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El Atlético mandó y Osasuna obedeció

Por José Mª Esparza 18 junio, 2020 - 9:02

La revolución en el once no funcionó, ni siquiera mostró sus intenciones. Los colchoneros tomaron la iniciativa desde el inicio y humillaron a los rojillos.

Partido entre Osasuna y Atletico de Madrid correspondiente a la jornada 29 jugado en el estadio de El Sadar de Pamplona. MIGUEL OSÉS
Partido entre Osasuna y Atletico de Madrid correspondiente a la jornada 29 jugado en el estadio de El Sadar de Pamplona. MIGUEL OSÉS

A Osasuna no le salió nada. Ni la alineación, sea la primera con seis novedades o la segunda con cinco sustituciones. Desde el primer minuto quedó colapsado el irredento cuadro navarro. El Atlético mandó y los rojillos obedecieron sumisamente. El Cholo marcó tiempos, nunca perdió la iniciativa, y siempre controló el partido de un extremo a otro, mientras que Jagoba no encontró paraguas para capear la tormenta. Tardó en hacer los cambios, que a la postre terminaron de descomponer todavía más al equipo, impotente para frenar la sangría o inquietar mínimamente a Oblak.

Un festín colchonero. Salieron a la estampida con un planteamiento agresivo y una presión asfixiante. Logrado el gol, bajaron el pistón, ralentizaron el juego y apuntillaron al contragolpe. Así hasta cinco. Además, con el viento a favor, los cambios le funcionaron a la perfección al Cholo. Las salidas de Llorente, Morata y Carrasco pusieron el café, la copa y el puro a una noche de fútbol de solo un color, el rojiblanco. Menos mal que Osasuna guarda el recuerdo de Anoeta como a Bogart le quedó París. Si el futuro dependiera de lo visto ante el Atlético las sensaciones resultarían catastróficas. 

Osasuna salió sin sus carrileros Vidal y Estupiñán. Una defensa rara con Unai de lateral y Lato a verlas venir por el lado opuesto. Planteó un centro del campo que tampoco funcionó con Moncayola y Brasanac, escoltados en bandas por Torres e Iñigo Pérez. Nunca se jugó por la izquierda, por lo que se colapsó la derecha. Adelante a Arnaiz se le sigue sin ver su potencial, y Enric Gallego salta y llega, toca y toca balones, pero en casi todos resulta difícil saber para quién… y para qué. El hombre gol sigue faltando. Sin él se escapó el triunfo en Anoeta y no hubo gol de la honra ante el Atlético.

El experimento de la alineación revolucionaria resultó fallido. Ni siquiera dio pistas sobre qué buscaba realmente Arrasate, porque cedió la iniciativa, cayó víctima de la presión, no acertó a contener y tampoco creó peligro. Apenas un contragolpe en el primer tiempo como bagaje ofensivo real. Habrá quien piense que Osasuna reaccionó y se estiró. Nada, puro espejismo. El Atlético, uno de los equipos que mejor sabe defender del mundo, contemporizó y machacó a la contra. Con 0-1, la remontada se pagaba en el descanso a veinte por euro apostado. Quien lo quiera ver de otra forma es libre.

Cuando el técnico rojillo quiso volver al esquema clásico dando a entrada a Vidal, Estupiñán, Rubén García, Adrián y Cardona ya era demasiado tarde. Los colchoneros jamás soltaron las riendas. Siguieron jugando a placer, mientras los rojillos carecían de precisión en el pase y de tiempo para pensar. Trataron de subir a la desesperada en la segunda parte, quemaron naves y defendieron más arriba. Es lo que deseaba el Cholo, que encontró todos los espacios de mundo para meter balones en profundidad y completar el desaguisado rojillo. Dos rojiblancos pillaron la espalda en el segundo gol.

Con jugadores de exquisito y preciso trato de balón como Iñigo Pérez, Roberto Torres, Adrián y Rubén García sobre el césped, tampoco llegaron siquiera tres pases seguidos a primer toque. El partido ya estaba condenado al desastre. Lo mismo ocurrió en la primera vuelta durante la visita al Metropolitano, donde el conjunto navarro concretó uno de sus peores tardes de la primera vuelta.

Un partido para olvidar el aficionado, pero para estudiar detenidamente el cuadro técnico. De entrada, a la hora de pensar las rotaciones. Una cosa es conjugar minutos de juego con descansos y otra descomponer un equipo. Ciertamente resulta escribir a toro pasado, pero tal es la labor del periodista tras un partido, la de avisar que los experimentos con gaseosa, en Tajonar.

Menos mal que siempre nos quedará Anoeta.


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