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Opinión / osasuNAvarra

“Si nos despistamos, somos vulnerables”, pues eso

Por José Mª Esparza 03 abril, 2022 - 20:23

Osasuna apenas compitió media hora con sus propias armas, el Betis le goleó con toda comodidad con las suyas

El delantero del Betis, Juan Miguel Jiménez "Juanmi" (i), disputa el balón ante el delantero argentino de Osasuna, Chimy Ávila, durante el encuentro correspondiente a la jornada 30 de primera división disputado hoy domingo en el estadio Benito Villamarín de Sevilla. EFE/Julio Muñoz.

“Si nos despistamos, somos vulnerables”. ¿Les suena? La frase no es de Pedro Mari Zabalza, aunque recuerde la de “si nos relajamos…”. Ésta del despiste la dijo Jagoba Arrasate el sábado, al tiempo que eludía todo tipo de compromiso comprometido. Ni mencionó la palabra ‘Europa’.  “Una cosa es lograr el objetivo, y otra es saltar a otro mayor. Ahí no estamos preparados, nos falta”, medio zasqueó el técnico disimulando su mensaje en la casi nada. Osasuna no puede perderse en el anonimato, diluirse en la mediocridad. El ADN de club  exige marcar retos, luchar contra sí mismo, imponerse metas. Es decir, lo contrario que sucedió en el Benito Villamarín.

¿Jugó mal Osasuna ante el Betis? No. ¿Pudo sumar un puntico? Por supuesto. ¿Pudo ganar? Quizás. ¿Lo mereció? En absoluto. ¿Goleada justa? Tampoco. ¿Qué ocurrió entonces? Osasuna necesita jugarse la vida, apostarla en cada jugada, morir en el intento. A falta de nueve partidos no puede salir al campo diciendo ‘queremos ganar, pero a ver qué ocurre’. Osasuna necesita morir para sobrevivir. Nada parecido a un final de temporada en el que languidecer en una muerte lenta, aburrida, sin sentido. ¡Realista!

Una entidad con el presupuesto de Osasuna no puede dejar de ilusionar a sus socios en su cita semanal. Nadie le exige llegar a Europa, pero todos le pedimos motivación para llegar tensionados hasta el minuto noventa. Hay entrenadores, a montones, que no quieren oír de nuevas ambiciones por miedo al fracaso, de ilusionar por temor a la desilusión. No parece el caso de Jagoba Arrasate. Pero tampoco nos ha dicho con qué quiere comprometerse estos dos meses: qué puesto clasificatorio, qué jugadores quiere probar, que nuevo equipo quiere construir, en fin, hay muchos objetivos además del meramente clasificatorio, que también.

Osasuna vivió apenas media hora en el Benito Villamarín, el tiempo transcurrido entre la llamada al orgullo hasta el tercer gol bético, pasando por el gol del príncipe Budimir, solo al alcance de un auténtico alimañero del área, y con clase, oiga. Tuvo mérito la reacción de Osasuna tras el descanso, con dos goles en contra en Sevilla. Hasta el entrenador movió teclas por partida doble, algo absolutamente inhabitual en él. El problema está en por qué se llegó hasta ahí, pese a no hacerlo tan mal.  

La respuesta se llama tensión, es decir, presión, ganancia de balones divididos, cerrar pasillos, tomar la iniciativa, concentración máxima, en fin, las virtudes que solo exhibieron los rojillos en el intervalo de tiempo señalado.  No pueden lanzarse objetivos disimuladamente derrotistas, salir con el equipo de campanillas, a la par que la falta de tensión (no de profesionalidad) animaba a cambiar de canal tras el descanso, o antes de él.

No paso por alto la superior calidad del Betis, algo que ya quedó patente en El Sadar. El problema se llama competir, no con las armas del rival, sino con las propias. A partir de ahí, en fútbol todo resulta posible. Un equipo como Osasuna no puede abandonarse a la calidad superior del oponente. Debe competir del minuto uno al noventa, y luego ya hablaremos. Osasuna no es el Betis, un equipo que se gusta y se gustó. Osasuna necesita morder si no quiere que le muerdan. Osasuna debe jugar como debe.


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