Opinión / osasuNAvarra

Club ingobernable, equipo sin gobierno

Por José Mª Esparza 05 noviembre, 2016 - 22:28

Osasuna volvió a las andadas, es decir, a no jugar a nada. Aguantó poco más de un cuarto de hora de partido y reapareció en ocasiones puntuales, mientras que el Alavés tuvo mucho más claro a qué vino a El Sadar.

Osasuna se encuentra en un momento trascendental. O se mantiene en Primera y consolida su viabilidad a futuro, o desciende a Segunda y regresan todos los fantasmas, incluidas las fobias de los ‘cuatripartitos’, presagio de la hecatombe. Evidentemente, la llave la guarda el equipo, y éste tiene dividido al osasunismo.

Las victorias endulzan hasta lo más amargo, pero éstas no llegan ni aparecen señales de que vayan a hacerlo. Para unos hay lo que hay, si Martín ascendió al equipo, que sea él quien lo baje. Para otros, este equipo puede rendir más y, dirigido de forma más eficaz, obtener mejores resultados. En medio se encuentra la Directiva, como luego veremos.

Que este equipo puede dar más, resulta diáfano. Ante el Alavés lo volvió a dejar claro. Regresó el equipo desconcertado, sin referencias ni referentes en el centro del campo, ni en la punta de ataque, donde el teórico nueve, Kodro, apenas pisó el área y anduvo perdido fuera de ella. Kenan Kodro sintetiza la realidad de este equipo. El osasunismo le estará siempre muy agradecido y le llevará en el corazón por su aportación en el play-off de ascenso. Pero toca pasar página. Competir con el Alavés en Primera es otra cosa muy diferente. Ya tuvo ocasión de sufrirlo en San Mamés, y el técnico de comprobarlo.

Dentro de un choque de trenes como el de Bilbao, cuela un pibote defensivo como Digard. Funciona. Sin embargo, a la hora de crear juego lo normal  es que naufraguen. Como le sucedió a Fausto Tienza ante el Glorioso. No es lo suyo, y menos si se encuentra lejos de Torres y De las Cuevas, situados en las bandas. Además, el equipo se queda sin creación, sin enlaces con la parte de arriba, sin vida. Fue De las Cuevas, el que hoy por hoy más fútbol tiene de largo en sus botas, quien trató de corregir el clamoroso error.

Debió hacerlo por iniciativa propia porque, cuando ya lo conseguía, el entrenador (él sabrá si por convicción o por marketing) sacó a Otegui en esa posición en el eje del medio campo, y el alicantino volvió a diluirse, esta vez en la media punta. 
Lo peor es que el equipo ahondó en su pendiente descendente.

De entrada, el equipo se rompió y llegó el gol. No cuesta mucho entender que Osasuna como conjunto anduvo despistado, sin ideas, a la deriva. Con más ganas que fe.  

Tras marcar el Alavés siguieron momentos de desconcierto total. El técnico trató de armar un nuevo esquema con Berenguer y Romero de extremos, antes de dejar ojoplática a la grada con un nuevo cambio, el de Alex por Javi Álamo. Que en su día pudo jugar de delantero, pero desde luego que ante el Alavés no lo demostró. Tampoco tuvo tiempo. Cuesta tanto entender el cambio como la frase de Martín tras la derrota. “El partido ha estado muy igualado y se ha determinado por un detalle”, dijo. 

El equipo rojillo aguantó la presión a los vitorianos poco más de un cuarto de hora, le entregó el balón, y se dedicó poco más que a esperarle. De hecho las dos ocasiones de la primera parte, y prácticamente de todo el partido, fueron sendos contragolpes y un balón inesperado que dio de casualidad en el palo.

En la segunda, un disparo de Kodro una de las pocas veces que pisó área en todo el partido, agotó las famélicas estadísticas rojillas. Mientras los vitorianos se hartaban de coordinar pases hasta que la grada empezaba a protestar, al conjunto navarro le cuesta una enormidad articular tres seguidos, y le resulta todo un lujo pisar el área rival. A partir de ahí, quien decida esperar a la muerte dulce está en su derecho, como también lo está quien piense que este equipo puede y debe dar más, articulado de una manera más eficaz.

Pero, claro, también Osasuna como club atraviesa una situación harto complicada, tanto o más que la de la tabla clasificatoria. A las zancadillas de sus propios socios se unen los ataques inmisericordes del ‘Cuatripartito’. Los primeros cuestionaron a la directiva por hacer su labor. Le demandan que consulte a la asamblea hasta a qué hora hay que encender los focos en día de partido, mientras el Gobierno le ataca en su punto más débil, el económico. Hace falta un golpe encima de la mesa y bien dado, o esto se va por el precipicio. Menos régimen asambleario y más cordura, más sentido común. 

No sorprende que con el equipo ocurra lo mismo. Carece de liderazgo, de referencia, de personalidad. Cuando se le pide el mínimo plus, naufraga. Cuatro derrotas y dos empates en los seis partidos de casa demuestran que este equipo no compite. Una decepción en toda regla, pero aquí parece que no pasa nada. Ya vendrá otro empatico.


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