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En el ático de Primera

Por José Mª Esparza 19 junio, 2016 - 0:34

Osasuna ha logrado el séptimo ascenso de su historia a Primera División. El Girona le metió en este bendito play-off que los rojillos han saldado con cuatro victorias.

“En Primera seguiremos siendo lo de siempre: un equipo con mucha garra, estos jugadores y  esta afición”, aseguraba el presidente Luis Sabalza en el vestuario de Montilivi. Felicidades al presidente, que puede decir estas palabras sin temor a equivocarse, felicidades al entrenador Enrique Martín Monreal, que lo ha hecho posible, a la plantilla igualmente, y por supuesto al osasunismo.

Dos nombres propios, uno en la sombra y otro bajos los focos, y dos colectivos han hecho posible un milagro en el que hace un año nadie creía. A sacar el carnet de socio me preguntaba un amigo en la cola ante las oficinas si le aconsejaba renovar, porque temía que desapareciera el club. Entre el presidente en los pasillos y el entrenador sobre el césped han hecho posible que jugadores y afición hayan dado al final lo mejor de sí y lleven a Osasuna a Primera División.

Las palabras de Luis Sabalza tienen su enjundia. ¿Qué ocurrirá a partir de ahora? Vendrán los cuarenta millones de la tele, una buena parte se la llevará la deuda y con la restante hay que confeccionar la plantilla del año próximo, en la que, dicho quede, Martín Monreal es quien mejor puede asegurar la permanencia, además de que se lo ha ganado. Este año salió a buscar la salvación y termina con el ascenso. En Primera no será lo mismo, pero ya ha demostrado en Segunda que sabe rentabilizar como nadie los recursos de que dispone, comenzando por las limitaciones evidentes de la plantilla. Las reglas de Primera no tienen nada que ver con las de Segunda, sin embargo Osasuna se moverá dentro de un grupo de equipos más igualado y en ese terreno el técnico de Campanas ha dejado claro que se mueve como pez en el agua.

Martín juega como nadie a no encajar un gol, y es lo que más falta hará en Primera. En Montilivi dictó la última lección al respecto. El Girona salió con todo, se hizo dueño del balón, y presionó y empujó hasta la extenuación, pero a Osasuna le bastó con los cinco minutos iniciales de la segunda parte y aguantar los 89 restantes para sentenciar el ascenso. No cabe objeción alguna. Algunos se quejarán de que se echó demasiado atrás antes de tiempo, como ha ocurrido tantas veces a lo largo de la temporada. Sin embargo, ahora no cabe más que agachar la cabeza, quitarse el sombrero y reconocer y agradecer al míster y a sus hombres su logro, que devuelve a Osasuna  y a Navarra entera al lugar que les corresponde en el fútbol.

Una de las frases que se repite hasta la saciedad en fútbol es que la victoria tiene muchos padres y la derrota se queda huérfana. Entre todos los padres de esta victoria destaca Luis Sabalza. Ni siquiera ha cumplido dos años en el cargo y ya ha logrado lo que parecía imposible. Nadie lo había logrado hasta ahora. Sus cuentas consistieron siempre en evitar el descenso a Segunda B, conducir al club por los sinuosos vericuetos judiciales, aguantar el tipo ante cada uno de los millones de sobresaltos que le han salpicado un día y otro, desde la aparición de un pago nuevo a las zancadillas sufridas hasta en su propia junta directiva. Nunca un presidente de Osasuna se  ha encontrado tantas trabas, condicionantes y dificultades como este presidente. Y a pesar de todo, nos ha traído el ascenso.

Decíamos que dos nombres propios y dos colectivos han llevado a Osasuna a Primera. El primero de estos últimos, la plantilla. Todos los jugadores se han merecido continuar en el próximo proyecto en Primera, aunque ellos ya saben que es imposible. Incluso alguno de ellos puede sentir los próximos días que se hecho el ‘harakiri’ al darlo todo y brillar con luz propia en este inolvidable ‘play-off’.

Razón de más para agradecerles su entrega y profesionalidad. Tiempo habrá de analizar las claves de esta temporada, donde figurará en lugar de privilegio una plantilla de perfil medio, basada por fuerza mayor pero felizmente en la cantera, es decir, confeccionada con dos euros por imperativo de la LFP, y en la que ha brillado el bloque por encima de las individualidades, algo en lo que Martín de nuevo tiene mucho qué decir, rentabilizando por ejemplo la estrategia. El bloque sobre el terreno de juego ha sido su principal logro futbolístico.

Finalmente, una gran parte de la culpa de este ascenso recae en el osasunismo, en la afición. Y no se trata de retórica. No hay otra igual. Existen grandes aficiones en España, pero ninguna con las señas de identidad de la navarra, con su fidelidad al equipo, al club, en las alegrías y las tristezas, la salud y la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza. Hasta la muerte. “Yo te voy seguir hasta que me muera” se cantará estos días hasta la saciedad, pero es que ya se cantaba con la misma fuerza cuando nadie imaginaba estas celebraciones, cuando Enrique Martín ni siquiera sabía que existían los áticos.

Entre todos, directiva, técnicos, jugadores y afición Osasuna vuelve al lugar que le corresponde. Acaba la temporada instalado en un ático de lujo.  A disfrutarlo.


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