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Opinión / osasuNAvarra

Cuando nos relajamos… a veces no somos tan malos

Por José Mª Esparza 11 mayo, 2021 - 22:18

El Cádiz vino a ganar, lo mismo que Osasuna. Ambos cogieron el guante y, sin la tensión de la competición y pese al VAR, ofrecieron un encuentro entretenido y con goles. Ganó el mejor.

Partido entre Osasuna y Cadiz perteneciente a la jornada 36 de La Liga disputado en el estadio de El Sadar de Pamplona. MIGUEL OSÉS
Partido entre Osasuna y Cadiz perteneciente a la jornada 36 de La Liga disputado en el estadio de El Sadar de Pamplona. MIGUEL OSÉS

Cuando nos relajamos… pues mira, resulta que no siempre somos tan malos. Hay un bloque que responde, un posicionamiento en el campo que acogota al rival y, además, el amor propio aflora cuando las cosas se ponen cuesta arriba. Así que a veces las pachangas, caso de la visita del Cádiz, dejan un sabor dulce. No hay prácticamente nada en juego, falta emoción, etcétera, etcétera, pero mira por dónde, aparecen cinco goles, no exentos de polémica algunos y otros con mucha calidad, y el televisor regala un encuentro con buen sabor de boca, que además permite elogiar al príncipe Budimir, desear más al chavalín Manu Sánchez, y entonar el canto del cisne para otros.

Además, acierta Arrasate al dar oportunidad a cuantos puede en cada convocatoria. Es la mejor forma de planificar la próxima campaña, en lo positivo y… en lo negativo. En la visita de los gaditanos tuvo minutos Juan Pérez, que el año próximo le tocará ser el segundo de Sergio Herrera. Seguro que no olvidará la visita de los andaluces. Tocó poca pelota, pero la experiencia le madurará un montón. Lo mismo a Javi Martínez después del subidón, metido de nuevo en plena brega. En fin, cada jugador guarda una historia particular. Como el partido la tuvo en sendos penaltis de chirigota.

El VAR se devora así mismo, y las nuevas normas a los árbitros y arbitrajes. Al final dejarán al fútbol en un ejercicio insulso de baile de salón. Debería salir un jugador que, con dos narices, lanzara uno de estos penaltis a la grada como forma de protesta. Hay que decir ¡basta!, y quién mejor que los profesionales, los más afectados. En los demás, estos comentarios se quedan en mera palabrería, caso de los conductores de la retransmisión televisiva, que a falta de alicientes en el juego pasaron el tiempo largando con este tipo de cosas.

Arrasate salió con un 4-4-2 si consideramos que el Chimy acompañó a Budimir, o con un 4-3-3 como trataron de venderlo en la tele. De hecho en varias fases anduvo escorado por la banda izquierda. Tanto monta, monta tanto. El caso es que el bloque juega de memoria y los cometidos de unos y otros se compenetran de carretilla. Lo importante es el despliegue que el conjunto desarrolla en la ocupación del campo para jugar de cara al balón o dejar sin espacios al rival. Un despliegue proyectado alrededor de un triángulo en la medular liderado por Torró, en esta ocasión escoltado por Javi Martínez y Oier.

Y poco más. Un partido entretenido pese a la intrascendencia del marcador para ambos equipos. Jugado con gusto. Otra cosa fue el Elche-Alavés coincidente en el tiempo. Nada qué ver. Parece tan lejano y, sin embargo, ha sido la realidad rojilla en la mayor parte de su trayectoria más que centenaria. Esto de ahora es casi una fiesta, a veces nociva en cuanto que aleja la mirada de otras cuestiones que se cuecen detrás de las paredes, lejos de los focos.

  


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