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Opinión / osasuNAvarra

Lo mejor, la intrascendencia de la derrota

Por José Mª Esparza 25 abril, 2021 - 22:16

El Celta mostró más intención y ocasiones en la primera parte, donde no hubo ni un remate rojillo. Osasuna reaccionó y bien en la segunda, pero el Celta ya tenía el partido de cara y acertó a mantenerlo ahí.

Partido de Liga Celta Osasuna
Partido de Liga entre Celta de Vigo y Osasuna disputado en el estadio de Balaidos con victoria local. CA OSASUNA

Qué grande es perder cuando, después de tantos momentos amargos, resulta que no pasa nada. Qué grande salir a un campo de fútbol a disfrutar, o ver el partido desde el sillón sin que la merienda se atragante. ¡Qué grande cumplir los objetivos a falta de media docena de jornadas y que todavía resten cinco para celebrarlo! Podríamos recordar además aquella mítica frase de Pedro Mari Zabalza, la de “cuando nos relajamos somos muy malos”, que para alguno llevará razón una vez más aplicada al partido de Balaídos, pero no.  No lo retrata. Osasuna perdió ante el Celta de la misma manera que pudo empatar, o ganar, a tenor de las estadísticas finales, si bien es cierto que tampoco puede considerarse injusta la derrota con las sensaciones que dejó el encuentro.

Habrá quien argumente, y con mucha razón, que los rojillos dejaron ir la primera parte, mientras el Celta logró adelantarse en un certero contragolpe culminado por una gran acción personal de Aspas. Sin embargo, podría argumentarse con números en la mano que en ese primer tiempo la posesión anduvo repartida y también el control del juego. Además, las ocasiones, agresividad y dominio durante la segunda parte tuvieron color rojillo, pese a que los celestes acertaran primero con un tremendo cabezazo en un córner. Ciertamente, donde todos debemos estar necesariamente de acuerdo es en que los goles dictan sentencia en fútbol, y el Celta anotó uno más. Lo cual guarda una explicación.

Arrasate nos sorprendió esta vez cambiando el sistema de contención. Respetó el triángulo en el centro del campo, pero dentro del 4-1-4-1 se cargó al vértice Torró así como a los cuatro defensas en pleno. Es decir, si ante el Valencia alineó un ataque nuevo, ante el Celta optó por una defensa novedosa absolutamente (Ramalho, Unai, Facundo y Juan Cruz), que tampoco le resultó mal en general, pese a los desajustes de líneas en el primer gol, y en el segundo la ausencia de la altura de los centrales habituales. Sin embargo, tampoco creo que se fuera por ahí el partido. Osasuna no perdió en Vigo por culpa de la defensa. Tampoco porque las meigas aparecieran escondidas bajo la intensa lluvia caída.

La clave de la derrota pudo estar en la idoneidad de las ideas, la escasa ambición, con que el equipo salió durante la primera mitad, o al menos en las que demostraron con su juego a lo largo de la misma. Ahí estuvo la clave. Por una parte, el cuadro visitante renunció al ataque y no supo rentabilizar su control, mientras que el local repartió esfuerzos pensando siempre en cómo llegar cuanto más arriba mejor. Llama la atención que el cuadro navarro, que no anota un remate durante los primeros 45 minutos, termine finalmente ganando, no voy a decir por goleada, pero casi, en toda estadística ofensiva posible, excepto la del gol, claro. Obvio.

Adelantarse en un partido tan igualado en fuerzas resulta fundamental. Regala un margen enorme, una ventaja mayor que la reflejada en el electrónico. Si después te machaca inapelablemente a balón parado, solo queda agachar las orejas. El gol de penalti queda en mera anécdota. Maquilla el resultado, premia el esfuerzo del grupo y deja con la miel en los labios pensando en un empate que nunca llegó, pero bien es cierto que pudo campar a sus anchas. En cualquier caso, lo bueno es que no pasa nada, y que además las deficiencias en la primera mitad trataron de subsanarse durante la segunda, con una extraordinaria reacción, azuzada tras el segundo gol celeste.

No acostumbra Arrasate a efectuar cambios antes de la hora de juego. Quizás vio que esa falta de ideas, o de ambición, apuntada para los primeros 45 minutos realmente fuera más problema de los jugadores que de las consignas repartidas. El caso es que cambió el equipo en el vestuario. Respetó el dibujo, pero con nuevos extremos (Torres y Jony en vez de Barja y Rubén García) y diferente lateral izquierdo (Manu Sánchez por Juan Cruz). Respetó a Budimir en la punta. Le exculpó de que no le llegara un balón y premió con minutos su trabajo por todo el campo, incluida la defensa. El equipo fue otro, sobre todo en actitud. Fijó su mirada en la puerta contraria, y se notó. Las ocasiones se sucedieron, pese a que los goles no llegaron. Otra vez será.


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