faltó un hombre que marcara diferencias en el área. Podía haber sido Calleri. La lesión se lo impidió, luego el empate campó a sus anchas.

El punto sabe bueno, muy bueno. Hay que valorarlo, pese a las quejas por no obtener la victoria fruto de su mayor calidad en la forma de conducir el balón. Los locales permanecieron más tiempo volcados sobre Sergio Herrera, si bien con un juego más previsible y basado en la fuerza física, pero es que las ocasiones más claras vinieron del ataque osasunista, consecuencia de jugadas más hilvanadas. Los dos equipos carecieron de finalizadores fiables, ausencia incrementada en Osasuna por la lesión de Calleri, que además obligó a cambiar el sistema del 4-4-2 inicial que tan bien resultó frente al Celta, a un 4-2-3-1, con Rubén García de mediapunta.

Lo malo no consistió tanto en cambiar el esquema como en dejar a Enric Gallego como ‘nueve’ de referencia, labor donde enseña más defectos que virtudes. La cantidad de delanteros que acumula la plantilla de Arrasate no solucionan la falta de gol, obligando a solventarla por otras vías casos de zapatazos made in Facundo, segundas jugadas, estrategia, etc. Al Eibar la ocurre tres cuartos de lo mismo, basándolo todo en su bloque, poderío físico e insistencia, cualidades que ayudan pero no garantizan el éxito. Si añadimos el conocimiento del equipo rival por parte de jugadores y técnicos, el empate sin goles estaba cantado.

Orden táctico, bloque, marcajes individuales como el de David a Kike García dieron cuenta de las precauciones entre sí de Mendilibar y Arrasate, a la vez que condenan a que el juego resulte espeso y, por qué no, un tanto plano en ataque, principalmente en el conjunto armero, más limitado de recursos técnicos. Los rojillos mostraron más fluidez por las bandas, y con mayor desborde desde la incorporación de Jony. En fin, facetas que el técnico osasunista deberá seguir investigando para dar con necesarias variaciones en ataque.

Ahora, a por el próximo compromiso, la visita del Athletic de Bilbao, un partido de nueve puntos: los tres de la tabla clasificatoria, los tres que podemos hurtar a los bilbaínos, y otros tres del orgullo, el honor y la honra. Además, el partido llega acompañado de una preocupante acumulación de bajas (en Ipurúa se sumaron ‘Monca’ y Calleri) que dificultan más y más la labor del entrenador. Lo del ‘Centenario’ es otra historia.


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