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Opinión / osasuNAvarra

Osasuna no dio la talla en el Camp Nou

Por José Mª Esparza 29 noviembre, 2020 - 18:24

El Barça se reencontró con el fútbol ante un endeble cuadro rojillo, que con cinco defensas regaló a los azulgranas todas las facilidades para su lucimiento. 

El delantero del Barcelona Leo Messi (i) intenta controla el balón perseguido por Facundo Sebastián (c) e Iñigo Pérez (d), del Osasuna, durante el partido de la úndecima jornada de la Liga de Primera División disputado este domingo en el Camp Nou. EFE/ Andreu Dalmau
El delantero del Barcelona Leo Messi (i) intenta controla el balón perseguido por Facundo Sebastián (c) e Iñigo Pérez (d), del Osasuna, durante el partido de la úndecima jornada de la Liga de Primera División disputado este domingo en el Camp Nou. EFE/ Andreu Dalmau

Cuando el Osasuna de Jagoba Arrasate no resulta reconocible, mejor cambiar de canal.  En el Camp Nou ofreció una de sus peores versiones de sí mismo. Tanto es así que no es fácil saber a qué quiso jugar ante el Barcelona. Si mal lo veía el técnico antes del partido, peor todavía durante su desarrollo, especialmente en la primera parte, como demostró en el cambio obligado del delantero lesionado Jony por otro defensa más, Juan Cruz, que sigue sin convencer vestido de rojillo. Planteamiento conservador sin alternativa posible, en un partido donde la defensa, repleta de remiendos, ofreció una de sus peores versiones.

Quizás el planteamiento quiso ser tan táctico que, a excepción de Sergio Herrera, al resto de los jugadores se le llenó la cabeza de consignas y variables que salieron al campo confundidos, tensos, espesos, abotargados…

El hecho de no sumar tres pases seguidos en toda la primera mitad no puede resultar más irrefutable. Nadie sabía a qué jugarle al Barça, que se dio el baño futbolístico que necesitaba para recuperar sensaciones en la Liga. Un partidazo el suyo. Por ocasiones creadas, el encuentro pudo acabar en un resultado de escándalo ante un equipo que apenas compitió en momentos muy aislados.

En descargo de Osasuna es preciso recordar la plaga de ausencias, a las que se sumó Jony. No es el Camp Nou el escenario ideal para visitar en tales circunstancias. No obstante, aquí hablamos ahora de otra cosa, de la idea confusa que transmitió el equipo, siempre incómodo, fuera de sitio, superado por doquier, por los laterales o por el centro, llegando tarde a cualquier balón o sin saber qué hacer con él en los pies. Comenzó Arrasate con cuatro defensas, que se convirtieron en cinco tras la entrada de Juan Cruz, mientras Iñigo Pérez volvía a perderse como tercer centrocampista.

Cinco hombres para completar una línea defensiva que hacía aguas por doquier, que incluso adoleció de falta de entendimiento entre sus componentes. El marcaje al hombre de los tres centrales complicó la vida de ellos mismo y del resto.

En fin, repitió Osasuna la imagen con tiembla todo aficionado rojillo con solo pensar la posibilidad que aparezca, y más acompañada de tal endeblez emocional. A pesar de todo hubo ocasiones. Aisladas, pero las hubo. No obstante, apoyar en ellas cualquier argumento exculpatorio de la goleada solo supondría añadir otro quiero y no puedo al visto sobre el terreno de juego.

Lo que sí puede ayudar a superar la depresión tras una derrota tan contundente, es el recurso a pensar que el Camp Nou no parece el lugar más adecuado para solucionar los problemas clasificatorios de un club como el navarro. Cierto que el día anterior el Alavés había dinamitado el Bernabéu en una Liga tan impredecible e imprevisible. ¿Por qué Osasuna podría asaltar el feudo blaugrana?

Al menos competir, dar una buena imagen, habría podido bastar. Ni eso. El próximo domingo será otra historia en El Sadar ante el Betis. Entonces solo valdrán los tres puntos.

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