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Una Copa para asentar ideas

Por José Mª Esparza 30 noviembre, 2016 - 23:54

Osasuna regresa de Granada vivo. Encajó en una jugada puntual, pero dio un paso adelante en el asentamiento del equipo y regalará una ilusionante noche copera en El Sadar.

Que Osasuna no disputa la Copa nadie lo duda. No va a por el título. Su batalla es otra, la Liga. Ahora bien, después del fiasco que se llevó en Leganés o la endeblez mostrada ante el Atlético, Joaquín Caparrós se dio cuenta de que para construir algo positivo debía primero desmontar los vicios adquiridos, con lo que esto significa de pérdida de puntos y… de tiempo. Por eso, la eliminatoria de Copa le venía como anillo al dedo para ganarle el pulso a la Liga. Es lo que hizo en Granada con los no habituales. No se lió la manta a la cabeza, sino que tiró de cuatro conceptos básicos, que a pesar de todo le podían haber salido mejor.

Y es que los granadinos tuvieron más oportunidades de las que el marcador señala. El conjunto de Lucas Alcaraz solo consiguió anotar en una genialidad de Juan Toral, pero de concretar alguna de sus ocasiones, ésta crónica sería muy diferente. No obstante, todo guarda una lectura positiva, en este caso la solvencia y seguridad transmitida por el guardameta Mario, aparentemente mayor que la de Nauzet. En cualquier caso, el objetivo de regresar vivos a Pamplona quedó cumplido. A poco bien que se mantenga el equipo en Liga, la noche copera promete, ilusiona.

Sin embargo, más allá del resultado a Caparrós le interesó asentar conceptos defensivos. Alineó a la esperada defensa de cuatro hombres, con la novedad del ‘promesa’ Iván Marquez, del que sin duda le gusta su envergadura, y puso por delante a tres hombres en el centro del campo dedicados a colaborar en la tarea oscura. Con mayor o menor fortuna Imanol García, Fausto Tienza y Fran Mérida ahí estuvieron cortocircuitando la línea de creación nazarí, algo que dio libertad de acción a Miguel de las Cuevas durante todo el partido, también con más o menos fortuna según las fases del juego. Hasta ahí el equipo estuvo bien plantado, aguantó posiciones, jugó junto, se mostró compacto.

Sin olvidar que otro rival más, en este caso el colista y también con un once no habitual, se imponía en la velocidad y la presión, el mayor problema apareció a partir del centro del campo hacia adelante. Hasta la media hora de partido no intentó Osasuna pisar el área granadina, y aunque trató de insistir más durante la segunda mitad, las ocasiones de peligro apenas llegaron. Pese al regreso de Sergio León, muy poco asistido, y a que Riviere tuvo más y mejor presencia que en sus comparecencias anteriores, el enlace con la línea ofensiva no resultó ni lo fluido ni lo frecuente que debiera. Mejoró el ataque con los cambios de la segunda parte, pero de manera más testimonial que decidida. Los rojillos siguieron sin tirar a puerta.

Lo que menos quería el míster, y por tanto más trató de evitar, es que el marcador se le fuera de las manos y se le cayera la imagen de consistencia del grupo, algo que le ocurrió ante el Atlético de Madrid. Le gustó la primera parte, con el equipo junto, ordenado y compitiendo, algo que no tuvo continuidad después. En Los Cármenes  había que empezar desde ahí y lo consiguió. No hizo un partido vistoso ni ambicioso, sino práctico y oscuro, sabedor por un lado de que quedan otros noventa minutos, pero sobre todo de que lo importante es seguir construyendo equipo.

Normalmente, si la Copa no llega como una pesadilla, sirve para dar minutos a jugadores no habituales o refrescar el equipo. En el caso de este Osasuna, a Caparrós le ha venido a pedir de boca para seguir asentando conceptos, para rehacer un equipo deshecho. Pocas veces la Copa podrá venir tan bien para la Liga. A ver si es verdad.


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