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Opinión / osasuNAvarra

Almería - Osasuna: La armada de Arrasate pide más

Por José Mª Esparza 13 septiembre, 2022 - 0:08

En Almería volvió a comprobar Osasuna el nivel que hay por abajo. Pudo golear con suma facilidad. Quizás ha llegado el momento de ser más ambiciosos.

Pudo ser un resultado más que de escándalo, pero se quedó en solo un gol, aunque suficiente para ocupar puesto de Champions en la quinta jornada. Hasta siete ocasiones clarísimas de gol fabricaron los chicos de Arrasate tras adelantarse. Repasemos. Moi, peina Rubén y marca Chimy. La línea de tres comienza el festival. Dos minutos después remata alto Budimir con toda la portería para él, volea de Torró al palo de derecho, el VAR anula un gol a Rubén García por una mano imposible de demostrar, el Chimy Ávila se queda mano a mano y tira al mono, el Chimy vuelve a insistir y tampoco, y Abde se fabrica una y media de las suyas pero con el mismo resultado.

El Almería salió a por todas, pero el entusiasmo le duró diez minutos. Algo parecido le ocurrió tras la reanudación, y apenas fabricó un tiro al poste tras la salida de Touré, que le movió un poco, pero eso, un poco. Muy flojo, con poca pegada, candidato al descenso. En Almería solo hubo un equipo, Osasuna. El despliegue posicional de Jagoba dejó al Almería sin espacios por donde circular. No hicieron los rojillos un partido de presión arriba, sino de esperar al robo de balón que tenía que llegar, y casi siempre llegaba, para salir hacia arriba.

Osasuna salió con un 4-2-3-1 defensivo, pero con libertad de movimiento sobre todo arriba. Establecido el fortín atrás, la línea clave volvió a ser la de los tres jugadores por delante del doble pivote, esta vez formada por Chimy-Rubén-Moi en continuada permuta. El Almería, nada resolutivo adelante se quedaba desconcertado atrás. Tanto es así que el planteamiento defensivo se mutó en la alegría total de los chicos de Jagoba.

En la segunda parte perdió Osasuna ese desinhibido jolgorio para controlar con rigor y seriedad la defensa de los espacios. Arrasate terminó por cambiar el planteamiento a un compacto 4-3-2-1, donde la defensa ganó un hombre, y los tres de adelante (finalmente Barja-Abde con Kike en punta) parecían encargarse más de entretener el balón que de ir de veras a cerrar el marcador. Nunca peligró el resultado, pero claro que hubo momentos de incertidumbre.

A Arrasate no le gustaba ver el partido tan alegre, tan roto, y prefirió controlarlo, asentarlo, dormirlo, algo que siempre he pensado que entraña graves riesgos. De la misma forma que el gol de Chimy vino tras dos rebotes, uno en el talón de un defensor y el otro en la testa de Rubén, cualquier golpe de mala fortuna, del que nadie queda exento, tira por la borda el trabajo realizado.

Felizmente no ocurrió así y Osasuna se frota los ojos para disfrutar su situación privilegiada, en puestos de Champions. Aunque venció al Sevilla y perdió en el Villamarín, no ha encarado todavía los Pirineos ni los Alpes del calendario, pero ciertamente carga el depósito para afrontar con más garantías y confianza esa parte dura de la larga carrera de fondo llamada Liga. Comprobado el nivel que hay por abajo, ha llegado la hora de marcar objetivos más altos. La armada de Arrasate pide más.


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