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Opinión / osasuNAvarra

A Arrasate le faltó apuntalar el cambio

Por José Mª Esparza 05 marzo, 2022 - 19:26

Difícil saber a qué vino el Villarreal. En fútbol resulta fundamental tener las ideas claras. Al menos, saber responder a la pregunta ¿qué quiero? Osasuna lo hizo, y así encontró el merecido premio.

Partido de La Liga Santander entre Osasuna y Villarreal disputado en el estadio de El Sadar. IÑIGO ALZUGARAY
Partido de La Liga Santander entre Osasuna y Villarreal disputado en el estadio de El Sadar. IÑIGO ALZUGARAY

Al término de la primera mitad, la estadística decía que la posesión del balón había pertenecido al Villarreal con manifiesta claridad: un 65% con apenas un 35% los rojillos. ¡Y…! De nada sirve tener esférico si luego no sabes para qué lo quieres. Las ocasiones de ese primer tiempo fueron de Osasuna, a excepción del pedazo remate que se inventó Yeremy Pino. Al final del encuentro, la misma estadística se amplió al 72%, pero entonces el extremo canario ni estaba en el campo. En cambio, Ezequiel ‘Chimy’ Ávila materializó la claridad de ideas y ambición ofensiva del conjunto navarro.

Además, el ‘submarino’ duplicó a los rojillos en número de duelos ganados y cuadriplicó el de pases realizados. ¡Y qué! Las estadísticas vuelven a engañar. Desde el primer momento se dedicaron los amarillos a ralentizar el juego, a marear el balón entre pases de los centrales y el portero, mientras que los rojillos dispararon más y mejor a portería, tanto que solo por ocasiones merecieron un mejor resultado. No solo eso, a fútbol hay que jugar con pasión, con rasmia, con ambición de victoria, convencidos de sus ideas. Los amarillos se perdieron nadie sabe dónde.

Le salió bien a Arrasate su cambio de sistema, aunque no terminó de apuntalarlo. Veamos. Teóricamente sacrificó su acostumbrada tripleta en la medular por un doble pivote más convencional, pero, ojo, con trampas. Jugó Javi Martínez en lugar de Brasanac, ahora por fuera y luego por dentro, adelantado o retrasado, según las circunstancias del partido. En realidad, hizo un apaño, sin apuesta decidida, con prudencia. Se tiró al agua, pero con la ropa a buen recaudo. Lo mismo ocurrió arriba.

Dejó al príncipe Budimir en el banquillo (craso error de entrada), para jugar con doble delantero, Kike García por el centro y Chimy por donde le dejara su compañero. El juego fue otro. Al conquense no se le puede pedir trazo fino. Lo suyo es la brega incesante, y hasta en esto estuvo comedido, sea por órdenes tácticas o por no repetir viejos errores en su regreso a la titularidad. El caso es que el Chimy merodeó más la banda, y hasta bajó al área propia a defender, en lugar de ejercer de punta real. De hecho, la aparente revolución se quedó, también aparentemente, en el esquema clásico. Es decir, como siempre.

Si el técnico quiere optar de veras por un cambio a fondo, sobre todo apostando en casa por la victoria, entiendo que Budimir debería jugar sí o sí en la punta acompañado de Ezequiel Ávila en la media punta con libertad de movimientos, dejando el ala para un extremo nato. Esta solución no vista desde hace meses, obligaría a sacrificar el trivote, algo que para el técnico hoy son palabras mayores. En fin, cábalas. Ante el Villarreal pudo verse algo parecido al inicio del carrusel de cambios, antes de apuntalar la defensa con cinco efectivos.

Lo bueno es que los debates no pasan de meras entelequias, sobre todo después de una victoria de prestigio ante el Villarreal, vigente equipo de Champions.  Hay que valorar el tercer triunfo de la temporada en El Sadar, sobre todo en lo que guarda de convencimiento en las ideas propias, en la puesta en escena sin escatimar esfuerzos. Todo en una tarde en la que Ezequiel Ávila se reencontró con el gol ante los suyos, que le corearon con emoción. Encontró el camino de la red por sí solo, contra el mundo entero, cumpliendo por encima de sus obligaciones más imperiosas. ¡Grande Chimy! El Sadar fue suyo. Me alegro.


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A Arrasate le faltó apuntalar el cambio